Oliver
Eran las nueve y diez de la noche cuando llegué al restaurante, con mi novia de copiloto.
—Bájate tú primero y dile que la reserva está a nombre de Oliver Gómez —le indiqué.
—¡Valee! —respondió Adriana.
Le di un beso rápido para despedirme y ella salió del coche. Yo me puse a buscar un sitio para aparcar, aunque sabía que no iba a ser fácil: a esta hora, en esta zona, nunca hay un sitio libre. Al final decidí meterme en un parking; aparqué en el piso -2 y subí por el ascensor hasta la calle.
Al salir, me encontré con uno de mis mejores amigos, Gabriel.
—Hola, ¿a dónde vas? —me saludó.
—Na, pues a casa, que vengo de entrenar. ¿Y tú? ¿Tan arreglado? —preguntó, curioso.
—Pues… a cenar. Vamos a contarle a los demás que Adriana y yo estamos juntos.
—¿Todavía no lo saben? —se rió.
—Tú lo sabes porque me pillaste, eh. Si no, hoy tampoco te habrías enterado.
—Bueno, bueno… y mañana, ¿qué haces?
—Vamos a hacer una caminata con Guille, Carlota, Adriana, Emily y Cristóbal, y después volvemos.
—Pues ten cuidado, que ha salido en las noticias otra pareja desaparecida por esa zona.
—Oye, que nosotros somos más expertos en esto de las caminatas —le contesté con una sonrisa.
—Ya lo sé —dijo Gabriel, riéndose.
Terminamos de hablar y cada uno se fue por su camino. Llegué al restaurante; Adriana ya estaba sentada en la mesa. Me senté frente a ella, y poco a poco comenzaron a llegar los demás.
Estaba un poco nervioso, y Adriana también; se le notaba en la cara. Como siempre, intentaba disimular contando anécdotas graciosas de su vida, esas que salen cuando está nerviosa o simplemente porque se le ocurren en el momento. Le hice una señal para indicarle que era el momento de decir la verdad.
—Mmm, chicos —empecé—, tenemos algo que contaros.
—¿El qué? —preguntó Guille, curioso.
—Es que Adriana y yo llevamos un mes y medio siendo novios en secreto, y hoy ha sido el mejor momento para decirlo —solté, sonriendo.
—¿En serio? —preguntó Cristóbal, sorprendido.
—Sí.
—¡Adriana, Adrianaaa! ¡Beso, beso, beso! —gritó Carlota emocionada.
Guille se unió rápidamente:
—¡Beso, beso, beso!
Me levanté un poco y le di un beso a Adriana. Todos aplaudieron y gritaron de emoción. Miré de reojo a Emily, que no había dicho nada desde la noticia; nos miraba con mala cara. Supuse que se habría puesto un poco celosa, nada que no se arregle con el tiempo.
—Oye, oye —interrumpió Adriana, intentando cambiar de tema—. Otra cosa… ¿sabíais que de pequeña me pensaba que un enchufe del cargador era un spaghetti y me lo comí? Casi me electrocutó entera. O sea, podría haber muerto… qué lista era de pequeña.
Todos soltamos una carcajada, y el ambiente volvió a relajarse mientras continuábamos la cena.
Editado: 05.02.2026