El misterioso joven
-Tienes un anzuelo en la boca.
-¿Estás segura que no fuiste tú quien me lanzó la caña? Dijo riendo.
-Takeda Yuki jamás le haría eso al primo de Nathan.
- Pues siendo tan simpática como eres, no me molestaría en lo más mínimo que me lo hubieras puesto tú. Permíteme ayudarte con el casco así podemos partir en mi corcel de metal.
-Nunca me subí a uno de estos.
-Entonces será mi placer darte una vuelta en este animalito. Dijo haciéndole un guiño.
Minutos después, Nathan llegó al apartamento con un bouquet de rosas, y una caja de bombones practicando lo que iba a decirle:
-Yuki chan, tengo algo importante que decirte, yo… eres una plaga, has puesto mi vida de pies a cabeza y eres un dolor de muelas pero no quiero que te vayas. Dijo en voz alta.- No puedes decirle eso Nathan, tienes que ser más sensible… eso sensible, veamos… -se dijo pensando unos minutos- Yuki, no quiero que te vayas. Es más, no voy a permitir que lo hagas porque… me gustas, listo, lo dije. Si, eso está bien. Pensó con una sonrisa en el rostro.
-¿Y que tal si me dice que no? Volvió a pensar sintiendo que el corazón le latía más rápido de lo que ya estaba latiéndole.- Si me dice que no, la mandaré a freír espárragos, simple como eso. Se dijo en voz alta- Pero no quiero que me diga que no- Volvió a decirse.
Para Nathan, todo lo que tenía que ver con su vida romántica, había sido demasiado fácil. Nunca había tenido que enfrentarse a una chica y pedirle para salir o si quiera decirle que le gustaba ya que eran las chicas las que se acercaban a él.
Así había sido con Hana, ella lo invitó a cenar y de ahí en más él no precisó esforzarse. Pero ahora las cosas eran diferentes y todavía no había resuelto qué decirle a Hana, si Yuki le daba el sí, no podría seguir con ella. De todas formas, eso era algo de lo que tendría que preocuparse después.
Ahora todo lo que importaba era tener el coraje para confesar sus sentimientos y saber si Yuki sentía lo mismo por él.
-No puede decirme que no, la pasamos muy bien juntos, y el beso, por más que pretenda lo contrario, le encantó. Dijo confiado poniendo el código en la cerradura de su apartamento.
A pesar de ello, seguía sintiendo como si le estrujaran el estómago, y al entrar al apartamento comenzó a buscarla pero no la encontró.
-Yuki chan, ¿dónde estás?. Preciso hablar contigo seriamente. Dijo aclarándose la garganta.
Fue en dirección al cuarto, luego al baño y Yuki no estaba en ningún lugar.
-¿Dónde demonios se metió? Dijo dando vueltas sin saber exactamente qué hacer. Se suponía que cuando él no estaba, un oficial se quedaba custodiando el apartamento, pero con los nervios, no había percibido que el oficial tampoco estaba.
Salió a buscarlo, y luego fue hacia al apartamento del portero del edificio para ver si tenía noticias de Yuki y del oficial.
-¿Será que Yoshio se la llevó y no me dijo nada? Pensó espantado.
Tomó el teléfono para llamar a fiscalía pero el portero le gritó y Nathan salió corriendo en dirección al cuarto de máquinas donde encontró al oficial inconsciente.
-Esto no puede estar pasando. Muchacho, despierta. Dijo Nathan dándole una cachetada al oficial.- Dime qué fue lo que pasó, habla.
-Espere señor, iré a buscar un poco de sake para revivirlo. Dijo el portero corriendo apresurado, que a los pocos minutos regresó con una botella de sake y un vaso.
Nathan continuaba intentando reanimarlo en vano y ya había llamado a la prefectura para avisar sobre el posible secuestro de Yuki.
-Tome señor. Dijo el portero ofreciéndole la botella y el vaso.
Nathan tomó la botella, la abrió y le acercó el pico de la botella a la boca del oficial obligándolo a tomar.
-Despierte oficial, dígame qué pasó. Ordenó Nathan con voz firme.
-Detective, un hombre llegó y me dijo que era enviado de fiscalía y que venía a buscar a la muchacha. Cuando le dije que llamaría para chequear, sentí un golpe muy fuerte en la cabeza y debo haber perdido el conocimiento.
-¿Cómo era el hombre?
-No lo sé, llevaba una mascarilla, me dijo que estaba enfermo.
-¡Con un demonio! Exclamó Nathan.
-Iré a revisar las cámaras. Dijo el portero.
-Hágalo por favor. Replicó Nathan.
De la nada parecía que se le había venido el mundo abajo. Yuki había sido secuestrada por un maniático desalmado que no pensaría dos veces antes de lastimarla.
Al poco tiempo, el portero regresó y le dijo que no sabía cómo pero que las cámaras habían sido desconectadas. Eso fue todo lo que Nathan precisó para salir de ahí sin esperar a que llegaran sus oficiales ni Yoshio.
Estaba determinado, iría a la oficina de Kanzen Oba, y así tuviera que exigirle a punta de pistola que le dijera dónde tenía a Yuki, así lo haría.
Al llegar se deparó con el imponente edificio de las empresas Oba. Un rascacielos que hacía que el resto de los edificios se vieran como casitas de muñecas con cientos o tal vez miles de empleados corriendo de una lado al otro como abejas en un panal.
Entró y buscó en el tablero el piso de la oficina de Oba y se fue en dirección a los ascensor, sin que las recepcionistas tuvieran la oportunidad de detenerlo.
Cuando uno de los tantos empleados de seguridad intentó hacerlo, Nathan le mostró su placa de policía y subió al piso 135 donde estaba la oficina de Oba.
Allí se topó con otro mini enjambre de empleados que en vano intentaron detenerle. Nathan volvió a mostrarles su placa y sin ser anunciado entró a la oficina de Kanzen Oba.
Todo allí era espectacularmente grande, pero lo que más llamó la atención de Nathan fue la decoración tradicional. El lugar parecía más un museo que otra cosa. Todo era antiguo como salido de… la era Sengoku. Pensó horrorizado.
Una parte de él aún se negaba a creer que Yuki pudiera pertenecer a otra época, pero cada vez más, todo indicaba que así era.