Luna de miel
De regreso en Tokio, la alegría de tenerlos de vuelta, fue enorme. Ninguno de los dos había percibido que habían pasado casi 4 días desde el enfrentamiento.
Nathan fue condecorado y al quedar vacante el puesto de Director, se lo ofrecieron a él que decidió que quería esperar para asumir una responsabilidad tan grande. Además iba a estar muy ocupado organizando su boda. Quería comprar un anillo de verdad, tener una linda recepción e irse lo más pronto posible de luna de miel con Yuki.
La noticia del matrimonio fue algo que Nathan quiso guardarse hasta que pudiera preparar todo lo que quería. A pesar de ello, la posibilidad de Kanzen Oba aún estuviera vivo, ponía sobre la mesa que Yuki tuviera que regresar al programa de protección de testigos.
Mientras celebraban el hecho de que hubieran regresado sanos y salvos, el nuevo Director de policía decidió ir a presentarse para poder hablar con Nathan.
-Ella no va a regresar a ese estúpido e inútil programa.
-Eso no lo decidimos nosotros. Dijo el nuevo Director de policía
-No pueden separarla de su esposo. Gritó Nathan.
-¿Está casada?
-Sí.
Nathan sacó el certificado de matrimonio y lo puso encima del escritorio para que el nuevo Director comenzara a examinarlo.
-Pero aquí dice que… Dijo el hombre mirando a Nathan con incredulidad.
-Que es mi esposa.
-Bien, en ese caso… las cosas cambian.
-Exacto.
-Esta es una situación un tanto inusual pero el suyo no es un caso aislado. Haré todo lo que esté en mi poder y… felicitaciones. Dijo haciéndole una reverencia que Nathan respondió con otra.
Pese a encontrarse en su oficina, todos pudieron escuchar claramente cuando Nathan dijo que Yuki estaba casada, por lo que rápidamente comenzaron a preguntarse: ¿con quién?
Todos menos la abuela que desde un comienzo había buscado que los dos se entendieran, dejando a Yuki en su casa cuando perfectamente podía habérsela llevado al campo con ella.
Rápidamente tomó sus cosas y marchó en dirección al apartamento de Nathan donde Yuki se encontraba cocinando y cambiando las cosas de lugar.
Al llegar la abrazó y le preguntó si era cierto que se había casado con Nathan. Al comienzo ella no sabía qué decirle, en especial porque Nathan le había dicho que no dijera nada pero pronto terminó contándole toda la historia.
-Me pidió matrimonio cuando regresamos a esta época. Yo me fui engañada, creyendo que Kanzen Oba era el primo de Nathan. No había nada en él que me hiciera sospechar a no ser su forma de hablar. La cuestión es que Nathan vino por mi, y justo cuando íbamos escapando, ese malnacido dejó inconsciente a Nathan. Cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo salté sobre Kanzen Oba y lo ataqué, luego le dí una bofetada. En ese momento escuché algo metálico caer creí que era mi pulsera pero cuando miré mi muñeca, la pulsera estaba ahí. Cuando volví a mirar, yo estaba en el templo con toda la gente de mi pueblo y el Abad anunciando que iban a atacarnos y que no había nada que pudiéramos hacer. Esta vez tuve tiempo de llegar al campo de batalla y allí vi a Nathan, creí que era un yokai y fui a pelear con él.
-¿Fuiste a atacar a mi niño?
-Sí, pero antes de que pudiera hacerlo él... él me besó. En ese momento recordé todo, pero fue tarde porque me dormí.
-Ah, por eso en el poema de Kanzen Oba, el cuervo blanco es envenenado por la flor.
-¿Qué?
-Ese maleante dejó un poema donde dice que planeaba casarse contigo pero viendo la oportunidad de dañar a Nathan, el último descendiente verdadero de nuestro clan, te dio de beber veneno para que quedara en tus labios y cuando él te besara, matarlo a él.
-¿Pero cómo supo que me besaría?
-Niña ¡Eres muy ingenua!.
-Takeda Yuki no es ingenua, es una mujer casada que sabe todo lo que tiene que saber.
-¿Lo sabes?
-Si. Respondió ella resuelta.
-¿Ustedes ya tuvieron intimidad?
Nathan que en el camino al apartamento, había recibido la noticia de que unos niños habían encontrado el pendiente del dragón y que por lo tanto podía vivir su vida con Yuki sin preocuparse por Kanzen Oba, llegó a escuchar la última parte de la conversación y corrió en dirección a ellas para evitar que su abuela siguiera inmiscuyéndose en su vida privada.
-¡Abuela! ¿qué clase de cosas está preguntando? Dijo poniéndole la mano sobre la boca a Yuki que no iba a dudar dos segundos en responder.
-Perdona hijito, yo solo quería ayudar.
-Yo no lo llamaría ayudar.
-Takeda Nathan, no vuelvas a taparme la boca! Dijo Yuki mirándolo con cara de mala, para luego terminar sonriendo ni bien él le hizo un guiño.
-No lo haré más. Dijo él llevando su mano derecha hacia atrás para luego cruzar los dedos.
-La señora aquí presente me estaba contando qué fue lo que pasó y lo que pude deducir es que Kanzen Oba creyó que la había envenenado y que al hacerlo, tú también te envenenarías. Lo que no entiendo es cómo ella no resultó envenenada.
-Eso es fácil, Yuki volvió a cambiar los tazones de amazake, ¿verdad amor?
Ella asintió y comenzó a reír como una niña. -Los tazones estaban marcados con nuestros nombres pero cambié las etiquetas y me tomé el que tenía más.
-Kanzen Oba nunca pensó que iba a enfrentarse a una voraz piraña- Le susurró Nathan a su abuela entre risas.
-Sé que estás diciendo tonterías sobre mi, y no voy a dejarte mirar la caja tonta. Dijo ella cruzándose de brazos.
-Parece que estoy de castigo sin televisor, así que es mejor que vaya con su hijo antes de que mi adorada esposa quiera castigarla a usted también abuela. Dijo Nathan buscando una excusa para quedarse a solas con Yuki.
La abuela entendió rápidamente cuál era su intención, y luego de despedirse, los dejó a solas.
Cuando quedaron a solas, Nathan suspiró y abrazó a Yuki, que comenzó a reír como lo hacía cada vez que Nathan se le acercaba, y la hacía ponerse nerviosa.