Perdona Si Te Enamoro-Tercer Libro-

Capítulo 7

"Lo difícil no era amarlo

"Lo difícil no era amarlo... lo difícil era fingir que no lo hacía."-Esmeralda

"-Esmeralda

Esmeralda

La música me envolvía por completo. No pensé, solo me dejé guiar por los compases que resonaban en el pequeño garaje. La voz de Rika era rasgada y poderosa, de esas voces que erizan la piel con solo oírlas. En esos momentos no había espacio para Cole en mi mente... bueno, un pequeño hueco que parecía que Cole era el propietario de él.

Odiaba la sensación que me causaba saber que Cole y yo solo nos limitaríamos a lo que teníamos: ser amigos, mirarlo desde lejos, desearlo con fuerza, suspirar ante su presencia.

Con cada pensamiento que invadía mi mente con más fuerza, tocaba con más rabia. Noté la mirada de Stacy puesta en mí, pero la ignoré. Conocía a la chica y sabía que era capaz de mirar dentro de mí, y nadie sabía mi pequeño secreto, nadie sabía lo que sentía por Cole.

Al terminar el ensayo me sentí extasiada. La sensación de haber liberado todo lo que sentía en cada acorde, en cada movimiento, hacía que me sintiera liviana. Ya no había preocupación, solo una inmensa felicidad porque la música me hacía sentir viva.

Las chicas no paraban de hablar de cosas que, en mi opinión, no me interesaban. Como era de esperar, Harley y Stacy estaban hablando de Aria y de Eri, contando todos los planes que habían hecho durante la semana y la futura escapada que harían próximamente para las vacaciones.

Yo no sabía lo que haría. Seguramente iría donde estaban mis madres y pasaría allí las vacaciones. Eso me serviría, en cierta manera, para olvidarme un poco de él y desconectar de todo lo que me rondaba por la mente.

Cogí la botella y le di un pequeño sorbo. Rika estaba absorta en sus pensamientos, no decía nada. Pocas veces decía palabras; ni siquiera nosotras llegábamos a conocerla del todo. A veces era un gran enigma que causaba intriga, pero tampoco éramos personas que quisiéramos obligarla a hablar.

—Bueno, chicas, me voy a ir, que tengo que trabajar y Eri se está volviendo loca con Chiara —soltó Stacy.

Vi que Rika se sobresaltó un poco, solo un gesto mínimo, pero perceptible para mí.

Mi mente fue a mil por hora, pero no quise darle vueltas. Podían ser imaginaciones mías, pensé para mis adentros. Seguramente lo era, me repetí para tranquilizarme.

Poco a poco todas empezamos a despejar la sala. Al salir noté cómo el calor se pegaba a mi cuerpo y sentí una inmensa necesidad de darme una ducha. Sí, eso haría nada más llegar a casa.

Me encaminé al coche, pero no sin antes ver la escena que hizo que mi corazón se encogiera.

Vi a Aria con Harley, las dos sonriendo y besándose, mientras Stacy estaba con el teléfono, dándole ánimos a Eri, diciendo que enseguida estaría, que no la dejaría sola. No voy a negar que esas dos escenas, aunque cotidianas y normales en ellas, en esos momentos eran tan dolorosas que aparté la mirada y rápidamente abrí la puerta de mi coche.

Al entrar, empecé a darle golpes al volante, a gritar en silencio, a odiar todo lo que estaba rondando mi mente. Incluso llegué a pensar, por un microsegundo, en odiar a Cole por no darse cuenta de lo que sentía. Pero tampoco se lo había dicho, y me había prometido no decírselo nunca.

Me quedé unos diez minutos más. Más tranquila y con las cosas más claras, me encaminé a casa, aunque era consciente de que el amor de mi vida —el cual no sabía que era el amor de mi vida— me estaría esperando, sin saber realmente lo feliz que me hacía tenerlo en casa.

Adoraba la energía que él había dejado en ella. Amaba el olor de él esparcido por todo mi hogar. Era casi embriagador y se había apoderado de todo mi sistema, y no quería deshacerme de eso, aunque sabía que me dolía más que cualquier otra cosa.

Era casi embriagador y se había apoderado de todo mi sistema, y no quería deshacerme de eso, aunque sabía que me dolía más que cualquier otra cosa

Nada más llegar al edíficio solté el aire que había aguantado todo el trayecto. Con cada paso que daba a mi hogar más me latía el corazón, debía mentalizarme de que él estaba allí, que vivía allí y que obviamente lo vería todos los días, bueno, hasta que él decida irse de la casa, me recordé a mi misma.

Ya en la puerta, cogí las llaves y al abrirla, vi todo oscuro.

Lo primero que me vino a la mente es que Cole había salido, pero, cuando me adentré más en la casa, me quedé parada en el centro del salón. Mi corazón se paró en seco, noté como no recordaba como respirar, y como mis ojos se llenaban de lágrimas.

Había un montón de velas por la casa, la mesa estaba decorada con un mantel aunque de cuadros, me parecía de lo más tiernos. Vi un florero colocado con esmero en el centro de la mesa, con dos copas llenas de vino y unos espaguetis que hicieron que mi estómago rugiera.




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