"Y quemaba... quemaba no tocarla, no tenerla... quemaba que no se dejara amar." —Cole
COLE
—¿Qué tiene de interesante Tinder? Me refiero, ¿la gente no es capaz de conocer a alguien en persona? ¿Qué tiene de divertido salir de fiesta? Solo hay ruido, gente borracha y manchas extrañas que aparecen en la ropa de origen desconocido. No comprendo por qué Esme hace eso —bufé mientras le daba un sorbo a mi taza de café.
Había quedado con Rika al día siguiente de lo sucedido con el tema de Esme. No comprendía por qué no había corrido a explicarle a mis amigas lo que me pasaba.
Joder, Aria y Eri eran mis mejores amigas, por el amor de Dios, y no había sido capaz de decirles lo que sentía por Esmeralda.
Pero Rika, tras el mensaje que le había mandado pidiéndole ese café, había aceptado de buena gana.
Era una conversadora de lo más entretenida y, desde que nos habíamos sentado en la mesa de la cafetería de la nonna de Eri, no habíamos parado de hablar... bueno, y de lanzar miradas a Chiara que, de ser otra situación, habrían puesto una orden de alejamiento.
Rika no es que escondiera lo que sentía, o al menos sus intentos eran de lo más nefastos. Había estado mirando a Chiara de reojo continuamente y, aunque desconocía el porqué del interés hacia esa chica —que, en mi opinión, no era buena para ella—, había aceptado el hecho de que estaba colada hasta los huesos por ella.
Aun así, no dispersaba la atención de lo que yo decía y me respondía a todo.
—En Tinder se puede conocer a gente muy interesante, y la fiesta es cuestión de gustos. Yo, al menos, pienso igual que tú, pero es verdad que le vendría bien sal... —la mirada que le lancé hizo que Erika le diera un sorbo a su café.
—Sin duda, una absurdez, sí señor —me reí al ver cómo Erika desviaba la mirada, pensando que había salido ilesa.
—Qué graciosa que eres, Rika —resoplé.
Ella esbozó una sonrisa enorme.
—Lo sé.
Le lancé el sobre de azúcar, haciendo que se riera de forma estruendosa y llamara la atención de las personas que estaban a su alrededor.
Fue en ese momento cuando me paré a observar el aspecto de Rika. Tenía el cabello castaño oscuro, rizado. Su piel blanca era llamativa, y sus ojos, de un hermoso y profundo gris, dejaban a cualquiera extasiado.
Su cuerpo era atlético, de hombros un pelín anchos, y caderas y cintura estrechas; piernas kilométricas que siempre estaban entalladas con sus vaqueros ajustados negros. Siempre vestía con camisetas básicas, de color negro o gris, no pasaba de eso. Rika era una mujer atractiva, y captaba la atención aunque ella ni siquiera se percatara de ello.
—Pero sabes por qué estoy así, tan descolocado. Es que... —hice una pausa y respiré hondo— llevo dos años enamorado de ella. Dos malditos años. No sé por qué me pasa con ella, joder, Rika. Yo nunca he sentido deseo por nadie. Nunca —grité en un susurro—. Yo me categoricé como asexual. He besado a mujeres: sí, he tenido citas: sí. Pero no he sentido el deseo que siento por Esmeralda —pasé el dedo por el borde de mi taza.
—Nunca me he acostado con nadie. Y con Esmeralda... joder, Rika, cuando nos besamos estuve a punto de follármela allí mismo, en la jodida barra americana, porque el puto deseo que tenía era inmenso. Y perdón por lo que voy a decir ahora, mi madre siempre me había dicho que delante de una mujer tenía que hablar con educación —Erika se rió.
—Me dolía de tal manera que juro que tuve que hacerme una maldita...
—Detalles innecesarios, gracias —me cortó, colocando su mano en mi boca.
Me reí contra ella.
—De haber sido hetero, juro que te hubiera dicho: "¿Lo hacemos en los baños?"
Alzó una ceja de arriba abajo y, de nuevo, me reí.
—Quizás estás confundido con tu orientación. Quizás no es que seas asexual, sino más bien demisexual —se encogió de hombros.
—¿Demisexual? —pregunté, dudoso.
—Sí. Tendría sentido. Los demisexuales sienten deseo cuando ya tienen un vínculo con una persona. Quizás es lo que te pasa a ti y, obviamente, a tu...
—Lo he pillado —la interrumpí—. Quizás... tendré que investigar y comentárselo a mi madre. Ella siempre ha sido muy comprensiva. Con carácter, pero comprensiva. Cuando mi padre falleció, se volcó demasiado en mí —dije, al recordar.
—Dios, lo siento, Cole —dijo Rika rápidamente.
—Han pasado años... aunque ella aún sigue llorando su pérdida. Mi madre y mi padre se querían con locura, era algo surrealista. Salían todos los fines de semana, lo que nos daba a Aria, Eri y a mí para pasar noches solos. Ahora mi madre sigue saliendo, pero más con amigas. La verdad es que me hace feliz que haga eso... al menos no se queda mirando fotos y lamentándose por no haber hecho nada.
Un nudo se apoderó de mí.
—Pero no quiero hablar de cosas tristes —me sequé una lágrima—. Nunca he sido de los que lloran en silencio a solas.
Siempre lo expreso... es una forma de aligerar el alma.
Nos tiramos un rato más hablando de cosas más amenas; las risas eran el sonido que más se escuchaba en todo el establecimiento.
Chiara, por otro lado, se notaba agotada. Las ojeras eran más que evidentes y su tez morena carecía de brillo. Bostezaba de vez en cuando y parpadeaba con rapidez, intentando aliviar el sueño evidente en su rostro. Vi cómo Rika suspiraba. La miró con cierta tristeza en los ojos, como si le doliera verla de ese modo.