Han sido tantos milenios que ya he perdido la cuenta; lo curioso de todo, es la infinita realidad de la inmortalidad.
Un cadáver más, hemos llegado a tiempo… ¡Como siempre!
3:30:00am. Abrí la pantalla del Ring Pad y miré cada detalle del registro mortis: nombre, edad, estado civil, trabajo...
– Es hora. – di la orden.
Esperamos los habituales 60 segundos terrenales, miramos el registro completo y nada. Es notable la necedad de este ser; pero más, su ignorancia. Londres Inglaterra, 3:30:01am; Hombre de 70 años, 1.80 de estatura, tez blanca, robusto, cabello blanco y usaba lentes. El cuerpo se encuentra tendido sobre el piso del cuarto; un ataque al corazón le impidió por primera vez serle infiel a su esposa.
- ¿Algo que decir Vincent? - pregunté muy serio.
- ¡¿Qué sucede?! ¡¿Por qué me veo ahí tirado?! – preguntó con mucha angustia.
- Has muerto.
- ¡¿Cómo que muerto?! ¡No puede ser! ¡Esto no puede estar pasando! –se tomaba la cara mientras se observaba a sí mismo.
Guadañita terminaba de revisar cada línea mientras continuábamos escuchando sus quejas y reproches, lo mismo de siempre: ¿Por qué a mí?
- ¡Guarda silencio! – grité – Cuando se te dio la oportunidad no la tomaste, ahora ya no hay nada que hacer; por favor no nos quites más el tiempo con tus lloriqueos que debemos apurarnos, aún tenemos mucho trabajo pendiente.
Lo miré fijamente a los ojos y sonreí.
Le mostré el documento que avala su deceso y el lugar donde debía firmar. Continuaba en negación; quejándose, rehusándose a aceptar el hecho de su muerte, «lo normal» en los de su clase. Lo tomé del hombro derecho y lo miré directo a los ojos, poco a poco comenzó a calmarse hasta que firmó; en ese momento Guadañita abrió el portal multicolor y su alma comenzó a sufrir la transición. Caminamos hasta llegar al plano neutro, «un lugar donde se encuentran los senderos eternos». Al centro hay un árbol enorme con muchas hojas de colores y varias ramas secas. Este árbol esta postrado sobre una plataforma de cristal liquido traslucido y alrededor millones de estrellas de muchos colores. En cuanto llegamos Vincent no dejaba de mirar con asombro el lugar.
No dijo nada, su mirada llena de arrogancia continuaba estando presente.
En ese momento comenzó a abrirse el tronco del árbol, a escucharse lamentos y sonidos gruesos, profundos y tenebrosos. De ahí salieron varios espíritus demoniacos, sombras oscuras son rostro, con manos largas con garras.
Cuando los observó de cerca no pudo ocultar su miedo, sus gritos eran terroríficos; lo sometieron y encadenaron, lo arrastraron de tal manera que podía ver el gran terror que sentía en sus ojos. Lo jalaron hasta perderse dentro del tronco. Aún a la distancia se podía escuchar sus gritos de lamento mientras descendían rápidamente sin dejar rastro alguno.
Regresamos de inmediato a la casa flotante la cual esta ubicada en el plano neutro, sobre uno de los picos de miles de montañas. De inmediato imprimimos el documento mortis, guardamos el archivo y continuamos con nuestro trabajo.