Perfecto a tu manera

Capítulo 6

Capítulo 06| Donde nace una falsa amistad
 


*LENA*
 

—Me sorprende lo atrevido que son ustedes —confiesa Ramón, el conserje—. De todos los años que he estado aquí, ninguno de los estudiantes se había encerrado juntos en una habitación.

—Tú fuiste el que nos encerró —puntualizo mientras me sacudo los jeans, y él le da varias vueltas al juego de llaves.

—Me encanta como se desesperan por salir —confiesa con total diversión en su voz. Este señor no es normal—. Además, encerrarse puede ayudar hasta resolver los más grandes problemas. Les estoy haciendo un favor —Introduce una llave, la gira varias veces y la vuelve a sacar para probar la siguiente.

—¿No ha pensado en colocarle colores para identificarlo del resto? —Hago referencia a las cincuenta llaves que cuelga todos los días en ese pantalón azulado.

—Hacer eso, es como colocarle nombre de animales a mis nietos. Prefiero llamarlos enanos a todos.

Suspiro, y apoyo mi hombro izquierdo en la cremosa pared. El cuarto ha quedado menos sucio, y no me ha costado tanto como lo pensaba. Debería encerrar a Drew en la próxima mancha que dejaré en un cuadro.

—Tu novio ha salido de la habitación como si huyera de un payaso —dice con gracia al recordar de quién estamos hablando—. ¡Por fin! Esto es peor que llamar a mis nietos —señala, y empuja de la madera para entrar.

—Él no es mi novio —reitero mientras le paso la escobilla y otros materiales que se encontró de camino hacia el armario.

—Si lo fuera no huiría de ti —dice con bastante obviedad—. Deberías irte a casa, nadie querrá dar clases con alguien que huele a la ropa de mi difunta suegra.

Genial, perdí mi primer día de clases y ahora huelo al armario de su suegra, ¿qué más falta?

—Ya acabé, ten más cuidado la próxima vez con un cuadro —advierte para posteriormente darle cierre al candado—. Iré a limpiar el baño, parece que alguien vomitó el almuerzo. Los jóvenes de ahora no saben lo que es una buena sopa de cerdo.

Recoge unos trapos y se va caminando hasta el final del pasillo sin dejar de murmurar acerca de los adolescentes. Miro a mi alrededor, y pienso en la opción de traer ropa de repuesto. He perdido mi primer día de clases por culpa de una insignificante mancha. Definitivamente, he decepcionada a la abuela con lo de "cero problemas más sonrisas".

—¿Len? —Su voz me atraviesa como pequeñas agujas que terminan inmovilizándome por completo. Sacudo la cabeza varias veces, creyendo que solo es una broma creada por mi cerebro y que me he vuelto loca—. Lena, date la vuelta, necesitamos hablar.

Ya comprobé que no estoy loca. No tengo ganas de hablar y que me empape de toda esa verdad. No quiero que me lo diga porque duele más cuando sale de sus labios a qué lo estés pensando. Fijo mi vista en la entrada de la facultad, y cuando el sonido de su zapatilla da el primer movimiento, empiezo a correr casi de manera automática. No me detengo, sé que Isaac me está siguiendo y que pronto me alcanzará.

—¿Olvidas que eres lenta? —susurra en mi oreja mientras me detiene del codo y hace que voltee a verlo.

—¡Déjame ir!

—Lena, ¡escúchame por una vez en tu vida!

—¡No quiero! ¡Déjame, déjame! —Intento zafarme varias veces, pero mientras más me esfuerzo en hacerlo más fuerza le pone.

—¡Ese es tu problema, Lena! Te gusta escapar de la verdad todo el maldito tiempo. Huir de ella no te dejará de doler menos.

No sé en qué momento comencé a llorar, parecía que todo mi rostro me pesaba y el aire se acortaba. No necesito saber nada de él, estoy bien con eso. Yo estoy bien.

—Déjame...

Odio que haya venido hasta aquí para resolver un problema que ya conozco y sé muy bien cuál será el resultado. ¿No entiende que lo pasado es pisado?

—No quiero hablar de esto, déjame ya —pido por última vez, pero él no cede a su necesidad de resolver las cosas.

—No quise lastimarte, por favor, hablemos de esto de manera más tranquila, ¿de acuerdo? —Suaviza su tono y comienza a halar de mi brazo para que lo siga, pero yo hago lo contrario.

—No necesitamos hablar, Isaac, dejémoslo como está —Lo observo por primera vez desde que apareció, y recuerdo cuando sus opacos ojos adquirían cierto brillo cada vez que comíamos pastas mientras mirábamos películas en la alfombra de su casa. Me pregunto si en algún momento me quiso con la misma intensidad que yo lo hice, pero estoy bastante segura de una cosa: por fin me pude quitar la venda de los ojos.

Su semblante vuelve a cambiar, y sé que no le agrada mi manera de evadir los problemas.

—Deja de ser una cobarde, Lena. Odias ser ese tipo de personas.

—Pues hoy no es el momento de ser valientes —balbuceo y sus ojos me estudian con lástima.

—¿Me dejan pasar? Están estorbando la salida —Sus metálicos ojos parecen perforarnos e inconscientemente Isaac me suelta y aprovecho la oportunidad de irme tan rápido como puedo. Al final no me sigue y me alivia saber que se ha rendido conmigo.

Cruzo la calle y sigo caminando sin saber a dónde parar. Y eso es lo que estuve haciendo en todas mis relaciones amorosas: aventurarme a lo desconocido, dejarme llevar sin saber a dónde terminaré y quizás ese sea mi problema. Debería detenerme para explorar cada rincón.

—¡Hola, jovencita! —Regreso a tierra cuando un hombre me llama desde su puesto de comida, con algo de recelo me acerco a dónde está—. Te he estado viendo, y no me gusta para nada esa expresión.

Me encojo de hombros y le regalo una sonrisa forzada. Me ha pillado desprevenida.

—Así está mejor, muchacha. Una linda joven como tú, tiene una hermosa sonrisa —El señor parece sonreírme porque su derecha barba se desalinea hacia arriba—. Toma, es cortesía de la casa.

Pone sobre la mesa un batido de color rojo pálido, que termina por abrirme el apetito.

—¿Por qué...?

—Hay que evitar que la tristeza nos consuma, en su lugar, cómetela tú.




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