Que se vaya
-Abuela ya le dije que si quiere irse, que se vaya. A mi me hace un favor, y ya deje de estarme dando lata que tengo mucho que hacer. Gruñó Nathan cortando el teléfono.
-¿Quién se va? Preguntó Watanabe trayéndole un café a la oficina
-Yuki
-¿La loca?
-El fiscal decidió re ubicarla.
-¡Qué alegría! Es lo mejor que podría pasarte jefe.
-Exacto.
-No pareces muy convencido.
-Lo estoy y mucho. Finalmente tendré mi apartamento para mi mismo, todo volverá a estar inmaculadamente en orden, podré volver a salir con Hana los fines de semana, y no tendré que preocuparme por cuidar de un chiquilla malcriada.
-Volver a la rutina, no hay nada mejor que eso.
-En efecto, no lo hay.
-Esa muchacha solo te trajo incertidumbre.
-Exacto, correr de un lugar a otro, atrapar malvivientes y no saber con qué me voy a encontrar al llegar a casa. Como cuando estaba en la academia y todo era...
-Una aventura
-Sí.
-Pero eso no es bueno
-No, claro que no.
-¿Y cuándo se llevan a la loca?
-Mañana.
Internamente Nathan no se sentía tan seguro como quería hacerle creer a todo el mundo, pero al final de cuentas, no había nada que pudiera hacer. Yuki era mayor de edad, y él sabía perfectamente que luego del incidente en el tren a Shimoda, no era seguro para ella seguir junto a él.
Sin lugar a dudas, su tiempo con ella había sido interesante por decir lo menos. Pero no podía dejar todo de lado, solo para hacer de niñera de una chica que venida del pasado o no, era un dolor de cabeza.
Mientras repetía como un mantra que ella era problemática, también pensaba en lo bien que lo pasaba con ella, y en lo mucho que había resentido que Hana se apareciera en su apartamento justo cuando la estaban pasando tan bien.
Lentamente comenzó a rememorar su tiempo juntos en la playa. Cómo se divirtieron nadando, cómo ella lo había salvado de aquel matón, lo bien que se veía en bikini y sus labios...
Besarla había estado bien, tal vez, demasiado bien.
El problema era su tendencia a mentir sobre las cosas más tontas y su terquedad. Pero eso era lo que más atractiva la volvía, eso era lo que lo enamoraba. Pensó suspirando.
-¡Perdí la cabeza! Si sólo puede ser eso. Esa muchacha es un problema que respira, y yo… no puedo vivir sin ella. Dijo tomando su abrigo para irse sin dar explicaciones.