Perdido En El Amor

PARTE XI

  • ¡Es una persona maravillosa! Nos ha ayudado como no tiene idea, todos lo queremos muchísimo… ¡Elena lo adora!

Sentí una extraña sensación de angustia dentro de mí. «¿Qué hago?» Me pregunté mientras disimulaba mi molestia.

  • ¡Muchas gracias señorita! – agradecí mientras caminaba a la salida.

Tomé el celular y le marqué a Elena.

  • ¡Bueno! – respondió.
  • ¡Hola Elena! ¿Cómo estás?
  • ¡Hola Steve! ¡Bien gracias! Un poco ocupada, no es un buen momento.
  • ¿Quieres que te marque mas tarde? – pregunté.
  • No sé a qué hora me desocupe, yo te marco… ¿Te parece?
  • Está bien, cualquier cosa que necesites avísame por favor.
  • ¡Claro que sí, muchas gracias Steve! Bye – colgó.

La escuché un poco extraña, seria; solo esperaba que en verdad estuviera bien. No vería a Elena por un rato así que decidí hacer algo para sorprenderla; entré de nuevo al centro de apoyo.

  • Señorita, disculpe de nuevo… Soy Steve amigo de Elena y me gustaría apoyar en lo que sea necesario.
  • ¡Qué bien! ¡Mucho gusto Steve! Soy Tifany, pasa al fondo del pasillo y busca a Lissa, ella te va a decir qué hacer.

Me dirigí al fondo del pasillo como me indicaron.

  • ¡Buen día! ¡Disculpe!... estoy buscando a Lisa.
  • ¡Hola! ¡Qué tal, buen día! Yo soy Lissa ¿En qué puedo ayudarte?
  • ¡Mucho gusto Lisa! Soy Steve amigo de Elena. -por un momento su mente se ausentó - ¿Todo bien? –pregunté.
  • ¡Si! ¡Perdón! Lo que pasa es que al escuchar tu nombre se me vino alguien a la mente. ¡Lo siento! ¡Mucho Gusto Steve! ¿Qué puedo hacer por ti?
  • Vengo a apoyar en lo que haga falta, en una ocasión estuve aquí con Elena, pero tenía mucho trabajo y no pude conocer mucho, me pareció increíble lo que hacen aquí así que aquí estoy para apoyar en lo que haga falta.
  • Me parece muy bien Steve, para empezar ponte una bata y los zapatos clínicos; los podrás encontrar en el gabinete a tu derecha, una vez que estés listo te voy a mostrar el lugar detalladamente y ya veremos en qué nos puedes apoyar.
  • ¡Claro que sí!

Me alisté como dijo y me dispuse a cooperar en lo que fuera necesario.

  • ¿Listo Steve? – preguntó Lissa.
  • ¡Seguro! ¿Qué hay que hacer?
  • Primero daremos una vuelta por el centro de apoyo para que conozcas todas las áreas y a las personas que trabajan aquí. ¿Te parece?
  • ¡Como tú digas!

Caminamos por el pasillo hacia la recepción

  • Aquí esta nuestro centro de información; Tifany es quien está en la recepción y organiza las vertientes, a partir de aquí nos dividimos en cuatro secciones unilaterales y una subterránea: A-B-C-D y Z.

La Sección A atiende todo lo relacionado con el cáncer; la Sección B con los distintos síndromes; la Sección C lo relacionado al autismo; la Sección D las diversas discapacidades físicas y la sección Z es nuestro centro de investigación.

  • ¡Estoy impresionado!
  • Todo es gracias a Elena, convenció a nuestro máximo benefactor de hacerlo realidad. Mira… aquí tengo el itinerario de hoy y necesito que me apoyes en el área D; hay que realizar una rehabilitación y después pasar al área B para apoyar en la cocina. ¿Podrás con eso?
  • Sin ningún problema Lissa, cuenta con ello.
  • ¡Muchas gracias Steve! Cualquier cosa que necesites puedes apoyarte en tus compañeros o mandarme llamar.

