Perdidos

Mantra

El día avanzó con una normalidad inquietante.

Demasiado normal.

Las risas de los estudiantes llenaban el aire del bosque, los profesores intentaban mantener cierto orden mientras algunos se alejaban del grupo para tomar fotos o explorar los alrededores. El sol se filtraba entre las ramas altas de los árboles, dibujando sombras suaves sobre el suelo cubierto de hojas.

Nada parecía fuera de lugar.

Nada parecía recordar lo que Alex había vivido.

Pero él sí lo recordaba.

Cada paso que daba en aquel bosque le resultaba familiar, como si su cuerpo reconociera el terreno antes que su mente. El mismo sendero, el mismo olor a madera húmeda, la misma sensación incómoda en el pecho.

Miró a Esperanza varias veces durante el día.

Ella estaba tranquila. Hablaba con algunos compañeros, reía de vez en cuando, aunque a ratos se quedaba pensativa mirando el bosque.

No recordaba nada.

Tal como la voz había dicho.

Durante horas todo siguió así. Sin sombras. Sin susurros. Sin presencias.

Hasta que el sol empezó a descender.

El cielo comenzó a teñirse de naranja y el bosque adoptó ese silencio particular que llega justo antes de la noche.

Fue entonces cuando Alex lo escuchó.

Un susurro.

Luego otro.

Después muchos.

Voces.

Al principio eran apenas audibles, como si llegaran desde muy lejos, arrastradas por el viento entre los árboles. Pero poco a poco se volvieron más claras... más desesperadas.

Suplicaban.

_Regresa...
_Nuestro señor...
_Regresa...

Alex se quedó inmóvil.

Su respiración se volvió más lenta.

_Alex...

La voz de Esperanza lo sacó de ese trance.

Ella lo miraba con el ceño fruncido, inquieta.

_ ¿Qué sucede, Alex? -preguntó en voz baja-. ¿Qué son esas voces?

Alex giró la cabeza hacia ella.

_ ¿Tú... también las escuchas?

Esperanza asintió lentamente.

_Sí... pero... -miró alrededor- ¿por qué los demás no reaccionan?

Alex observó al grupo.

Los estudiantes seguían hablando, riendo, algunos preparando mochilas para volver al bus. Nadie parecía notar nada extraño.

Las voces seguían suplicando.

_Solo tú y yo podemos escucharlas -dijo Alex finalmente-.

Esperanza sintió un escalofrío.

_Alex... te están llamando.

Él bajó la mirada un segundo.

_Lo sé.

El silencio entre ambos se volvió pesado.

_ ¿Qué vas a hacer?

Alex levantó la vista hacia el bosque oscuro que comenzaba a formarse más allá del claro.

_Voy a ir.

Esperanza se puso de pie de inmediato.

_Entonces voy contigo.

Alex negó con la cabeza.

_No.

_Alex...

_ Quédate aquí -dijo con firmeza-. Distrae a los demás. Diles cualquier cosa.

Ella lo miró, preocupada.

_Regreso en media hora.

Alex miró su reloj mientras hablaba.

Luego sacó una pequeña linterna de su mochila.

_Esta vez voy preparado.

Esperanza no respondió. Solo lo observó alejarse entre los árboles.

Y por alguna razón que no podía explicar, sintió miedo.

Mucho más miedo que antes.

El bosque se volvió más oscuro a cada paso.

Las voces seguían guiándolo.

_Regresa...
_Nuestro señor...
_Te esperamos...

Alex caminó durante varios minutos hasta que el sendero desapareció.

Solo quedaban árboles.

Árboles y silencio.

Hasta que lo vio.

Un pequeño espacio donde el bosque se abría.

Un círculo natural donde ningún árbol crecía.

Exactamente como en su sueño.

Alex apagó la linterna.

La oscuridad lo envolvió.

Pero no parecía preocuparle.

Se arrodilló en el centro del claro.

Cruzó ambas piernas y juntó las manos frente a su pecho en forma de oración.

Entonces comenzó a recitar.

Un mantra antiguo.

Un idioma que ningún ser humano moderno podría reconocer.

Las palabras fluían de su boca con una naturalidad inquietante, como si siempre hubieran estado allí, esperando ser pronunciadas otra vez.

"Umbra morthen cedeth...
Aethra kael varun...
Ignis tharae lumeth...
Fen'kara vel nara...
Per ignem purgar...
Per anima liberar...
Umbra cedeth... cedeth... cedeth..."

El aire alrededor comenzó a vibrar.

El suelo bajo él tembló suavemente.

Poco a poco, una figura empezó a formarse en la tierra donde estaba sentado.

Primero fue un brillo tenue.

Luego líneas incandescentes.

Y finalmente, un símbolo completo.

Un fénix.

La misma figura que llevaba tatuada en el brazo.

Pero esta vez parecía viva.

El dibujo ardía bajo él como si fuego líquido recorriera sus contornos.

Alex abrió los ojos.

Y el cambio fue inmediato.

Sus ojos, antes azules, se volvieron de un rojo profundo.

Fen'kara vel nara...
Per ignem purgar...
Per anima liberar...
Umbra cedeth... cedeth... cedeth..."

El tatuaje en su brazo comenzó a brillar con la misma intensidad que el símbolo en el suelo.

No dejó de recitar el mantra en ningún momento.

Per ignem purgar...

Las palabras se volvieron más fuertes.

Más antiguas.

Per anima liberar...

Más poderosas.

Hasta que finalmente abrió las manos.

De sus palmas emergió una luz rojiza intensa que iluminó todo el claro del bosque.

Umbra cedeth... cedeth... cedeth..."

Las sombras retrocedieron.

Los árboles parecieron inclinarse.

Y por un instante, el mundo pareció detenerse.

Luego la luz se disipó.

El silencio volvió.

Alex bajó lentamente las manos.

Frente a él... algo comenzó a revelarse entre la oscuridad.

Las formas de madera vieja.

El techo inclinado.

Las paredes desgastadas.

La cabaña.

La misma cabaña que había visto en su sueño.




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