Perfecto a tu manera

Capítulo 23

Capítulo 23| Vayamos al puente de Brooklyn
 


*DREW*

 

—Mañana en la biblioteca después de la clase con el profesor Douglas —señala Olivia mientras se hecha la correa de su bolso al hombro para irse con sus amigas a la cafetería.

Otro proyecto más con ella. Los profesores no se cansan de ponernos juntos.

Estar en el mismo grupo que Norman es como perder horas discutiendo sobre las ideas. Sin embargo, no estoy en total desacuerdo porque tiene su lado bueno, como el hecho de no tener que rectificar las respuestas dos veces. De por sí, Olivia es bastante meticulosa, hasta podría decir que somos casi similares en ese aspecto perfeccionista.

Recojo mis cosas y voy directo a la cafetería. Busco mi lugar de siempre y me acomodo junto a los muchachos que ya se han apoderado de la mesa con sus aperitivos.

—Llegas en buen momento, Gastrell —Luke deja un marcador rojo en medio de la mesa, justo frente a mi bandeja de comida—. Tienes que firmar mi yeso, te guarde un lugar junto al de Hank —Se dispone a alzar su extremidad hasta que Hank termina por bajársela de inmediato.

—No vuelvas a subir esa cosa, Palmer —espeta con disgusto, a lo que Aaron se ríe y luego añade:

—Drew te lo firmará, preocúpate por terminar tu pasta.

El pelirrojo hace una mueca con sus labios y procede a comer de su pasta con desgana. Sobre su hombro, a lo lejos, distingo al equipo de béisbol charlando animadamente sin tres de ellos que están compartiendo mesa con el chico que bailó de gozo por un supuesto home run.

—¿Por qué no están comiendo con su equipo? —indago, sin llegar a sonar cruel.

—Los amigos comen juntos —añade Konen con obviedad para luego llenar su cavidad bucal de salchichas. ¿Cómo es que pueden hacer amigos en una sola noche?

No meto más el tema porque es la primera vez, después de tantos años, que almuerzo en compañía.

Empezaron a hablar sobre el béisbol, y Luke no perdió la oportunidad de recordar el incidente de anoche. Estoy que le meto un pan a la boca porque la mayoría de las personas que asistieron no me conocen físicamente, y sus gritos y carcajadas serían un problema.

—Ahí viene Karina —añade Hank, haciendo un movimiento al frente con su mentón. Arqueo las cejas y descubro que sus oscuros ojos se encuentran en el rostro de Aaron que se está pasando la mano varias veces por su cabello del color de la zanahoria, cuando termina nos pregunta:

—¿Cómo me veo?

—Con un espejo —Luke suelta un quejido cuando su compañero de campo le propina un golpe bajo la mesa—. Con uno enyesado es suficiente.

—Hola, chicos —saluda con un gesto de manos y una sonrisa de oreja a oreja—. Olivia y yo estamos organizando la fiesta de Halloween. Si alguno de ustedes quiere unirse...

—Claro —Se adelanta Aaron y luego pasa uno de sus brazos por detrás de la cabeza y otra en su rodilla, ¿está tratando de impresionar? —. Soy bueno para las decoraciones.

—Eso no es cier-

Luke hace una mueca cuando recibe otro golpe en su pierna, y estoy seguro que cuando la pelinegra se vaya va a estallar.

—Perfecto, te anotaré en la lista. Y necesitaré tu número celular —Deja el portafolio sobre la mesa y saca una página para que se anote—. Te escribiré luego, adiós chicos.

—¡Me pagarás por la otra pierna, Konen! —estalla el pelirrojo, como lo supuse. Pero Aaron le interesa poco su extremidad.

—Acaba de pedirme mi número —habla fascinado para luego pasar su brazo por detrás del hombro de Luke.

—Acabas de mentir, zoquete.

—Cállate, Palmer.

—¿Qué harás cuando descubra que tus decoraciones dan asco? —indaga Hank después de darle sorbo a su té frío de limón.

—No son tan malos.

—¡Ah, por favor, si parecen vómito de vaca!

—¿Quieres que te mande a ver documentales en una camilla, Palmer?

—¿Desde cuándo amenazas como Hank?

—Dejen de discutir, ya sabes que Aaron miente para impresionar —añade el castaño para luego mirarme de reojo—. Y las consecuencias pueden ser graves.

Ya ha pasado dos semanas desde que el iceberg llegó. No hemos interactuado y tampoco encuentro la oportunidad de demostrarle que he mejorado.

Alexander solo sale de su pequeña oficina cuando debe y yo solo estoy en casa después de las cuatro. Me encierro en mi habitación, como lo estoy haciendo ahora, hasta pasada las siete de la noche para bajar a cenar.

Durante esas tres horas, solo estamos nosotros porque Eva trabaja hasta las ocho de la noche y mamá aparece a las siete. Últimamente sale mucho y a veces los viernes llega muy tarde.

Suspiro y caigo sobre el colchón.

A veces envidio a las familias unidas porque es algo que siempre he querido y que está muy lejos para hacerse realidad. Así como el hecho de que Alexander me acepte como su hijo y no un desconocido.

¿Por qué eres así conmigo? No te entiendo.

¿Qué hay de malo en mí? ¿Qué es lo que quieres que cambie?

Me levanto del colchón y voy directo a la gaveta en busca de un papel.

Lista de Drew Gastrell.

Seis puntos. Seis jodidos puntos para ser el mejor hijo de los Gastrell, y a estas alturas he roto la mayoría de ellas.

Mis dedos pasan por la fina y desgastada página hasta detenerse en las reglas que escribí en rojo: mentir para impresionar.

He roto la más valiosa de todas, y ahora no sé cuándo podré decirle la verdad, ¿por qué tengo que ser tan cobarde? ¿Hasta cuándo podré soportar?

He estado pensando en posibles opciones que no incluye la palabra honestidad:

Decirle que hemos decidido tomar un respiro.

Que los Mo no apoyan nuestra relación, lo cual es cierto, y que han buscado posibles candidatos más capaces que yo.

La última opción es no decir nada porque Kelly no regresará por un buen tiempo.

Y prefiero la última.

Guardo el pedazo de papel en su lugar cuando mi teléfono comienza a sonar. ¿Número desconocido?




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