Lisa se despidió y me dirigí hacia el área D que es donde atienden las distintas discapacidades; caminé rápidamente por el pasillo.

  • ¿Tú eres el que nos va a apoyar? – me preguntó una señorita.
  • ¡Sí!
  • ¡Qué bien! Podrías comenzar atendiendo a la Sra. Julia por favor.
  • ¡Seguro!
  • Pasa por favor, te voy a llevar con ella. ¿Cómo te llamas?
  • Steve.

Atravesamos toda el área hasta llegar con la Sra. Julia.

  • Sra. Julia, le presento a Steve, el estará el día de hoy trabajando con usted así que aquí se lo dejo.
  • ¡Mucho gusto Steve! – me sonrió muy amablemente
  • ¡Mucho gusto Sra. Julia!

No dejaba de mirarla, me sorprendía su situación, pero al mismo tiempo no quería preguntar nada.

  • Puedes preguntar lo que gustes Steve, ¡con toda confianza! – me miró a los ojos – Toma mi mano y acompáñame a la caminadora.

Tome su mano y despacio nos dirigimos hacia donde pidió.

  • ¿Te sorprende verme así verdad? – preguntó – No te preocupes, es normal la primera vez que me ven; te voy a contar lo que sucedió: Yo era una persona que sentía que nada le sucedería; gastaba dinero en frivolidades, vicios, cigarro, alcohol y jamás me importo nada. Una noche tomé de más, no medí las consecuencias y nos estrellamos contra un muro de contención. Venía con 4 amigos, dos de ellos murieron al instante, se desnucaron; los otros dos permanecieron con vida, pero después de unos días, murieron en el hospital a causa de graves lesiones internas. Yo fui la única que sobrevivió; eso fue hace algunos años atrás, yo tenía 29. Arquitecta de profesión con un futuro prometedor; en ese momento no lo vi así, sentía que nada podía conmigo, me sentía inmortal. Cuando desperté en el hospital no sentí ni mis brazos ni mis piernas, lloré y grité como desesperada, no quería vivir. Aquellos que se decían mis amigos me abandonaron y solo mi familia me apoyó a pesar de mis malas decisiones. Los familiares de mis amigos que murieron dejaron de hablarme y me culparon por su muerte; estuve bajo una inmensa depresión y soledad. Después de un tiempo busqué ayuda y comencé a salir adelante, acepté mi realidad y las consecuencias de mis actos. Fui a pedirle perdón a cada una de las familias de mis amigos fallecidos. Busqué la manera de volverme productiva y un día por cosas del desino conocí a Elena; un amigo que tiene un bar me invitó a escuchar la banda de casa y ahí la vi por primera vez; ella tocaba en esa banda… ¡muy bien por cierto! Cuando terminó de tocar mi amigo me la presentó. Una mujer increíble, llena de vida y magia, me invitó a conocer el centro de apoyo y accedí a venir. Cuando llegué por primera vez todos me recibieron con los brazos abiertos sin juzgar mi pasado. Comenzamos a trabajar y me colocaron estas nuevas prótesis y gracias a ello poco a poco he podido independizarme; he vuelto a caminar y a mover mis nuevas manos, aquí he encontrado una gran familia. Elena me insistió en que siguiera estudiando arquitectura y así lo he estado haciendo después de 10 años de haber dejado todo. Hoy puedo volver a sentirme viva y aprendí mi lección a un alto costo. Lo que tengo lo utilizo aquí para seguir apoyando a más gente; cuento mi historia para alentar a los jóvenes a que sean responsables y trabajo en las mejoras del centro de apoyo. Me siento viva Steve , después de mucho tiempo por fin me he vuelto a sentir viva y tengo aún mucho por hacer por eso tengo que preguntarte y necesito que seas honesto conmigo… ¿Has venido por mí? – Concluyó con una muy inusual pregunta.




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