Perdí la Cabeza

CAPITULO 30

Cuestionamiento interno

El día había sido demasiado largo para Nathan. Su confusión era cada vez peor. Internamente se debatía entre ir a buscar a Hana o esperar a que ella le pidiera disculpas por haberlo mandado a seguir.Y para empeorar las cosas, no lograba sacarse a Yuki de la cabeza.

Antes de llegar a casa, había hecho algo que no acostumbraba hacer, comprar sake en la tienda de conveniencia y comenzar a tomar.

Llegó al apartamento habiéndose bebido el contenido de media botella, y preguntándose si su vida antes de la llegada de Yuki era mejor.

Definitivamente era diferente, ¿pero mejor?.

Trabajar de 12 a 14 horas por día de lunes a sábados, para tener un día libre y salir con Hana, esa era su vida. Y la verdad es que nunca se había quejado.

Su rutina era tan predecible como la de una hormiga que todos los días se levanta para hacer la misma tarea una y otra vez sin poder quejarse ni cambiar la situación.

Despertar a las 6:00, vestirse, comprar algo en la tienda de conveniencias y salir directo a la estación de trenes para luego caminar durante 10 minutos y llegar a la prefectura. Luego hacer una breve pausa para almorzar, y seguir hasta las 19:00 horas, con el prospecto de poder ser llamado en cualquier momento ya que los detectives de policía no podían darse el lujo de: “estar descansando”.

A pesar de ello, él era feliz. Tenía un buen trabajo, era uno de los detectives más jóvenes, y el único con una madre inglesa, y una novia fenomenal.

Hana era el modelo de mujer perfecta: independiente, segura, esbelta, con un cabello fenomenal que le llegaba a la cintura y que podía ser usado como espejo de lo brillante que era. Sin mencionar su piel, su piel parecía la de un bebé, suave, reluciente y sin ninguna imperfección. Su ropa también era impecable, siempre vestía con marcas importadas y se negaba a salir a la calle sin perfume.

Todos concordaban en que era sumamente afortunado, sin embargo, algo dentro de él gritaba, algo quería salir y no sabía exactamente qué.

Cuando Yuki llegó, su mundo quedó de cabeza abajo, y de la nada, comenzó a notar cosas que antes no sabía, estaban ahí. No sabía que se aburría, que ser detective era prácticamente un trabajo de oficina, y que probablemente no volvería a sentir la adrenalina de perseguir delincuentes como cuando era un oficial.

Tampoco sabía que su relación con Hana se había vuelto tóxica al punto de que ella naturalizara mandarlo a seguir y casi asesinarlo en el intento.

No sabía si era el sake que se había tomado pero su cabeza estaba dando vueltas como si se tratase de la rueda de la fortuna, pero no por ello iba a dejar de tomar.

Fue directo a la cocina y encontró a Yuki cocinando patatas fritas, omelette de huevo, pescado y col.

Ni bien escuchó sus pasos, ella dejó todo lo que estaba haciendo y salió corriendo a encerrarse en el cuarto.

Nathan ni percibió que había algo errado hasta que tuvo que levantarse de la silla en la que se había acomodado para ir a hacerse cargo de lo que ella estaba cocinando.

-¡Oye! No puedes irte y dejar la cocina encendida. ¡Niña irresponsable! Refunfuñó él haciendo malabares para no tirar las cosas.

Yuki hizo caso omiso a sus gritos, se quedó en la habitación toda la noche y no volvió a salir. A la mañana siguiente, Nathan se despertó como de costumbre pero a diferencia de otros días, Yuki no estaba en la cocina devorando todo lo que había a su paso.

De hecho, no había cenado la noche anterior, la comida que Nathan había tenido que terminar preparando, aún estaba en los sartenes. Justo cuando pensaba en ir a tocarle la puerta del cuarto, se topó con su abuela que de alguna manera, había logrado entrar al apartamento sin ser escuchada.

-¡Debería darte vergüenza! Dijo golpeándolo.

-Abuela, basta. ¿Por qué me pega?

-¡Por desvergonzado!

-¿De qué está hablando?

- De que sé que te propasaste con Yuki chan.

-¿Propasarme? Abuela, ayer tuve un muy mal día, no sé que le haya dicho ese embrollo con piernas pero…

-Nada de peros, ¿acaso no te la llevaste a un hotel?

-Sí, pero, pero...- dijo tartamudeando- ¿Ella le dijo qué pasó algo? Preguntó él pasmado.

-Me dijo que la besaste porque había un hombre sospechoso siguiéndolos pero sé que es mentira. Tú hiciste eso por que tenías ganas de besarla.

Con su abuela le era casi imposible mentir. Le dio la espalda y luego de un largo suspiro le dijo que todo se había tratado de una broma.

-¿Una broma? Gritó la anciana furiosa.

-Ella empezó, me dijo que estaba acostumbrada a seducir enemigos, y se me ocurrió hacerle una broma aprovechando que ya nos habían seguido, y…

-Eres un desalmado. Exclamó dándole una cachetada que hizo que Nathan se llevase la mano a la mejilla.

-Pero...pero… fue solo un besito.

-Ella cree que la deshonraste.

-¿Deshonrarla?, ¿por un beso? Preguntó atónito.

-Nate, tienes que grabarte en la cabeza que ella viene del período Sengoku, no piensa de la misma manera que yo, y definitivamente no piensa de la misma manera que tu.

-¡Pero es ridículo!. Además desde que llegó lo único que ha hecho es arruinar mi vida. Destruyó mi apartamento, hizo que me suspendieran y ahora Hana cree que soy gay.

Yuki estaba que estaba escuchando desde la puerta, salió corriendo en dirección al cuarto y volvió a encerrarse.

-¡Ves lo que hiciste! Me la llevaré ahora mismo

-Usted no puede llevársela, ella está bajo mi cuidado.

-¿No puedo o… no quieres que me la lleve?

-Abuela, si tuviera una máquina del tiempo, la enviaría con todo y moño a su familia. Bueno, a su familia no, ellos intentaron envenenarla, pero la cuestión es que me libraría de ella sin pensarlo dos veces.

-¡Encima eso! Pobre criatura, enterarse que la preferían muerta antes que luchando, y tú pedazo de tonto, maltratándola.




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