Perdí la Cabeza

CAPITULO 40

Batalla de clanes

El café y las bebidas energéticas eran lo único que podían mantenerlo despierto, pero el sueño comenzaba a ganarle, y no fue hasta que en un cabezazo en el que se golpeo contra el volante, vio

como un auto ingresaba a la propiedad de Kanzen Oba.

Miró la hora y vio que eran las dos de la mañana por lo que decidió acercarse para investigar. Se acercó lentamente e intentó no ser captado por las cámaras subiéndose a un árbol. Desde allí vio como uno de los hombres de Kanzen Oba sacaba a alguien del auto para luego cargarlo hacia adentro.

Sintió la corazonada de que se trataba de Yuki y se detuvo a pensar en un plan para entrar a la propiedad. El lugar estaba cubierto por guardias de seguridad y por cámaras, por lo que le fue imposible ingresar hasta que se produjo el cambio de guardia al amanecer.

Los riesgos eran enormes pero aún así decidió tirarse del árbol hacia dentro de la propiedad cayendo sobre unos espinos. Comenzó a maldecir hasta que en el centro del espacioso jardín, divisó a una mujer vestida con una yukata que parecía haber sido diseñada para ella.

Su cabello perfectamente recogido con flores frescas colgándole, hacían que pareciera más una muñeca que una persona de carne y hueso.

Al acercarse arma en mano, se dio cuenta de que se trataba de Yuki.

Ella no parecía la misma persona, estaba maquillada y era como si la chiquilla se hubiese corrido para darle lugar a la mujer.

-¡Yuki, por todos los cielos, pensé que te habían..! dijo sin poder terminar la frase.

-Takeda Nathan. Dijo ella corriendo a abrazarlo.

-Salgamos de aquí.

-Pero Takeda Ken.

-¿Quién?

-¿Acaso no me recuerdas… primo?

Eso fue lo último que escuchó Nathan antes de que todo se pusiera oscuro.

Al despertar se vio en el medio de un campo de trigo vestido con una armadura y una especie de espada pequeña. Cuando intentó levantarse, a penas pudo hacerlo ya que la armadura le pesaba mucho.

-¡Maldición! Exclamó intentando ponerse de pie. Ni bien lo hizo, notó que no estaba solo sino que el campo se había llenado de personas peleando entre sí. Todos lucían ropas igual de extrañas que las de él.

-¿Dónde estoy? Preguntó llevándose la mano a la cabeza adolorido.

A pesar de ello, no tuvo mucho tiempo para ponerse a analizar la situación, ya que a su frente tenía a Kanzen Oba vestido con una armadura similar a la suya, listo para atacar.

-¿Qué es esto?

-Ponte de pie y pelea como un hombre Takeda.

Nathan se puso de pie sin saber exactamente qué hacer con esa espada pequeña.

Comenzó a pelear con Kanzen Oba que a diferencia de él, sabía manejar el arma con una destreza increíble. En medio del combate, sintió un latigazo caliente que resultó en un corte de lado a lado en su pierna.

Kanzen Oba no peleaba conforme a los códigos de honor, pero tampoco había prometido hacerlo. Buscó la primera oportunidad que tuvo, y atacó el único lugar en el que la armadura no lo protegía, el costado de sus piernas.

Nathan gruñó como un animal herido y se abalanzó sobre su atacante buscando doblegarlo. Aún así, Kanzen Oba tenía años de entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo y no fue fácil lograr hacer que cayera, pero en un golpe de suerte, Nathan logró arrancarle parte de la armadura y hacer que se cayera al suelo.

-Suelta el arma y levanta las manos. Ordenó Nathan.

En ese momento pareció como si todas esas personas que estaban luchando a su alrededor se hubiesen desvanecido.

-Viniste a salvar a tu clan y fallaste.

-Primero voy a arrestarte y luego vas a devolver ese pendiente al museo del que lo robaste.

-Por si no te has dado cuenta, estamos en el año 1521, y tengo a la muchacha. Dijo con una sonrisa.

-Más te vale que no te atrevas a hacerle nada o...

-No voy a hacerle nada que ella ya no haya hecho por cuenta propia.

-¿De qué hablas sinverguenza?

-De que está vez el monje no confundió los tazones, y de que ella no te recuerda… Kanzen Oba no pudo terminar la oración ya que Yuki apareció con su naginata y su armadura puesta invitándo a Nathan a pelear.

-Oh no Yuki chan, tengo que llevarte a un médico pronto. Exclamó Nathan antes de que ella intentara asestarle un golpe con la naginata.

Kanzen Oba se situó a un lado mirando con diversión como ellos comenzaban a luchar.

-Yuki, ¿qué estas haciendo? ¿No te acuerdas de mi?. Preguntó Nathan esquivando el golpe.

- ¡Saber mi nombre no te ayudará en nada yokai de ojos desteñidos! Voy a acabar contigo y cuando lo haga… voy a cortarte la cabeza. Dijo bostezando.

-Yuki, tenemos que quitarle el dragón de jade a Oba e ir a ver un médico. Dijo Nathan que se encontró esquivando un nuevo golpe.

-¡Pelea con honor! Gritó ella corriendo a toda prisa a atacarle.

-Con un movimiento certero, Nathan le quitó la naginata de las manos y la besó haciendo que ella se inmovilizara.

-¿Ahora recuerdas?

-No solo no te recuerda sino que ahora tú también has probado el veneno. Planeaba casarme con la muchacha pero tú llegaste, y ahora finalmente he destruido a tu clan. Dijo Kanzen Oba haciendo una reverencia antes de irse.

Yuki que había quedado sumamente sorprendida se dejó besar sin resistencia. Su sorpresa en cambio, no se debía solo al beso, sino al hecho de ver sangre saliendo de la pierna de Nathan. Eso fue suficiente como para que cayera al suelo antes de que Nathan pudiera atajarla.

-¡Yuki! despierta, Yuki chan, no me hagas esto. Gritó Nathan tomándola entre sus brazos sollozando.

Ella exhaló y cerró los ojos lentamente dejando caer una única lágrima.

-¡Yuki chan! Gritó Nathan abrazándola entre llantos.

En un abrir y cerrar de ojos Nathan comenzó a sentir que le pesaban los párpados. Besó a Yuki amorosamente y se acomodó a su lado hasta que sus ojos también se cerraron.




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