PARTE XIV
- Steve
- ¡Elena! ¿Cómo estás? Te estuve marcando desde la mañana, fui a buscarte a tu departamento y dos veces al centro de apoyo
- Disculpa, tuve unas cosas que hacer ¿Crees que pudiera verte en este momento?
- ¡Claro que sí Elena! Dime en dónde te veo e inmediatamente voy para allá.
- Nos vemos en el café donde nos conocimos ¿Te parece?
- Ahí llego lo antes posible.
Colgué y me dirigí rápidamente al café, sentí un alivio al escuchar su voz y saber que de alguna manera se encontraba bien; cuando llegué ya se encontraba ahí.
- Elena
- Steve – se levantó y me abrazó.
- ¿Qué sucede Elena? ¿Estás bien? – pregunté preocupado.
- Si estoy bien, pero hay algo que me preocupa… y mucho.
- ¿En qué puedo ayudarte?
- El Sr. Robinson es nuestro mayor benefactor, gracias a todo su apoyo es que pudimos crear el centro de apoyo; él es el dueño del edificio, quien aporta el mayor capital para todo, sin él… el centro de apoyo no funcionaría, no existiría y todo nuestro trabajo junto con las personas que están esperanzadas en encontrar una ayuda quedaría a la deriva; perderíamos todo.
- ¿Y qué es lo que te preocupa si dices que el Sr. Robinson es un gran benefactor?
- El problema no es el… el problema es su sobrino.
- ¡¿Su sobrino?! – pregunté sorprendido.
- El Sr. Robinson padece cáncer, está en una etapa muy difícil, en la etapa terminal y debido a su edad, los tratamientos no han logrado los resultados esperados y le queda poco tiempo de vida. Hoy desde muy temprano me hablaron para que fuera a verlo, estuve con él desde temprano, ayudándolo en cosas que tenía que hacer, haciéndole compañía y tratando de reconfortarlo, por eso no pude contestarte… ¡Lo siento!
- No te preocupes Elena…lo entiendo.
- Ya cuando me despedí su sobrino iba entrando, me miró de una manera despreciable y me tomó bruscamente del brazo; me llevó hacia la biblioteca y cerró la puerta. Me sentó en uno de los sillones, se sirvió un trago y caminaba de un lugar a otro sin decir nada; de pronto se sentó frente a mí y me amenazó, me dijo que por ningún motivo creyera que me saldría con la mía, que toda la fortuna de su tío pasaría a sus manos junto con todos sus bienes, incluyendo el centro de apoyo y el capital destinado para su manutención. Que nos encarcelará a todos una vez que el Sr. Robinson muriera y que si llegaba a comentar algo al respecto a quien fuera, no estaría viva para contarlo –se notaba muy preocupada –Su sobrino es un vividor, una persona tirana y sin escrúpulos que le ha estado robando dinero a su tío; en una ocasión que llegue a su casa hablaba sobre todo lo que ya le había robado y que solo esperaba su muerte para poder apoderarse de todo. Al Sr. Robinson le ha hecho creer que es un buen hombre, que trabaja arduamente cuidando sus bienes, que ayuda a los necesitados y que seguirá su ejemplo. ¡Es un mentiroso! –concluyó muy molesta.
- ¡Eso es muy grave Elena! ¡Debemos hacer algo al respecto! ¡Debes decírselo!
- No quiero perturbarlo Steve, el cree que su sobrino es una buena persona y lo derrumbaría saber la clase de tipo que es; no puedo hacerle eso al Sr Robinson.
Me dejó sin palabras, sentí una sensación extraña a lo que los humanos llaman impotencia; como si hirviera por dentro.
- ¡Algo se podrá hacer Elena!
- Lo he pensado mucho, será la palabra del sobrino contra la mía. ¿A quién crees que le van a creer? – preguntó triste.
- Tal vez la policía le creerá al sobrino, pero estoy seguro que el Sr Robinson te creerá a ti.
- Tal vez, pero a costa de qué… ¡¿Su muerte?! ¡¿Crees que podría vivir con eso?! A demás el sobrino ya tiene todo arreglado a su favor; no sé cómo hacerle frente a esta situación, no sé cómo decir a todos que se acabó, que de un día para otro lo perderemos todo. Lo que más me mortifica es la oportunidad que perderán las personas para vivir mejor.
- No te preocupes Elena, veremos la manera de seguir adelante en algún otro sitio, buscaremos más apoyo, trabajaremos dobles o triples turnos para seguir apoyando a las personas que lo necesitan.
- Agradezco mucho tu apoyo y entusiasmo Steve, pero ese no es el problema más grande que tenemos.
- ¡¿Es en serio?! –pregunte sorprendido.
- Voy a contarte lo que sucede, pero por favor, no puedes decir ni una sola palabra a nadie… ¿Estás de acuerdo?
- ¡De acuerdo!
- Presta mucha atención, la mayoría de las personas que trabajan en el centro de apoyo son inmigrantes, gente que no tiene en regla sus papeles para poder estar en este país, las personas que nos ayudan en piso son latinas y algunas otras partes del mundo. Mis amigos los investigadores también lo son: José es de Venezuela, Claudia de Colombia, Ernesto de Honduras y Yadira de Argentina. El Sr. Robinson está tratando de ayudarnos para tener la residencia y entonces poder trabajar libremente para seguir apoyando a los que lo necesitan; le dejé los papeles con su secretario porque me ayudaría a tramitar la residencia de todos, al parecer no se ha podido y en su estado no quiero presionarlo. Una vez que el sobrino tome posesión de todo, no tendremos oportunidad… ¡todo se habrá acabado para nosotros! – Elena se notaba muy triste.