Perdona Si Te Enamoro-Tercer Libro-

Capítulo 9

"Fingir que no me importas es fácil

"Fingir que no me importas es fácil... hasta que te tengo delante."-Esmeralda

"-Esmeralda

ESMERALDA

Mi pie se movía con nerviosismo. No sé cuántas veces me levanté del sillón, cuántas veces di vueltas por la casa. Mi cabeza era un manojo de nervios.

Había descubierto —o mejor dicho, Cole me lo había contado— que Ava le había invitado al cine a ver una película.

No voy a negar que aquello hizo que un escozor se apoderara de mí, y tampoco iba a negar que me permití el lujo de llorar unos cinco minutos.

Solo cinco minutos.

Solo de pensar en Cole hablando con ella.

Solo de imaginar a Cole riéndose de algo que, seguramente, ella dijera.

Solo de visualizar en mi mente a Cole cogiéndole del brazo.

De nuevo el picor en los ojos. De nuevo la sensación de que me rompía un poco más.

¿Cuánto se puede romper una persona en un mismo día?

Creo que millones de veces.

La mente podía ser el peor enemigo de una persona. Por experiencia, sabía que lo mejor era intentar no caer en los pensamientos negativos que me consumían en relación con Cole.

Nos habíamos besado.

Y había sido el jodido beso más mágico de mi puta existencia.

Sí, solo de recordarlo me calentaba por dentro. Las entrañas se me removían, y mi cuerpo, traicionero, hacía que toda mi piel se fuera encendiendo poco a poco.

Aquellas manos que me habían sostenido con una delicadeza casi tortuosa. Esos ojos que me habían hecho caer en el abismo más hermoso en el que alguien podía perderse.

La forma en la que me sujetaba como si yo fuera su ancla... como si fuera lo único que le impedía caer.

La manera en la que sus labios me recorrieron. La forma en la que su cuerpo, hecho para encajar con el mío, se acoplaba a mí.

Éramos dos piezas de puzle.

Encajábamos en todo.

Y, si hubiera creído en el destino, habría jurado que él y yo nacimos para encontrarnos. Para estar juntos.

Solo de pensarlo, otra lágrima cayó de mis ojos.

Estaba cansada.

No podía seguir así.

Por eso no dudé: marqué el número de Aria.

Un tono. Dos.

Y entonces su voz dulce y angelical inundó mis oídos.

—¡Hola, Ese! —canturreó.

—Hola, Aria... ¿estás en casa? —me mordisqueé las uñas, casi haciéndome daño.

—Sí, Harley está ocupada haciendo no sé qué en no sé dónde —se rió—. ¿Me debería preocupar? —preguntó en broma.

—Venga ya —me reí—. Si te descuidas, Harley te haría una maldita estatua en el centro de la ciudad con sus propias manos... no sé si tendrá un altar secreto en tu honor —seguí bromeando.

—Es que la tengo que amar —dijo con voz soñadora—. Pero bueno, me desvío del tema. Sí, estoy en casa. Vente si quieres; Eri también va a venir.

—Claro, dame unos diez minutos —dije sin borrar la sonrisa.

—¡Genial! Te espero.

Colgué.

La verdad es que había sido un impulso, llevado por la necesidad de olvidarme de que el amor de mi vida estaba con otra tipa

La verdad es que había sido un impulso, llevado por la necesidad de olvidarme de que el amor de mi vida estaba con otra tipa.

En esos momentos me veía conduciendo, absorta en mis pensamientos. La casa de Aria no estaba lejos y, sinceramente, la idea de estar rodeada de ella y Eri me recomponía de manera positiva.

Ellas eran luz. Luz que alumbraba el camino oscuro de las personas.

Les pasaba como a Cole: los tres estaban destinados a ser el faro de las almas heridas, a guiarlas hacia una vida más plena, más feliz... más luminosa, quizás.

Así me sentía con Cole.

Era como una luz casi cegadora. Te incitaba a tocarla, pero sabías que era demasiado intensa, que te quemarías en cualquier momento.

Qué irónico que yo, una persona que tenía algo de positividad, me viera eclipsada por la suya.

Y ahora otra persona estaba disfrutando de esa luz.

Le di un puñetazo al volante.

—¡Ya basta! —bramé dentro del coche.

Iba a dejar de pensar en él.

Me centraría en mis amigas, en mi vida. Estaba cansada de que mis sentimientos me controlaran de esa manera, como si fuera una jodida muñeca que no sabe qué hacer si no la mueven al compás de lo que otros desean.

¿Que Cole prefiere estar con Ava?

Que le aproveche.

No necesito nada de él.

No necesito sus malditos besos.

No necesito sus estúpidos y hermosos ojos.

Ni su asquerosa y preciosa sonrisa.

No.

Podía con ello.

Tenía que ser fácil, me repetí.

Solo tenía que ocupar mi mente. Salir más. Conocer gente. Intentar aislar esos sentimientos. Abrirme a quedar con otros chicos.

Quizá alguno fuera más interesante que Cole...

Lo dudaba.

¡Pero no lo descartaba!

Aparqué rápidamente y salí del coche con una nueva determinación. Sujeté con firmeza los tirantes de mi bolso, abrí la verja y llamé a la puerta.




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