Capítulo 9
– Entonces vámonos ya, ¿habéis cogido todo lo necesario? – les recuerda Luna antes de caminar hacia una puerta que estaba al fondo de la cafetería.
Mia y Marian habían intentado abrir esa puerta varias veces al principio, pero nada funcionaba.
– Eso está bloqueado. – le advierte Mia a Luna.
Luna abre la puerta con facilidad.
– ¿Qué habías dicho? – pregunta con una sonrisa.
Mia y Marian siguen a Luna y se asoman para ver qué hay tras la puerta.
– Seguidme y no os separeis. – les ordena Luna a ambas chicas y comienza a caminar por aquel pasillo oscuro que apareció tras la puerta.
Las tres chicas comienzan a caminar por aquel pasillo oscuro. El pasillo estaba lleno de charcos y algunas tuberías tenían goteras.
– ¿Hacia dónde vamos? – pregunta Marian con un hilo de voz, ese pasillo le asustaba bastante.
– Hacia el siguiente nivel – comenta Luna.
Llegan a una bifurcación donde Luna sin dudarlo va por la derecha, pero en un charco aparece el reflejo de La Guía Gris que les señala el camino contrario. Mia se para un momento y mira el otro camino.
– Luna, ¿los dos caminos llevan al mismo nivel? – pregunta Mia, sus ojos fijos en la oscuridad de ambos caminos, pero sobre todo del izquierdo.
– Si, pero el derecho es más seguro, en el izquierdo hay una entidad. – le advierte Luna mientras camina entrando por el derecho.
Marian sigue a Luna, pero Mia decide ir por el izquierdo sin avisar. Mia camina varios minutos y se encuentra con una entidad. Un Faceling adulto. Según una nota que encontraron en la cafetería, los Faceling pueden ser peligrosos, sobre todo los jóvenes, pero los adultos acostumbran a ser dóciles e incluso amables.
– Hola… – saluda Mia algo incómoda por no ver su rostro, algo que no explicaba la nota era la apariencia de dichos Facelings. Eran como humanos, pero sin rostro visible, como si les hubieran borrado el rostro.
El Faceling le saluda con la mano y le guía lo que queda de camino mientras que le ofrece una botella de agua de almendras. Pasan varios minutos y Mia se reencuentra con Marian y Luna.
– ¿Por qué fuiste por el otro camino? ¿Te encuentras bien, Mia? ¿La entidad te ha hecho daño? – le pregunta Marian preocupada.
– Estoy bien, no ha pasado nada, solo quería investigar. He conseguido agua de almendras, ¿te acuerdas de esa botella que nos ayudó en el hotel? A lo mejor nos vuelve a ser de utilidad. – le responde Mia con tranquilidad, intentando calmarla.
Luna simplemente se queda observando su interacción, observando como las dos amigas hablan antes de interrumpir.
– Vamos, chicas, en este nivel es mejor que no nos quedemos paradas. – les insiste Luna, intentando seguir el camino.
Las tres comienzan a caminar, Luna habla animadamente con Marian mientras que Mia está callada analizando a Luna. ¿Ella sabía que no era peligroso? ¿Tan solo sabía que había una entidad y no sabía su nivel de peligro? ¿Sí sabía todos los detalles por qué ocultarlos?
– ¿Os acordáis de la fiesta de pijama que hicimos en mi casa antes de llegar aquí por primera vez? Tuvimos mucha suerte de que preparara esa mochila. – comenta Luna.
– Sí, que bien que estabas tan-
– ¿Qué llevabas en la mochila? – le pregunta Mia a Luna con un tono cortante, interrumpiendo a Marian.
– No me acuerdo mucho… Fue hace mucho tiempo. – le responde Luna.
– Yo si que me acuerdo. Contesta a mi pregunta, ya. – responde Mia, insistiendo.
– Vale, vale, tranquila, Mia. Pues… llevaba linternas, bocadillos, botas y ropa de repuesto, agua, un reloj y baterías para las linternas. – responde Luna tranquilamente.
– Te falta una cosa importante. Tu libreta. La libreta que utilizabas para apuntar todas las cosas de los Backrooms y sus normas. Nunca te olvidarías de eso. – señala el error Mia, algo extrañada.
– Ups, se me había olvidado, lo malo es que perdí mi libreta hace años, por eso no me acordaba.
Marian observa como la interacción entre ambas es tensa.
– Vamos, chicas… sigamos caminando, ya quiero salir de aquí. – les vuelve a insistir Marian, ese lugar le daba miedo.
– De acuerdo, de acuerdo, sigamos. – contesta Luna tranquilamente antes de seguir el camino.
Mia sigue observando a Luna y cada uno de sus movimientos. Cómo interactúa con Marian, cómo se mueve, cómo habla…
En cambio Luna sigue actuando normalmente hasta que se percata de Mia. Luna mira a Mia de reojo y le sonríe.
– ¿Por qué me miras tanto? Es incómodo. – le pregunta con una sonrisa leve, tranquila.
– Nada, tan solo me pareces sospechosa. – le explica Mia.
– Mia ya basta... – le suplica Marian a su amiga.
– Bien, hazme cualquier pregunta para que la conteste y así pueda aligerar tus sospechas. – le ofrece esa opción Luna
– ¿Qué dijiste antes de separarnos? – le pregunta Mia.