Perdí la Cabeza

CAPITULO 28

¿Cumplido o insulto?

Camino a Tokio, Yuki intentó convencerse de que el beso no había significado nada pero por alguna razón no podía sacárselo de la cabeza. Por eso hizo lo que acostumbraba hacer cuando estaba nerviosa, comer.

Antes de salir, habían comprado dos cajas bento hermosamente arregladas, y fue justamente el arreglo en forma de mariposa de una de ellas lo que le hizo recordar algo.

-Takeda Nathan

-¿Qué? Dijo él medio dormido en el asiento del tren.

-¿Qué es mariposón?

-¿Qué? Preguntó él abriendo los ojos de golpe.

-Mariposón.

-No digas eso en voz alta. Dijo cubriéndole la boca.

-¿Qué es mariposón? Preguntó susurrando.

-¿Lo leíste en el manga?

-No, me lo dijo el enviado de Oba al que dejé inconsciente.

-¿Uno de esos maleantes te dijo mariposón?

-Sí. A mi me pareció un cumplido porque las mariposas son lindas, pero luego quiso pegarme.

-¿Será que no eran delincuentes enviados por Oba sino que pensaron que nosotros….?

-¿Que nosotros qué?

-Ya no sé qué pensar Yuki chan. Fui a la empresa de Kanzen Oba y me dijeron que no estaba en el país y que si quería hablar con él tenía que pedir una cita. De todas formas, una de las secretarias me dejó su número y si no fuera por ese par de malandros que nos atacó, mañana mismo la invitaba a salir.

-¿Invitarla a salir?

-Tu no entiendes Yuki chan.

-¿Seducirla para sacar información?

-¿Lo leíste en un manga?

-No, eso es parte del entrenamiento de una onna musha.

-¿Ah sí?

-Sí, seducir al enemigo para debilitarlo.

-¿Y sedujiste a muchos enemigos?

-Muchísimos.

-A ver, sedúceme.

-¿A ti?

-Sí a mi, ¿qué hay de malo?

-Yo… este… no quiero que caigas perdidamente enamorado de mi.

-Prometo hacer mi máximo esfuerzo para no enamorarme.

-Yo empezaría diciendo que… eres muy fuerte, muy valiente, y que nuestros hijos serían los mejores guerreros del clan.

-¿Hijos? Preguntó soltando una risotada.

-¿De qué te ríes Takeda Nathan?

-¿Y eso alguna vez te funcionó?

-Por supuesto.

-Déjame que yo te diga cómo se seduce a un enemigo. Dijo Nathan atrayendo el rostro de ella hacia él. – Primero hay que mirar al enemigo directamente a los ojos como estoy haciendo contigo. Luego se le pasa la mano por el cabello, así – dijo pasándole la mano- casualmente y finalmente comienzo a decirle lo hermosa que es.

-¿Hermosa?

-Muy hermosa. Lo más bello que han visto mis ojos.

Nathan se acercó aún más y Yuki dejó escapar un suspiro antes de que él se echara hacia atrás aguantando la risa.

-Veras Yuki chan, yo tampoco quiero que termines enamorándote de mi.

En ese momento sintió como si algo la estuviese quemando por dentro pero hizo un gran esfuerzo para no demostrarlo y le dijo que él sería la última persona de la cuál ella podría enamorarse.

-Jamás me enamoraría de alguien como tú.

-¿Alguien como yo?

-Sí alguien con ojos desteñidos, estatura desmedida, pectorales fuertes y… horribles. Dijo como saliendo de un trance.

Nathan comenzó a reír a carcajadas y decidió no seguirla molestando hasta que comenzó a maldecir mientras miraba hacia afuera del compartimiento del tren.

-¡No digas palabrotas!

-Es que pareció ver a alguien sospechoso, y con la pierna así, no podré hacerles frente. Será mejor que pasemos desapercibidos.

-¿Qué es eso?

¿Confías en mi?

Ella asintió, y segundos después él la puso sobre su falda, la atrajo hasta que sus labios alcanzaron los de ella, y la besó lentamente.

Si el beso anterior la había dejado confundida, este la dejó queriendo más. Fue como si como si el tiempo se hubiese detenido y todo lo que importase fuera esa nueva sensación. Él comenzó a besarla lentamente como probando esa nueva fruta hasta que empezó a demandar más, dándole pequeños besos en el cuello que hicieron que ella abriera la boca. Eso fue todo lo que él necesitó para regresar su atención a su boca y besarla de una manera más íntima y pasional. Hubiera podido jurar que hubo destellos por lo que comenzó a temblar y se aferró a él hasta que súbitamente dejó de besarla.

Él no demostró el menor atisbo de emoción, la pasó a su asiento y no dijo nada.

Yuki sintió una especie de hormigueo en sus labios y un calor insoportable que le subía desde la base del cuello hasta las mejillas.

-Creo que los despistamos. Dijo finalmente Nathan sacando su celular.

Ninguno de los dos dijo más nada durante el resto del camino, y al llegar al apartamento de Nathan, Yuki se encerró en el cuarto sin mediar palabra.




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