Perdí la Cabeza

CAPITULO 39

El rompimiento

-Finalmente ese maldito va a caer y será por lo más tonto. Dijo uno de los oficiales confiado. Nathan por su parte, no estaba tan seguro.

Internamente se preguntaba si su abuela estaría en lo cierto, o sería que al llegar a la casa de Kanzen Oba, se encontraría con el peor de los escenarios posibles.

Yuki era una muchacha sumamente temeraria, no tenía noción del peligro y con un delincuente despiadado, no iba a durar ni dos minutos.

Parecía como si un ciclón se hubiera desatado en su pecho, no podía dejar de culparse y sentirse sumamente mal por no haber detenido a Yoshio cuando llegó a su casa para hablar con Yuki.

Había sido un tonto al permitir eso, y que su vida se volviera una marca en el calendario, una rutina sin un gramo de emoción.

De la nada, la idea de que iba a terminar sus días como un hombre de oficina se le vino a la cabeza y le dieron escalofríos. Ser una asalariado no tenía nada de malo, pero pasársela del trabajo a casa y viceversa, sin nada que lo hiciera sentir la sangre corriéndole por las venas, no era lo que quería.

Iba a terminar sus días como alguien que en su tiempo libre solo tenía el prospecto de salir con una novia que lo único que hacía era quejarse por cosas sin importancia.

Por eso se armó de coraje y resolvió llamar Hana desde el auto policial en el que viajaba. Su intención era la de encontrarse para tener una conversación seria, pero cuando comenzó a ponerle excusas para no verlo, él se decidió a decirle lo que pensaba.

-Hana, no quiero hacer esto por teléfono pero no me estas dejando otra opción.

-Nate cariño, tengo una reunión, hablamos luego.

-No podemos seguir juntos.

-¿Cómo que no podemos seguir juntos?.

Al ver que la respuesta de Nathan era la misma, comenzó a insultarlo y gritarle haciendo que todos los que iban en el auto con él escucharan todos y cada uno de los improperios. Finalmente él cortó la comunicación y la puso en desvío de llamada.

No tenía tiempo para sus berrinches, no ahora.

-¡Carajo! Dijo Watanabe mirándolo.

-Ni una palabra. Dijo Nathan poniéndose el dedo índice sobre la boca en señal de silencio.

-¿Dejaste a Hana Shindo por la loca? Susurró Watanabe

-Claro que no.

-Pero le dijiste que…

-Eso no es asunto tuyo.

-Jefe estamos llegando. Dijo uno de los oficiales.

-Bien, ustedes quédense aquí, yo iré primero y si no regreso en 30 minutos, entren. Dijo Nathan saliendo del vehículo policial

Antes de llegar a la imponente residencia, Nathan se aseguro de quitarle el seguro a su arma y tenerla cerca ante cualquier eventualidad.

Al llegar se maravilló por lo enorme del lugar y se encontró con dos guardias de seguridad a quienes solo debió mostrarles su placa para entrar.

Luego de recorrer varios metros llegó a la puerta del palacete y allí se deparó con un mayordomo elegantemente vestido que lo esperaba con la puerta abierta.

-¿Dónde está la muchacha? Le preguntó al mayordomo tomándolo por la solapa de la chaqueta.

-¿De qué muchacha habla? Aquí vienen muchas señoritas.

-¿Ah sí?, ¿y dónde está el señor Oba?

-Aquí estoy. Detective Takeda presumo. Dijo un elegante joven aproximándose.

-Joven, estoy buscando a su padre, Kanzen Oba.

-Mi padre está muerto, yo soy el señor Kanzen Oba. Dijo él extendiendo la mano para saludarlo.

Indiscutiblemente, él no era lo que Nathan estaba esperando. Kanzen Oba no pasaba de los 30, tenía tatuajes en sus manos, piercings en la cara y un corte de cabello que lo asemejaba más a un cantante de pop que a un hombre de negocios.

Su vestimenta tampoco era la típica vestimenta de hombre de negocios, con un pantalón negro ajustado, camisa desabrochada arriba y un reloj que Nathan jamás podría comprar, daba más el talle de maleante devenido en rico que de miembro respetable de la sociedad.

-Pues si usted es Kanzen Oba, le exijo que me diga dónde tiene a Yuki.

-¿Quién? Ah si, la muchacha que usted cree, tengo atada a los postes de mi cama. Quizás sea poco modesto de mi parte, pero en mi caso... son las mujeres quienes se niegan a que las deje solas en el dormitorio.

-Malnacido. Dijo Nathan acercándosele peligrosamente hasta que uno de los guardaespaldas de Oba lo frenó.

-Detective, no le exigí una orden de allanamiento para dejarlo entrar, al contrario, dejé que revisara todas mis propiedades pero ahora me veo en el desagrado de pedirle que se retire.

-Tu motocicleta.

-¿Qué hay con ella?

-¿Qué estaba haciendo frente a mi edificio?

-¿Frente a su edificio?

-Ya déjate de jugar. Chequeamos la licencia y la motocicleta esta registrada a nombre de tu empresa así que dime dónde tienes a Yuki.

-Detective, ¿va decirme que toda la prueba que tiene en mi contra es que alguien vio mi motocicleta frente al edificio donde vive?. ¿Por casualidad no hay un semáforo en ese lugar?

-¿Dónde la tienes? Preguntó comenzando a recorrer el palacete.

-Detective, mire todo lo que quiera, aquí no tengo a nadie en contra de su voluntad. Dijo encendiendo un cigarrillo con toda calma.

Nathan comenzó a buscar por todos lados, y minutos más tarde se le unieron sus oficiales que comenzaron a buscar junto a él.

-Debe estar en algún lado. Así tengamos que dar vuelta este lugar, no dejaremos piedra sobre piedra. Dijo Nathan haciéndoles señas para que buscaran por los distintos lugares de la propiedad.

Pese a ello, no pudieron encontrarla, y luego de casi una hora y una llamada de Kanzen Oba al Director, Nathan dejó la propiedad, no sin antes intentar golpearlo.

-¡Calma jefe!. Cualquiera diría que esto es personal.

-Lo es.

Por primera vez en años Watanabe se quedó mudo y solo pudo seguir a Nathan al auto boquiabierto. Era la confirmación de lo que había pasado en el auto horas antes, Nathan estaba dispuesto a dejar a Hana Shindo el sueño de cualquier hombre, por Yuki, la pesadilla de cualquier ser racional.




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