Perfecto a tu manera

Capítulo 25

Capítulo 25| ¿Debería? 
 


*LENA*

 

Wendy Redeon es la mujer más fuerte que he conocido. Ella luchó con todas sus fuerzas por varios años. Fue una grandiosa madre al cuidarme y darme todo el amor que me podía brindar.

Yo quiero ser igual de fuerte que ella. Quiero serlo por mi abuela que cada día sonríe para hacer de mis días menos peores y también lo quiero hacer por él. Por mi padre.

Mamá se fue. Wendy ya no está con nosotros. El cáncer pudo con ella y todos sabemos que dio lo mejor. Lucho lo suficiente. Papá no puede estar desperdiciando su vida estancado en el mismo momento donde dio su último aliento.

Alcanzo la manga de su arrugada camisa y tiro de ella con suavidad para que me mire.

—Regresemos a casa, va a llover.

Lo ayudo a levantarse de la húmeda tierra y nos despedimos de mi madre. Creí que la situación sería catastrófica. Pero papá se la ha tomado mejor de lo que creí.

Apenas llegue, ya se había vestido apropiadamente y ya no tenía esa barba de hace días. Era el Peter Kross que mamá conoció, lo único que no ha cambiado es su mirada perdida y sin ningún rastro de brillo.

Antes de llegar, descubrí que no estoy furiosa del todo porque en algún momento tendría que visitarlo; más bien, estoy algo decepcionada de mi decisión egoísta.

Hice la cena y obligué a que se sentará conmigo a comer.

—Papá —No levantó la mirada—. Come algo.

No dice nada y tampoco se mueve. No hasta que su teléfono suena, y se levanta de la mesa para atender.

No sé si pueda soportar esto. Estando aquí, sin ninguna atención, me hace sentir menos importante. Hubiese querido que mi abuela viniera, pero quiero resolver esto sola. Después de todo, la invisible para él soy yo.

De pronto, la puerta principal se abre y la casa se impregna de un aroma frutal. Muy malo para mi gusto.

—Peter, te estuve llamando anoche. Sabes que no me gusta estar sola —La pelirroja comienza a dibujar círculos en su pecho, y al no recibir respuesta de parte de papá, busca sus manos y la posiciona en su trasero.

Me quedaría callada si por lo menos Peter tuviese la decencia de apartarla y sacarla de nuestra casa, pero en cambio, terminó por apretarle las nalgas y besarle el cuello.

Aprieto el tenedor y termino golpeándola contra la mesa que, al parecer, capté la atención de la pelirroja quién no perdió la oportunidad para burlarse de mí.

¿Cómo puede hacer esto? Acabamos de visitar a mamá. Cruce un puente y gaste casi tres horas de viaje para verlo, ¿y él prefiere estar con una mujer que con su hija?

La cólera asciende de inmediato y los separo a ambos con un empujón. De pronto, termino haciendo lo que jamás creí que le haría alguna vez: lo abofeteo.

Todo mi cuerpo se siente pesado y trato de no emitir ningún llanto. Él se comporta como si su vida no valiese desde que mamá se fue, y estoy cansada de eso.

—¿Sabes cómo me siento? ¿Tienes idea de lo que estás provocando? —Tomo un respiro antes de proseguir—. Wendy se fue, papá. No te encierres por completo. ¿Crees que ella estará feliz de verte así? ¿Crees que salir con todas esas mujeres podrá ocupar el vacío que ella dejó? No, papá. Primero recupérate tú y luego puedes hacer lo que quieras. Yo soy tu hija y estoy viva, ¡¿Por qué no puedes avanzar por mí?!

Mi voz se quiebra y aparto furiosa las lágrimas. Papá no se digna en verme, está en la misma posición desde que lo abofetee.

—¿No estás grandecita para que tu padre te esté cuidando? —espeta la mujer que se cruza de brazos.

—No soy la que busca mimos —respondo, y ella gruñe para después alzar su mano contra mí, pero papá la detiene antes de que pueda tocarme.

—Vete —ordena de manera monótona. Después de tanto tiempo, escucharlo hablar me ha erizado toda la piel.

La mujer lo mira incrédula, y después posa sus ojos en mí. Para nada satisfecha por mi presencia.

—No me vuelvas a buscar, Peter, esto se acabó —sentencia antes de salir y dar un portazo que llena toda la estancia por varios segundos. Separo mis labios, pero cuando papá se aparta y no me vuelve a mirar, preferí quedarme callada.

Subo los escalones con deprisa y me encierro en mi habitación.

Acabe gritándole. Ahora no sé si me seguirá ignorando o logre que me prestara más atención. Espero que sea lo último.

Doy media vuelta y quedo observando mi vieja habitación. La pintura amarilla está desgastada y huele mucho a polvo.

Se me escapa una pequeña risa al recordar la última vez que tuve que levantar tanta suciedad. Palmeo los bolsillos de mi pantalón en busca de mi celular, ¿debería llamarlo?

Observo su nombre en la pantalla por varios segundos, hasta que termino por apagarlo.

Debe estar ocupado.

Desempaco mis cosas, y decido buscar algo de comida más tarde. Deshago la funda y la sacudo con una fuerza que termino tumbando un recuadro que descansaba en la mesita de noche.

No tuve que levantarla para saber qué era.

Heredé su onduloso cabello castaño y sus característicos iris. Y siempre me decía que había heredado la insistencia y espontaneidad de mi padre.

Peter no era solo un hombre serio en su trabajo, sino que cuando no está en ello, suele ser tan blando y dulce como un algodón de azúcar. Él fue quién me dio su pecho para llorar cuando mis supuestos amigos se olvidaron de mí durante navidad. Y aunque no estaba todo el tiempo en casa, sé que nos ama. Ojalá todo fuera como antes.

Acerco el recuadro hacia mi pecho y lo aprieto con fuerza.

Los extraño tanto.

 

*DREW*

 

Solo ha pasado un día, y siento que es una eternidad.

—Drew —Cierro la puerta de mi casillero para ver al dueño de esa voz acercarse con su uniforme de béisbol—. ¿Te pasa algo? Liv ha estado quejándose de tu falta de atención.

Ruedo los ojos. No me pude concentrar en nuestro proyecto y me estoy dando zapes mentales ahora mismo, hasta puedo jurar que por poco Norman termina lanzándome uno de sus resaltadores.




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