Perdí la Cabeza

CAPITULO 33

Que se vaya

-Abuela ya le dije que si quiere irse, que se vaya. A mi me hace un favor, y ya deje de estarme dando lata que tengo mucho que hacer. Gruñó Nathan cortando el teléfono.

-¿Quién se va? Preguntó Watanabe trayéndole un café a la oficina

-Yuki

-¿La loca?

-El fiscal decidió re ubicarla.

-¡Qué alegría! Es lo mejor que podría pasarte jefe.

-Exacto.

-No pareces muy convencido.

-Lo estoy y mucho. Finalmente tendré mi apartamento para mi mismo, todo volverá a estar inmaculadamente en orden, podré volver a salir con Hana los fines de semana, y no tendré que preocuparme por cuidar de un chiquilla malcriada.

-Volver a la rutina, no hay nada mejor que eso.

-En efecto, no lo hay.

-Esa muchacha solo te trajo incertidumbre.

-Exacto, correr de un lugar a otro, atrapar malvivientes y no saber con qué me voy a encontrar al llegar a casa. Como cuando estaba en la academia y todo era...

-Una aventura

-Sí.

-Pero eso no es bueno

-No, claro que no.

-¿Y cuándo se llevan a la loca?

-Mañana.

Internamente Nathan no se sentía tan seguro como quería hacerle creer a todo el mundo, pero al final de cuentas, no había nada que pudiera hacer. Yuki era mayor de edad, y él sabía perfectamente que luego del incidente en el tren a Shimoda, no era seguro para ella seguir junto a él.

Sin lugar a dudas, su tiempo con ella había sido interesante por decir lo menos. Pero no podía dejar todo de lado, solo para hacer de niñera de una chica que venida del pasado o no, era un dolor de cabeza.

Mientras repetía como un mantra que ella era problemática, también pensaba en lo bien que lo pasaba con ella, y en lo mucho que había resentido que Hana se apareciera en su apartamento justo cuando la estaban pasando tan bien.

Lentamente comenzó a rememorar su tiempo juntos en la playa. Cómo se divirtieron nadando, cómo ella lo había salvado de aquel matón, lo bien que se veía en bikini y sus labios...

Besarla había estado bien, tal vez, demasiado bien.

El problema era su tendencia a mentir sobre las cosas más tontas y su terquedad. Pero eso era lo que más atractiva la volvía, eso era lo que lo enamoraba. Pensó suspirando.

-¡Perdí la cabeza! Si sólo puede ser eso. Esa muchacha es un problema que respira, y yo… no puedo vivir sin ella. Dijo tomando su abrigo para irse sin dar explicaciones.




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