Guille
Me desperté sobresaltado por la alarma; eran las nueve de la mañana.
—Joder… qué sueño —murmuré, medio adormilado.
Era viernes y, por suerte, habían suspendido las clases de la universidad. Se suponía que iba a hacer un día horrible: lluvias, viento… se alarmaban demasiado. Pero bueno, ¿quién soy yo para quejarme? Soy el primero en no querer ir a clase.
Había quedado con mis amigos —Carlota, Adriana, Oliver, Cristóbal y Emily— para hacer un plan de los nuestros, pero primero había que ponerse de acuerdo. Me vestí con lo primero que pillé: un chándal negro y unos tenis Nike blancos, y salí corriendo de casa, claro, acompañando a Mia, mi golden retriever, a quien adopté de un refugio hace cuatro años.
Llegué a la casa de Emily en tres minutos; estaba bastante cerca de la mía. Ella me abrió el portal y subí al tercer piso. Al salir del ascensor, Emily ya estaba esperándome en la entrada de su casa, con la puerta abierta. Solté a Mia, que corrió directo a sus brazos.
—¡Cómo pesas, eh, Mia! ¿Quién es la perra más guapa del mundo? ¿Tú? —dijo Emily, acariciándola.
—¡Holaa! —la saludé yo con una sonrisa.
Me invitó a entrar y llegué al salón donde ya estaban Adriana, Oliver y Carlota sentados.
—Hola, chicos. ¿Y Cristóbal? —pregunté.
—Llegará tarde, como siempre —respondió Oliver con media sonrisa.
—Bueno… supongo que ha sido tonto preguntar —comenté encogiéndome de hombros.
Mia se acomodó en el sillón, buscando caricias de todos. Después de un rato hablando sobre nuestras cosas, Cristóbal llegó y por fin estábamos todos reunidos para hablar del plan.
—¿Y bien? —preguntó Adriana—. ¿Qué vamos a hacer?
—Pues sigue en pie lo de ir al sendero del bosque, ¿no? Sería emocionante —dije.
—Yo iré —añadió Emily—. Tengo cosas que podemos llevarnos, y hasta podríamos acampar allí.
—A ver… el plan no sería dormir allí, ¿no? —preguntó Oliver con cierto recelo.
—Sí, sí —dijo Emily rápido—, pero si al final decidimos dormir allí, puedo llevar tiendas y demás. Tengo una mochila enorme, me caben bastantes cosas.
—Yo también tengo una mochila —intervino Carlota—. Si no caben seis cosas en una, llevo las que no quepan en la mía.
—Vale, pero ¿no habéis escuchado lo de la gente que desaparece al adentrarse mucho en ese bosque? —preguntó Cristóbal, serio.
—Eso son leyendas —replicó Oliver.
—No exactamente —intervino Adriana—. Tiene razón, pero no por cosas paranormales: simplemente se pierden, o se los come un oso. La mayoría suelen ser encontrados.
—Bueno… encontrados muertos —dijo Cristóbal, bajando la voz.
—Depende —aclaró Adriana con gesto preocupado.
—¿Y Mia? —pregunté—. ¿Qué hago con ella?
—Llévatela, a los perros les gusta andar —dijo Carlota.
—Si no os importa, me la llevo —añadí, y Mia levantó la cabeza como si supiera que también ella formaba parte del plan.
—Vale, pues salimos mañana —dijo Oliver—, y si acaso dormimos allí, y el domingo volvemos y listo.
—Vale —dijo Adriana—. Yo me llevaré mi cámara, así hacemos fotos y vídeos.
—Perfecto —añadió Emily—. Esta noche vamos al restaurante.
—Me parece bien —dije yo, sonriendo.
Todos comenzaron a despedirse. Cogí a Mia, la até, y salí de la casa. Tenía que preparar todo para mañana.
Editado: 05.02.2026