Perdido En El Amor

PARTE VII

Permanecí inquieto anhelando alguna respuesta, pero no llegaba ninguna; mi preocupación aumentaba y las esperanzas se venían abajo; cuando sonó el Ring Pad y observé que había recibido un mail:

¿Cómo estás?... ¡Ya ni la friegas! Cómo se te ocurrió irte con el Ring Pad; tremendo lío en el que nos has metido, en cuanto se entere el jefe no quiero decirte lo que nos va a suceder… ¿Qué vamos a hacer?

PD. Este archivo que adjuntaste jamás lo había visto.

Que Guadañita recibiera mi mail eran excelentes noticias, necesitaba explicarle lo que había sucedido. Respondí inmediatamente:

Hasta el momento todo bien Guadañita… ¡perdóname! De la emoción salí corriendo y por accidente me traje el Ring Pad, pero creo que he encontrado una solución temporal en lo que conozco a Elena. En ese archivo que te envié, al final de todas las hojas, hay una nota importante en letras chiquitas; por favor revísala e investiga qué hay que hacer para llevarla a cabo.

Permanecí nuevamente en espera de su respuesta; revisé el buzón de entrada y ya tenía 20 nuevos mails. «¿Qué extraño?» pensé. ¡No puede ser! Son correos de bancos, tiendas, compañías de teléfonos, incluso hasta de políticos en campaña. «¡Qué bárbaros! ¡Estos humanos son realmente cosa seria!» Había llegado un nuevo correo:

Ya leí la nota que dices, necesito que me mandes los archivos del plano mortis.

De inmediato le adjunté los archivos del plano mortis y se los envié; no tardó en responderme de nuevo:

Necesito que me adjuntes los archivos del plano terrenal.

¡A ver! ¿Plano mortis o plano terrenal? Guadañita me confundía con sus cosas. Le adjunté de nuevo los archivos y se los volví a enviar; tenía la esperanza de que pudiera encontrar una solución. Pasaba el tiempo y no recibía respuesta; comencé a sentir una extraña sensación que me inquietaba, ya se había tardado mucho en responder. Cuando más desesperado me sentía recibí de nuevo su mail:

Va a ser imposible que el jefe crea que se nos cayó el sistema, nunca ha sucedido, eso no es posible. No puedo garantizarte que funcione, pero lo vamos a intentar. Si el jefe se entera de que estamos haciendo esto… ¡No quiero decirte lo que nos va a pasar!

De inmediato le respondí:

Muchas gracias amigo mío, no sabes cuánto aprecio todo esto que haces por mí; lamento haberte metido en semejante lío y haré todo lo que este de mi parte para no comprometerte en esto. No olvides ocultar el cuerpo de Steve en lo que resuelvo todo esto, por favor Guadañita.

Mis ganas de buscar a Elena cada vez eran más grandes, cerraba la pantalla cuando recibí un nuevo mail:

Yo tome la decisión de estar contigo en toda situación, tú no me has obligado a hacer algo que no haya querido hacer; así que deja de preocuparte que en esto estamos más que metidos los dos. Yo trabajaré y haré mi parte, tú has la tuya. El cuerpo de Steve lo voy a ocultar dentro del plano neutro. Te daré el tiempo que pueda, aprovéchalo al máximo y cuídate mucho.

PD. En cuanto salgamos de esto, me debes unos tacos de buche de vampiro.

Guadañita sabía cómo hacerme reír, me sentí tranquilo y no quise perder más tiempo; abrí de nuevo la aplicación del plano terrenal y comencé a buscar a Elena. «¡Qué mujer tan hermosa!» pensé emocionado. La encontré tomando café con unos amigos en el lugar de siempre. No estaba seguro de lo que haría, pero tenía que acercarme a ella. Debajo de la imagen había una dirección; conocía la calle así que me levanté, cerré la pantalla y comencé a caminar lo más rápido que pude hasta llegara al lugar. Me acerqué lentamente hacia la puerta mientras la buscaba; no sabía si entrar o permanecer afuera. «¿Cómo me acerco a ella? ¿Qué le digo… o no le digo nada? ¿Qué hago?» Me sentí muy nervioso. Mientras me encontraba analizando qué es lo que haría, una mujer tropezó y me tiró su bebida encima; me quedé quieto mientras todo el líquido escurría por mi cara. Se disculpó, en verdad se veía preocupada. Notaba cómo mi silencio les parecía extraño, aparentemente era algo inusual entre los humanos, así que tenía que hacer algo al respecto.

  • ¡Todo bien! – respondí lo primero que se me vino a la mente mientras me limpiaba.

La señorita me proporcionó una servilleta mientras sus amigos se acercaban a ver qué es lo que había pasado; todos caminaban hacia donde nos encontrábamos cuando de entre la multitud, por primera vez logré mirarla de cerca: Su cabello largo, oscuro; sus ojos miel hacían una perfecta combinación con sus labios rojos; su sonrisa emblemática, suave y tierna… ¡Perfecta!

Todo parecía moverse en cámara lenta mientras me estremecía en total locura solo por verla; se me acercó demasiado.

  • ¡¿Te encuentras bien?! – preguntó tratando de ocultar su risa.

Me bloqueé, no pude decir nada, solo moví la cabeza asintiendo que estaba bien; ella no aguantó más y soltó la risa al ver cómo me veía con todo el líquido encima.

  • ¿Cómo te llamas? – volvió a preguntar.

«¡Es cierto! ¿Cómo me llamo? Ni modo de decir… ¡Que tal mucho gusto soy La Muerte!» Mi mente estaba a punto de bloquearse.

  • ¡Steve! –respondí abruptamente.

De alguna extraña manera me sentí familiarizado con ese nombre.

  • ¡Mucho gusto Steve! Yo soy…
  • ¡Elena! – la interrumpí mientras le tomaba su mano.

Me miró sorprendida y me soltó.

  • ¿Nos conocemos de algún lado? – preguntó un poco asustada.
  • ¡No! Pero ese nombre dice en tu vaso – respondí mientras ponía mi cara de tonto.




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