La historia de cada uno de los amigos de Elena fue una lección, todos eran personas maravillosas a las que solo les importaba ayudar al que lo necesitara sin pedir absolutamente nada a cambio, más que una oportunidad para mostrar su verdadero potencial.
Miraba con tristeza a Elena, sus ojos perdían brillo, su voz se quebraba cada vez más; no podía permitir que cayera, que perdiera todo por lo que ha luchado, algo tenía que hacer al respecto.
Elena me miro y sonrió un poco.
Elena soltó una risa sincera que por un momento iluminó el lugar, pedí el café para llevar y salimos. Ya había oscurecido así que me dispuse a no dejarla sola y acompañarla.
De nuevo Elena caminaba en silencio observando todo a su alrededor, respirando profundamente una y otra vez, en esta ocasión; no podía quedarme con la duda así que me arme de valor.
Elena sonrió, se detuvo y me miró fijamente a los ojos.
Respira profundamente, cierra los ojos por un instante y déjate ir con la energía de la ciudad.
Cerré los ojos, respiré profundamente y tal cual me lo dijo Elena, me dejé ir con la energía de la ciudad; realmente podía sentir como fluía su espíritu en mí; una energía inigualable, ligera y poderosa; cada destello de luz que lograba percibir me transportaba a un mágico lugar; el sonido de la ciudad cantaba al unísono mientras apreciaba a cada paso la diversidad de la que Elena me hablaba. Después de caminar unas cuadras en silencio, nos dejamos llevar por el encanto de la ciudad; Elena tomó mi mano.
No dije nada, sentí una sensación indescriptible, la miré con ternura mientras ella hacía lo mismo. Sonreímos por un momento y continuamos caminando, disfrutando, llenándonos de tan sinigual magia. Cuando llegamos a su departamento abrió tranquilamente, volteó a mirarme, se acercó lentamente mientras no dejaba de mirarme, esa mirada era diferente a las anteriores, profunda, cálida… me puse nervioso y la abracé; por un momento se quedó quieta sin hacer nada, después de un momento me abrazó.
Ambo sonreímos, el ambiente se notaba un poco denso y yo me encontraba nervioso. Elena no dijo más, entró a su departamento y cerró la puerta; era hora de regresar al departamento. Camino de regreso pensaba en cómo ayudar a Elena, su problema no era cosa fácil pero alguna solución debía haber. Al llegar a mi departamento me senté en un sillón y abrí la pantalla del Ring Pad, tenía un nuevo mail de Guadañita:
Muerte, me da mucho gusto que te esté yendo bien, pero es necesario que sepas una cosa; este programa en automático jamás lo había visto y me alarma tanta calma, donde el jefe se presente y se dé cuenta de todo nos va a ir como en feria a los dos. ¡Por favor apúrate!
Guadañita tenía razón en estar preocupado, con tanta emoción he olvidado por completo quien soy y las consecuencias que habrá si el jefe se entera, necesitaba responderle de inmediato: