Perdí la Cabeza

CAPITULO 37

Yuki se miró en el espejo y se sintió una princesa. No podía dejar de sonreír, si tan solo pudiera mostrarle a la abuela y Nate lo lindas que eran las ropas que tenía.

Su anfitrión insistió en que se probase varias yukatas y las modelase para él. Todas eran sumamente delicadas y hermosas, nada tenían que ver con las ropas que usaba a diario en su pueblo ni con los jeans y camisetas que usaba aquí.

No podía dejar de admirar las yukatas y cuando terminó de probarse varias de ellas, se encontró con que su nuevo amigo las había comprado todas para regalárselas.

Yuki se negó a recibirlas ya que una sola de las yukatas seguramente valía lo mismo que un asno. Ella rechazó rotundamente el regalo hasta que él le preguntó si era una de esas mujeres liberadas.

Como ella no entendía lo que era eso, le explicó que las mujeres liberadas eran las que bebían alcohol, fumaban, vestían con poca ropa y tenían novios en vez de prometidos, lo que fue suficiente para que ella negase rotundamente ser liberada.

-Si no lo eres, deja que te regale estas yukatas.

-Pero ya fue mi aniversario de vida.

-Y yo no estuve ahí para festejar junto a tí. Haz de cuenta que estos son regalos de cumpleaños. ¿Harías eso por mí?.

-De acuerdo.

-Formidable. Dijo él haciéndole una seña a su asistente para que llevara las bolsas al auto.

Yuki le agradeció con un beso en la mejilla, cosa que lo sorprendió pero hizo todo lo posible para ocultarlo. Se excusó diciendo que tenía que trabajar y la dejó con una de sus asistentes.

La mujer le sonrío, la tomó del brazo y la llevó a la peluquería.

En el salón de belleza le habían recogido el cabello, le habían puesto flores que no eran de verdad y también la habían maquillado. Ni bien le mostraron el resultado, ella comenzó a reír como una adolescente fascinada con su propio reflejo.

-¡Qué bien luzco! Se dijo sin la menor de las modestias.

Al regresar a la casa, lo hizo en una limusina con chofer y se maravilló con lo hermosa que lucía la casa por la noche.

Parecía un lugar diferente, las luces de distintos colores, hacían que el palacete se viera aún más imponente.

-Takeda Ken. Dijo ella al encontrarse con su anfitrión.

-Luces preciosa.

-Gracias. Dijo ella sonrojándose.

-Vamos a tomarnos una foto. Dijo él sacando su celular.

-Sí, y llamemos a Takeda Nathan y a la abuela. Dijo Yuki sonriendo.

-¿Quieres llamar a Nate?

-Si

-Pero él está con su novia. Al parecer va a pedirle casamiento.

-¿Casamiento? Preguntó Yuki dejando de sonreír al instante.

-Sí, se supone que es una sorpresa así que no le digas a nadie.

Ella asintió, y luchó mucho para no comenzar a llorar.

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