Perdido En El Amor

PARTE VIII

Poco a poco fui despertando con cierta dificultad; una fuerte punzada me golpea en la cabeza, me duele el cuerpo y por dentro me siento seco, «algo no anda bien» pensé mientras despertaba por completo. Me dirigí a la cocina y tomé agua hasta que me sentí un poco mejor. «¿Qué hora serán?» mire un reloj en la pared. Comencé a revisar el lugar que se encontraba hecho un desorden; recogí algunas cosas para que no estuviera tan sucio el lugar, tomé mi primera ducha humana y tomé prestada un poco de ropa que encontré en la habitación. En mi mente solo aparecía Elena; de inmediato abrí la pantalla del Ring Pad para poder encontrarla. La ubiqué en un extraño lugar donde hay mucho movimiento, gente adulta y niños. Revisé la dirección, cerré la pantalla y de inmediato fui a buscarla. Comencé a caminar lo más rápido posible, «esta sensación de estar entre los vivos es realmente extraña». En cuanto llegué al lugar dudé en entrar, pero si quería volver a verla tenía que hacerlo, ya no había tiempo para miedos, así que me dirigí hasta la recepción.

  • ¡Buenos días! ¿En qué puedo ayudarle? – preguntó una señorita.
  • Busco a una persona.
  • ¿Es algún paciente?
  • ¡Elena!... Su nombre es Elena.
  • ¡Ah! Elena… ¿Eres algún familiar?
  • ¡No! Solo soy un amigo.
  • Si gustas sentarte, en un momento le aviso que estás aquí. ¿Cuál es tu nombre?
  • Steve.

.

Permanecí sentado analizando todo lo que había a mí alrededor; sonó el anillo, «¡qué raro!» abrí la pantalla y me di cuenta de que había llegado un mail de Guadañita:

Ya realicé el primer colapso para generar la supuesta falla. Aparentemente el jefe lo creyó y no pidió explicaciones; todo va según el plan, pero aún falta ver cómo serán llevadas las almas al limbo; yo lo checo y en cuanto sepa te aviso. No podre darte mucho tiempo así que por favor apúrate a hacer lo que tengas que hacer.

PD. También quiero unos tacos de cachete de licántropo.

Esas posdatas de Guadañita cómo me hacen reír, tenía que responderle inmediatamente:

¡Te lo agradezco mucho Guadañita! Las cosas aquí no son fáciles, esto es muy complicado y apenas estoy adaptándome; hasta ahorita no he tenido algún contratiempo, aunque ayer de la nada me sentí mareado, pero pudo ser parte de la adaptación. Trataré de hacer mi parte lo más rápido posible; solo quiero conocerla y estar el mayor tiempo posible con ella.

PD. Cuenta con esos tacos.

La gente que se encontraba cerca me miraba de una manera extraña, no podía llamar la atención así que cancelé la función de avisos directo al anillo. Cerraba la pantalla cuando escuché de nuevo su voz.

  • ¡¿Steve?! – la notaba extrañada y sorprendida.
  • ¡Hola Elena! – respondí nervioso.
  • ¿Qué haces aquí?
  • Salí a caminar un rato y te vi a través de la ventana así que pensé… ¡Por qué no pasar a saludar!
  • ¿Cuál ventana? – preguntó.

Mire rápidamente para todos lados buscando una ventana.

  • ¡Esa! – respondí señalando hacia mi derecha.

Elena me miraba desconcertada, permanecía callada y pensativa; ese silencio me puso nervioso, no quería echar todo a perder.

  • Tengo poco en la ciudad y tú has sido la única persona que ha sido amable conmigo, ¡no quise molestarte! ¡Lo siento! – me sentí frustrado y listo para marcharme.
  • ¡Perdón! No quise ser grosera; tengo bastante trabajo y ando un poco cansada, pero es un gusto verte de nuevo. – sonrió – ¡Elena!… te necesitan con Sebastián – interrumpió una señorita
  • ¿Te gustaría acompañarme? ¿Tienes tiempo? – preguntó un poco apurada.
  • ¡Claro que sí! Digo… sí tengo tiempo.

Mientras caminábamos por el lugar, volteó a mirarme de una manera muy extraña.

  • ¿No tienes calor? – preguntó.
  • ¿Calor?
  • Sí…calor, como que vienes muy abrigado.
  • ¿Calor? – pregunté de nuevo.
  • Es cuando el cuerpo sube de temperatura y sientes que hierves – respondió con sarcasmo.

Necesitaba entender el significado de calor; así que recurrí a mis memorias y experiencias terrenales buscando el significado de calor. En cuanto lo analicé comprendí su pregunta.

  • ¡Sí un poco! – me quité el abrigo que traía puesto.
  • Te voy a presentar. Él es Sebastián, tiene 5 años y es un niño encantador, un genio autista de la pintura.

Miré una inmensa ternura en Elena al expresarse.

  • ¡Hola Sebastián! ¡Mucho gusto! ¡Soy Steve!

Se quedó quieto y me miró fijamente a los ojos.

  • ¿Vienes por mí? – preguntó serio y sorpresivamente.
  • ¿Cómo? – pregunté sorprendido.

Nos miramos por unos segundos; por alguna extraña y misteriosa razón él sabía la verdad sobre mí.

  • ¡No Sebastián! Es un amigo y solo viene de visita. ¡No te preocupes! – respondió Elena mientras lo acariciaba.




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