Perdido En El Amor

PARTE XV

La historia de cada uno de los amigos de Elena fue una lección, todos eran personas maravillosas a las que solo les importaba ayudar al que lo necesitara sin pedir absolutamente nada a cambio, más que una oportunidad para mostrar su verdadero potencial.

  • Entiendo perfectamente el problema Elena, pero estoy seguro de que algo podremos hacer, no podemos permitir que ese tipo se salga con la suya, han trabajado incansablemente por una noble causa.
  • Lo sé y créeme que me duele como no tienes una idea, me duele saber que todo el empeño y sacrificio que han puesto mis amigos puede perderse de un día para otro gracias a un vividor y miserable hombre, pero es prácticamente imposible enfrentarlo; tiene dinero y contactos en todos lados, sería un suicidio enfrentarnos a él.

Miraba con tristeza a Elena, sus ojos perdían brillo, su voz se quebraba cada vez más; no podía permitir que cayera, que perdiera todo por lo que ha luchado, algo tenía que hacer al respecto.

  • Sé que algo se nos ocurrirá Elena, no me gusta ver tus ojos sin su brillo, no me gusta tu tristeza, tu sufrimiento.

Elena me miro y sonrió un poco.

  • Valoro mucho que estés aquí Steve, has sido un gran apoyo; de verdad no sé cómo agradecerte por todo lo que has hecho por mí. – la escuché sincera mientras me tomaba la mano.
  • Y si te pido un café tamaño oso para llevar… ¡Bien calientito! ¿Crees que podría alegrarte un poco?

Elena soltó una risa sincera que por un momento iluminó el lugar, pedí el café para llevar y salimos. Ya había oscurecido así que me dispuse a no dejarla sola y acompañarla.

  • Te llevaré a tu casa… caminando, claro, si no hay ningún problema.
  • ¡Seguro que sí! –sonrió.

De nuevo Elena caminaba en silencio observando todo a su alrededor, respirando profundamente una y otra vez, en esta ocasión; no podía quedarme con la duda así que me arme de valor.

  • Disculpa que te interrumpa Elena, pero… tengo una duda
  • Dime… ¿Qué pasa?
  • Cada vez que caminamos o nos movemos hacia algún lugar, vas muy callada y atenta a todo lo que hay a tu alrededor, respiras profundamente una y otra vez; no he querido molestarte cuando lo haces, pero esta duda crece cada vez más.

Elena sonrió, se detuvo y me miró fijamente a los ojos.

  • Nadie jamás había notado eso Steve, eres el primero que me pregunta por qué lo hago y me da mucho gusto que lo hayas hecho; te voy a explicar: Cuando camino mantengo mi mente y espíritu sobre mi andar, me lleno de cada detalle que hay a mi alrededor y respiro profundamente para liberarme, para relajarme, la ciudad es mágica con sus luces y toda su diversidad; eso es lo que hace de New York una ciudad única… su diversidad de culturas. En cada esquina puedes encontrar parte de la historia del mundo, eso es mágico y me gusta mucho Steve, solo caminando y prestando atención a ello podrás descubrirlo y llenarte totalmente de su espíritu incansable.

Respira profundamente, cierra los ojos por un instante y déjate ir con la energía de la ciudad.

Cerré los ojos, respiré profundamente y tal cual me lo dijo Elena, me dejé ir con la energía de la ciudad; realmente podía sentir como fluía su espíritu en mí; una energía inigualable, ligera y poderosa; cada destello de luz que lograba percibir me transportaba a un mágico lugar; el sonido de la ciudad cantaba al unísono mientras apreciaba a cada paso la diversidad de la que Elena me hablaba. Después de caminar unas cuadras en silencio, nos dejamos llevar por el encanto de la ciudad; Elena tomó mi mano.

  • ¡Estás muy frio! – menciono extrañada.

No dije nada, sentí una sensación indescriptible, la miré con ternura mientras ella hacía lo mismo. Sonreímos por un momento y continuamos caminando, disfrutando, llenándonos de tan sinigual magia. Cuando llegamos a su departamento abrió tranquilamente, volteó a mirarme, se acercó lentamente mientras no dejaba de mirarme, esa mirada era diferente a las anteriores, profunda, cálida… me puse nervioso y la abracé; por un momento se quedó quieta sin hacer nada, después de un momento me abrazó.

  • ¡De nuevo te agradezco, por todo lo que haces por mí, por estar aquí y por apoyarme incansablemente! – sonrió.
  • ¡Gracias a ti Elena, por permitirme ser parte de ti!

Ambo sonreímos, el ambiente se notaba un poco denso y yo me encontraba nervioso. Elena no dijo más, entró a su departamento y cerró la puerta; era hora de regresar al departamento. Camino de regreso pensaba en cómo ayudar a Elena, su problema no era cosa fácil pero alguna solución debía haber. Al llegar a mi departamento me senté en un sillón y abrí la pantalla del Ring Pad, tenía un nuevo mail de Guadañita:

Muerte, me da mucho gusto que te esté yendo bien, pero es necesario que sepas una cosa; este programa en automático jamás lo había visto y me alarma tanta calma, donde el jefe se presente y se dé cuenta de todo nos va a ir como en feria a los dos. ¡Por favor apúrate!

Guadañita tenía razón en estar preocupado, con tanta emoción he olvidado por completo quien soy y las consecuencias que habrá si el jefe se entera, necesitaba responderle de inmediato:




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