Te presento a...
Después de unos días de tumulto, en los que nada parecía tener sentido, Nathan comenzó a sentir que su vida de soltero no estaba tan mal. Las evidencias en contra de Kanzen Oba se estaban acumulando, y confiaba en que pronto su jefe iba a autorizar un allanamiento por lo que de a poco parecía como si las cosas fueran mejorando.
Ese día al regresar a casa, lo hizo con buen humor, tanto que decidió comprar ramen y enchufar su piano eléctrico para ponerse a tocar.
Yuki se sorprendió y corrió a buscar su naginata pensando que eso podía estar maldito, pero pronto la música hizo que se sentara en un costado totalmente embobada con la destreza de Nathan.
Quería hacerle mil preguntas, pero en su lugar se lo quedó viendo. El sonido era envolvente, y la sonrisa de Nathan... intoxicante.
-¿Te gusta? Dijo mirándola
Ella asintió sin dejar de mirarle las manos
-Dicen que la música calma a las fieras, ¿tienes hambre fierecilla?
-No
-¿No tienes hambre? Vaya dos problemas que podría haber resuelto antes. Dijo bromeando antes de terminar la pieza que estaba tocando.
Ella quedó sorprendida mirándolo con una sonrisa.
-Vamos a comer, luego sigo tocando, ¿te parece?
-¿Takeda Yuki puede tocar también?
-Si dejas de hablar de ti en tercera persona, puedo enseñarte alguna que otra cosa.
-Gracias. Dijo con los ojos chispeantes de alegría.
Se sentaron a cenar y ella comenzó a hacerle mil preguntas, al punto que ni bien terminaron, se sentaron juntos frente al piano y Nathan dejó que ella tocara algunas teclas.
Yuki comenzó a reír como una niña, y él se sintió fascinado por la simplicidad de todo aquello. No precisaba vestir de traje y llevarla a lugares que no podía pagar para impresionarla.
De hecho, ella era una de las mujeres más interesantes que había conocido. Era sencilla, se impresionaba por todo, y lo hacía divertirse como si fuera un adolescente.
Regresó al piano pero esta vez decidió conectar los micrófonos de karaoke que hacía años no usaba, y comenzó a tocar y cantar mientras la letra aparecía en la pantalla. La animó para que cantara, esperando una voz desafinada pero en cambio se encontró con una voz dulce y melódica que hizo que se le pusieran los pelos de punta.
Por un momento dejó de tocar sorprendido de lo hermosa que era su voz pero pronto se recuperó y siguió tocando hasta que escuchó el timbre de su puerta sonar.
-Probablemente sea algún vecino que viene a quejarse por la música, por las dudas escóndete.
Al abrir la puerta Nathan se encontró nada más ni menos que con Hana que sin mediar palabra, se le abalanzó y lo abrazó.
-¡Hana!
- Lo sé todo. Dijo besándolo
-¿Yoshio…?
-¿Mi hermano? No, él jamás me diría una palabra. Fue Watanabe, él me contó que mi hermano te puso a cargo a una chiquilla que está bajo protección de testigos. También me dijo que unos hombres los siguieron y por eso tuviste que besarla pero que luego de eso no pudiste ni comer
Nathan le hizo una seña para que bajara la voz.
-¿Dónde está?
-En el cuarto, se ha adueñado de él, por eso tengo mi ropa en el living. Dijo Nathan suspirando.
-¿Crees que esté dormida? Preguntó Hana desabrochándole uno de los botones de la camisa.
-No estoy dormida. Dijo ella naginata en mano.
-Yuki, ella es... Hana.
Su novia. Dijo ella mirándola de arriba a abajo frunciendo la boca para no reír.
Luego de extenderle la mano, Yuki tomó uno de los mangas de la biblioteca, y se sentó en el sofá a leer. Hana le pidió a Nathan que le trajera algo para tomar como excusa para quedarse a solas con Yuki y continúo observándola. Finalmente se sentó a su lado y comenzó a interrogarla. Primero sobre cosas fútiles como su edad, su lugar de origen y el manga que estaba leyendo, pero luego decidió ir al hueso.
-Espero que no te estés acostumbrando a mi novio.
-Yo no preciso de novios ajenos. Estoy comprometida, o sea , tengo una persona que me asume como algo más que un pasatiempo. Dijo Yuki mirándola con igual desprecio.
Hana quedó en silencio por unos segundos y le fingió una sonrisa, pero por dentro sentía como si un tren le hubiese dado una bofetada.
Segundos después Nathan regresó y percibió que algo estaba fuera de lugar por lo que les ofreció refresco a las dos, y esperó a que la tensa calma no desatara una tormenta.
Fue en ese momento en el que el timbre de la puerta comenzó a sonar, y le ordenó a Yuki que se escondiera en el cuarto. Ella se levantó de mala gana y se fue.
Al abrir la puerta, se encontró con Yoshio Shindo, el hermano de Hana que suponía que ella estaba allí.
-¡Yoshio! Dijo Nathan sorprendido.
-Vine a ver a la muchacha. ¿Dónde está?
-En el cuarto. Respondió Nathan
-¡Hermanito! Dijo Hana al verlo.
-Hermana. Dijo haciéndole una reverencia.
Yoshio miró a Nathan con cara de pocos amigos y le pidió que llamara a Yuki que pronto salió del cuarto con la naginata en una mano, y el libro de manga en la otra.
-Quiero hablar contigo jovencita. Ven conmigo.
-¿Vas a llevártela? Preguntó Nathan interponiéndose.
-Ya te dije que preciso hablar con ella.
-¿Y no pueden hablar aquí?
-¡Deja que se la lleve, así aprovechamos! Le susurró Hana a Nathan.
-No puedo permitir que la lleves sin una escolta policial. Insistió Nathan.
-Tengo un guardaespaldas abajo. Vamos muchacha. Dijo tomando a Yuki por el brazo.