Perdido En El Amor

PARTE III

3:30:02am. Observé una vez más cada detalle del registro mortis: nombre, edad, estado civil, trabajo…

  • Es hora – de nuevo di la orden.

Esperamos los habituales 60 segundos terrenales y de inmediato apareció el aura dorada sobre el registro; quedamos sorprendidos, ya que es sumamente difícil conseguirla, «¡Debe ser especial!» pensé. New York City, USA 3:30:03am; Una mujer de 65 años, tez blanca, delgada, cabello chino canoso, descendencia latina. Fallece a causa de una pulmonía mal atendida.

  • ¡Hola Mónica!
  • Hola – se veía muy serena.
  • Lo siento, pero no pude. – se lamento.
  • No tienes nada que reprocharte.
  • ¡En verdad lo intente!
  • Y te creo.
  • No puedo irme así.
  • Así es como debes irte.

Observarla era muy grato. Poco a poco comenzó a tener una calma tan especial que hasta a mí me sorprendía, pero había algo un poco extraño. Al rededor de su cuerpo permanecían los vecinos que la velaban, realmente se veían desconsolados. Poco a poco llegaban más personas a despedirla.

  • Por lo que veo eras una persona a la que querían mucho.
  • ¡¿En verdad lo crees?! – preguntó
  • Lo que se ve no puede juzgarse, pero hay algo que no me explico; son muy escasas las personas que consiguen un aura dorada, «el máximo galardón para un alma». A pesar de ello no te veo del todo tranquila.
  • ¡De verdad lo intenté con todas mis fuerzas! – su voz sonaba triste.
  • Quisiera poder seguir platicando contigo, pero es hora de marcharnos, firma aquí por favor.

Miraba por última vez a su alrededor, después de un momento firmó y Guadañita abrió el portal multicolor. Mientras su alma comenzaba la transición, una voz llamó mi atención.

  • ¡Lo lamento mucho! – su sonido cálido me paralizó por completo.

Volteé la mirada y fue ahí donde la vi por primera vez; mi asombro fue tanto que intenté detener la transición, pero fue demasiado tarde. Mientras caminábamos mi mente se encontraba en un estado que jamás había estado. De pronto nos encontrábamos de nuevo en el plano neutro; Mónica miraba con asombro el lugar.

  • ¿Qué hermoso es este lugar?

Por alguna extraña razón mi mente no dejaba de pensar en aquella mujer. Guadañita me miro de manera extraña.

  • Majestuoso diría yo – respondió.
  • ¿Aquí es donde me voy a quedar?
  • No, aquí es donde vendrán por ti, creo que sabes perfectamente hacia donde irás… ¡Buen trabajo!

Yo me encontraba tan confundido, aislado y retraído que Guadañita tuvo que hacer el trabajo por mi. No pude decir nada, mi mente se encontraba confusa, inquieta; realmente no entendía que sucedía conmigo. De pronto dos ángeles brillantes bajaron por Mónica. Su luz era muy hermosa y se podía sentir su calidez. La miraron a los ojos y sonrieron; Mónica se notaba tranquila y serena, alegre. La tomaron de sus manos y la llenaron de luz convirtiéndola en una estela maravillosa la cual volaba hacia el infinito eterno, «el anhelado cielo». Se elevaron lentamente hasta perderse en el majestuoso árbol. Fue hermoso volver a ver esa luz en el firmamento. Había que regresar a la casa flotante para imprimir el documento mortis y guardar el archivo, «pocos archivos como este».




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