Perdidas en los Backrooms: La Última Foto

Capítulo final. La última pieza.

Entran a la sala de los recreativos, no escuchan rugidos ni zumbidos ni pueden sentir ninguna presencia de entidades.

– ¿Una… sala de recreativos? Prométeme que esto no es otra trampa, Luna – Le pregunta Mia, asustada ya que cada lugar seguro tenía algo que lo hacía perder esa tranquilidad.

– “Bienvenidos a la salida a la realidad.” – dice una voz que provenía de una máquina al fondo de la sala. La voz era gélida, plana y sin emoción. – “ Si quieren volver a su hogar primero deberán completar algunas tareas.”

– ¡Genial! Las teorías eran verdad. Vamos a poder volver si cumplimos las misiones que mandan. – dice Luna emocionada.

– “ Número uno. Deben conseguir la puntuación máxima en el juego de Pac-Man. Número dos. Deben beber agua de almendras, y por último, deben morir en el nivel 29”. – anuncia la voz antes de que una máquina saque un papel.

– ¿Cómo que morir…? Esto es una broma… – pregunta Marian a Luna, quien parecía decidida.

– Repartiremos así las tareas. Mia, tú vas a hacer lo de Pac-Man, Marian, tú beberás el agua. Y yo haré la tercera. Tranquilas, no es morir de verdad. – dice Luna decidida.

Las tres chicas van hacia la máquina de Pac-Man, la cual les advierte que si pierden las tres vidas algo malo pasará. Mia comienza a jugar y una vez que pierde una vida las luces de los recreativos parpadean y se escuchan rugidos detrás de una puerta que está al fondo de la habitación. Mia se concentra en no perder ninguna vida más. Sus manos le sudan, el tobillo duele por la tensión y puede sentir como mil miradas están pendientes de ella, aunque tan solo Marian y Luna están dentro de la habitación. Pierde la segunda vida, las entidades golpean la puerta con fuerza, y cuando está a punto de perder la tercera… Gana el juego con la puntuación máxima. Se dejan de escuchar los rugidos y la calma vuelve.

Después viene el siguiente reto, beber agua de almendras. Este es el que parece más fácil. Pero el nivel les quitó sin ellas darse cuenta el agua de almendras, y en una máquina aleatoria escucharon como caía una botella.

– ¿Qué ha sido eso…? – susurra Mia.

– Debe de ser el segundo reto. Vamos a mirar. – contesta Luna

Se acercaron a la máquina y Marian tomó la botella. En la pantalla había reglas:

  • Mirar fijamente la pantalla, no se pueden apartar los ojos.
  • Beber sin atragantarse.
  • Tan solo una persona puede hacer el reto.

Las chicas se miraron extrañadas pero Marian cumplía. Marian agarró la botella y comenzó a beber, mirando las imágenes que ponía la máquina. Al principio eran imágenes de ella normales, después venían imágenes de el tobillo roto, de ellas muertas, de cosas que no habían pasado. Tras esas imágenes vinieron otras de los peores miedos de Marian, cucarachas, oscuridad, el fondo del mar… Marian sentía como le sudaban las manos, podía escuchar cosas que las demás no parecían escuchar. Podía sentir manos gélidas en sus hombros, y como le susurraban al oído para que apartara la mirada. Tan solo habían pasado cinco segundos, pero todo había escalado demasiado rápido. Finalmente acabó de beber el agua y dejó de sentir aquellas cosas. Había estado mirando fijamente la pantalla… Pero la pantalla estaba en blanco.

– ¿Qué te pasa, Marian? – pregunta Mia tocándole suavemente el hombro.

Marian se sobresalta y se aleja.

– ¿Esa pantalla siempre estuvo en blanco…? – pregunta Marian con la respiración agitada.

– Sí, ¿qué viste? – contesta y pregunta Luna, algo preocupada.

– Pude ver el tobillo de Mia, nosotras… muertas en una habitación de luces rojas. Como el Nivel !... también mis peores miedos, y sentí una mano gélida… tocándome el hombro. – explica Marian tocándose el hombro derecho.

El silencio ahora era ensordecedor… hasta que el suelo parece desaparecer y son teletransportadas al nivel 29.

El nivel 29 es como una rotonda infinita, donde hay 7 casas coloniales idénticas alrededor, y en el centro de la rotonda hay un poste de luz. El cielo es brillante e imposible. es una mezcla perfecta de los colores rosa, naranja y amarillo pasteles, aunque el nivel está sumido en la oscuridad. El cielo no emite luz y no ilumina el suelo ni las casas. Necesitan linternas para verse hasta los pies.

Las chicas agarran las linternas de sus mochilas y las encienden, Marian y Mia mirando a Luna.

– ¿Qué hacemos? ¿Cómo se supone que debemos morir? Hay entidades, ¿no? – pregunta Marian.

– No, aquí no hay entidades. El verdadero peligro es tu mente. Este nivel está hecho para perder la cordura. Ahora mismo estaba pensando que quiere que haga el nivel… – responde Luna.

El poste de luz comienza a parpadear mientras emite un zumbido que taladra sus mentes. Pueden sentir un frío helado en sus mentes, y cuando intentan recordar cosas de su vida cotidiana, como el nombre de sus mascotas, o como era su habitación, no lo pueden recordar. Luna mira fijamente el poste de luz y une los cabos. La orden de “deben morir” significaba que una debía perder todos los recuerdos para poder abrir las puertas y que las otras dos se salvaran. Ya que si no se sacrificaba una, les consumirían los recuerdos a las tres.

– Chicas, el nivel quiere que una se sacrifique y le borren todos los recuerdos. Y esa seré yo. – dice Luna seriamente.

Los ojos de Mia y Marian se humedecen, claramente no van a aceptar esa decisión tan fácilmente.

– No lo hagas. Seguro hay otra manera. – protesta Mia intentando contener las lágrimas.

– Esa debería ser yo, que ya nos puse en peligro y cometí errores antes. – también comenta Marian.

– Ya dije que no. – dice firmemente Luna mientras da un paso hacia sus amigas. – Lo seré yo ya que os traje aquí por haber estado obsesionada. Les dí mi libreta y todo lo que sabía a los del M.E.G así que yo ya he cumplido mi misión.

Luna les da un abrazo a sus amigas antes de dirigirse al poste de luz. Sus ojos pierden el brillo de luz y su piel se vuelve algo grisácea. Una casa que estaba tras ella abre la puerta, donde se puede ver el cuarto de Luna



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En el texto hay: suicidio, terror, backrooms

Editado: 30.07.2026

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