Vida de reina
-¡Este lugar es enorme!
-¿Te gusta Takeda Yuki?
-Sí, parece el palacio de un damyio.
-Fabuloso, se lo diré a mis amigos. Entremos, tengo mucho que mostrarte. Dijo él con una media sonrisa.
El lugar parecía un palacio. La entrada estaba custodiada por dos enormes leones de estilo japonés labrados en mármol rojo, atemorizantes y fascinantes al mismo tiempo.
Luego de entrar, uno se encontraba con un pequeño jardín de estilo japonés cuyo verdor era tan perfecto que parecía artificial.
Yuki miró fascinada los peces que nadaban tranquilamente en el enorme estanque y se le ocurrió que los anzuelos que ese muchacho llevaba en la cara, seguramente eran para pescar allí.
Lo quedó viendo y no pudo evitar dar una risita tonta.
-¿Qué te resulta tan gracioso?
-Estos peces carpa no son para comer, los usamos para controlar a los mosquitos y otras pestes.
-Lo sé.
-¿Pero te pusiste anzuelos en la cara para capturarlos no?
Él comenzó a reír y negó con la cabeza. -Se llaman piercings, y no solo los tengo en la cara.
-¿Y para qué sirven?
-¿No te gustan?
-La verdad es que no entiendo su utilidad.
-No eres la única. Supongo que si uno quiere pertenecer a esta época, tiene que hacer ciertas cosas en consecuencia. Dijo arremangándose para mostrarle sus tatuajes.
-Oh, también tienes pintura en los brazos.
-Eres muy divertida. Dijo entre risas.
-Y si Takeda Yuki quiere pertenecer, es decir, si quiero pertenecer, ¿tengo que ponerme anzuelos y pintura?
-No, pero hay otras cosas que puedes hacer, como empezar a vestirte como la muñequita que eres.
Yuki se sonrojó y miró sus ropas suspirando.
-¿Qué pasa, mi primo no te regaló ropa decente?
-Esta es su ropa de infancia, ¿no la reconoces?
-Ya me parecía conocida.
-Takeda Nathan me dijo que debía permanecer vestida así para no ser reconocida por el malvado Oba.
-Claro, pero ahora no tienes que preocuparte por eso. Luego de merendar te llevaré de compras, verás cómo nos divertimos. Dijo él con una sonrisa.
Por dentro, la casa era tan imponente como por fuera. La decoración era una mezcla de antigüedades con cosas modernas que Yuki no tenía idea qué eran. Todo era diez veces mayor que en la casa de Nathan.
Mientras observaba todo con curiosidad, un hombre vestido de forma graciosa se les acercó y les dijo que había dejado la merienda en el solarium.
-¿Solarium?
-Es un jardín dentro del jardín donde uno puede estar a pesar de que sea invierno.
El lugar era más grande que el apartamento de Nathan, y en efecto, desde allí podía observarse todo el jardín y tener la sensación de estar afuera a pesar de estar adentro. El hombre de vestimenta graciosa había preparado un té con distintos tipos de emparedados, pastelitos y cosas que se veían apetitosas pero que ella no sabía qué eran.
-¡Caramba! Las tiendas de conveniencia de aquí deben ser enormes. Dijo Yuki mirando toda la comida que había para merendar.
-Nada de tienda de conveniencia, esto lo preparó mi cocinero. Disfruta. Dijo él sonriendo.
Ella tenía ganas de probarlo todo pero Nathan le había dicho en múltiples oportunidades que no debía comer de la forma en la que lo hacía, ya que era de mala educación por lo que respiró hondo y exhaló lentamente buscando qué probar.
Su interlocutor no demoró tanto, colocó unas cuantas cosas en su plato y luego de que le sirvieran el té, comenzó a comer.
Supuso que eso era lo correcto y lo imitó probando exactamente las mismas cosas que él.
-¡Cielos! Exclamó ella comiendo feliz.
-¿Te agrada?
-Sí, muy sabroso.
-Pues come lo que quieras.
-Gracias. Le caes bien a Take… es decir, me caes bien. Dijo corrigiéndose.
-A mi también me caes bien Takeda Yuki, muy bien.
En ese momento uno de los empleados se le acercó y le susurró algo al oído que Yuki no pudo escuchar pero sintió que era en referencia a ella por la forma en la que la miraba. De todas formas, él le hizo una seña para que se fuera y siguió merendando con Yuki con toda la tranquilidad del mundo.