Perfecto a tu manera

Capítulo 13

Capítulo 13| Lo opuesto
 


*DREW*

 

Si decidí salir de casa un domingo fue para demostrarle a la castaña insoportable lo que es tener todo planificado.

Desde esa vez que la vi montada en la pequeña madera con alguien más, he estado viniendo casi todos los días a este puesto de batidos. Pero, extrañamente, ella no estaba.

Es curioso que todos los presentes me estuviesen viendo como si fuese un fenómeno jamás presentado en el universo. Menos una persona: la chica de gafas. Su expresión atraviesa entre la confusión y la indiferencia mientras se lleva un distinguido mechón azulado, de su cabellera castaña, por detrás de su oreja.

—¿De verdad eres tú, Dru? —Mei llega a mi lado, y de manera vacilante, me pone una mano en el rostro.

—Sí, soy yo, Mei —Una sonrisa curva sus labios, y de sus ojos hay cierto brillo de alegría.

—¡Esto es increíble! ¡Es un milagro! —Ojalá Mei entendiera que esto no es una gran cosa para celebrar. Solo quiero demostrarle a la insoportable de Lena que dice que hacer planes es aburrido. Que las papas son aburridas.

—Lena, tenemos una salida pendiente —Me dirijo a la castaña, y ella solo puede batir sus pestañas con cierta confusión, ¿acaso olvidó lo que acordamos?

—¿Tú eres el chico que la dejó esperando? —indaga su amiga en un tono entre enfadada y confundida.

—Ella fue la que se divirtió con alguien más —Me defiendo al recordar lo agitado que estaba cuando salí del departamento. Y no debió ser así. Debimos intercambiar número.

—Claro, porque tú no apareciste para acompañarla.

La observo de reojo, y cuando se da cuenta. Solo aparta la mirada. ¿Está molesta? No sé cómo lidiar con las chicas molestas. Creo que la he cagado.

—Dru, ¿cómo puedes arruinar una salida tan importante? —interviene Mei, y me hace un guiño que jamás lo vi venir de ella—. Salgan y resuélvanlo como las personas adultas que son —Camina hacia Lena y la atrae hacia mí para posteriormente largarnos a ambos fuera del puesto de batidos. Veo que su amiga protesta, pero Mei la detiene del brazo y hace que se siente con ella.

No regreso ni protesto, y ella tampoco. Caminamos en un silencio que no termino de acostumbrarme del todo. No cuando se trata de la castaña insoportable.

A lo largo de mi vida siempre sé lo que debo hacer y cómo hacerlo. Todo eso se planifica con tiempo. Y considero que hacer planes es algo necesario, es como en las películas: todo debe estar debidamente organizado antes de hacer el rodaje, es por eso que son perfectos ya que reúnes los requisitos y las probabilidades que podrían presentarse. No obstante, me siento desorientado porque Lena no dice ni una vocal. La he cagado y ahora no tengo ni una jodida idea de cómo hacer mi siguiente movida, no sé cómo arre-

—Entonces, ¿si llegaste? —pregunta de repente e inmediatamente se instala un alivio en mi pecho.

—Sí, pero ya no estabas —Puedo ver que una leve curvatura tira de la comisura de sus labios. Enarco las cejas, ¿ella creyó que lo olvidé?

—¿A dónde vamos? —indaga con curiosidad, dándome a entender que ya no está molesta. No del todo.

Dado el hecho de que es domingo y no transitan demasiados automóviles. Podemos subirnos a uno de los autobuses que está justo cruzando la calle y que nos llevará a uno de los museos más grandes de la ciudad. Llegaríamos en unos veinte minutos y dependiendo del tiempo que tomemos dentro podremos ir a comer algo cerca. Por último, le enseñaría las luces que una vez Kelly y yo tomamos fotografías juntos. Y que volveremos a hacer cuando regrese para las vacaciones de verano. La relación se mantendrá en pie, y esta vez, se mantendrá por los dos.

—¿Qué están haciendo allá? —Lena me trae a tierra y señala un montón de personas cerca de un árbol.

—Creo que es uno de esos bailes que hacen por las calles —respondo sin importancia.

—¡Vamos! —Me indica, y no me deja protestar porque se ha ido corriendo. ¿Acaso olvida que esta salida es planeada? No hay tiempo para estas cosas, perderemos el autobús. Voy tras ella y cuando creo que he logrado sacarla de ahí. El público nos incita a ser partícipe de lo que sea que estén haciendo.

—No, estamos ocupados.

—Sí, vamos a participar —Espera, ¿qué? Va a arruinar el plan. La miro con severidad, y ella no parece importarle lo más mínimo nuestro acuerdo porque solo se encoge de hombros y tira de mi brazo—. Será divertido, mango.

No, no lo creo.

—Dijiste que seguiríamos mi plan, ¿qué es lo que pretendes ahora? —murmuro con la esperanza de que se retracte y nos vayamos de aquí.

—Solo será por unos minutos, deja de ser tan gruñón —Miro la hora en mi celular, quedan unos tres minutos para que pase el primer autobús hacia el norte. A este paso no lo vamos a lograr.

—¿Son pareja? —pregunta uno de los hombres que extiende su gorra para recoger las monedas del espectáculo anterior.

—No, y ya nos vamos.

—Espera, mango. Quiero ver lo que harán con los platos —Me comienzo a impacientar y a lo lejos veo el color característico del autobús que debemos montarnos. Ahora—. ¿Solo debo sostenerlo? —pregunta a uno de los colaboradores mientras sostiene una cinta roja a lo alto de su cabeza.

—Perderemos el autobús si seguimos aquí —espeto cerca de su oreja.

—Esperemos el siguiente —Si ella supiera que el siguiente se demora en pasar—. Relájate, mango. Tenemos toda la tarde.

¿Toda la tarde? El museo que quiero mostrarle cierra dentro de dos horas, y si no podemos entrar y tomar muchas fotografías entonces el plan estaría arruinado.

—No es así, vas a arruinar el plan.

—¿Podrías dejar de preocuparte? —replica y observo esa mezcla de marrón y verde menta encenderse de enojo.

—No, y nos vamos de aquí —Halo de su brazo lejos del lugar, y esta acción me trae un terrorífico recuerdo que decido soltarla antes de que me muerda. Otra vez.




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