Perfecto a tu manera

Capítulo 29

Capítulo 29| Eres tú
 


*DREW*

 

De ninguna manera quiero estar involucrado con Kelly Mo. No de nuevo.

De solo verla, mi corazón le da un vuelco. Sus oscuros ojos parecen suplicar por lo mismo y que me obliga a tragar con fuerza.

Es increíble como una persona pasa de ser lo más valioso en tu vida a ser alguien completamente fuera de ella.

Si la sigo mirando, quizás erupcione si fuese un volcán.

Cuando desvió la mirada, una cabellera castaña comienza a alejarse del puesto de batidos, ¿Lena? ¿Por qué se va?

Involuntariamente, me muevo de mi lugar para alcanzarla, pero Kelly me detiene del brazo. Su solo tacto ha provocado que se me erice la piel.

—¿Por qué me sigues ignorando? He intentado tener contacto contigo —añade a lo bajo, y cuando se gira para enfrentarme su aroma impregna todo el aire que llega a mis pulmones. Siento una punzada en el estómago. Yo le compre ese perfume.

—No quiero saber de ti —susurro y aprieto la mandíbula mientras ignoro las miradas dubitativas que me lanza Bob.

—¿Sigues enojado?

—Como lo quieras ver —Me zafo de su agarre, pero ella insiste en detenerme.

—Drew, regrese para arreglar las cosas...

—¡Deja de mentir por una jodida vez en tu vida! —Exploto con una frustración atascada en mi garganta, y por primera vez veo el temor en sus ojos que decido no gritarle—. Deja de hacerte la buena, Kelly.

—¿Hacerme la buena?

—No viniste por mí, algo sucedió y regresaste, ¿no es así? —Su silencio ya es una afirmación. Me deshago de su agarre, y esta vez me detengo cuando de sus labios sale lo que ambos tuvimos miedo alguna vez.

—No podre bailar. Se acabo —confiesa de manera seca. Estoy seguro que ha llorado tanto que no tiene más lágrimas.

—¿Qué dijiste? —pregunto, todavía sin creérmelo.

—No quiero perderte también —susurra cabizbaja.

Ya me perdiste, quise decirle, pero no quería empeorar la situación, así que solo guardé silencio.

Conozco a Kelly hace años, y sus sueños siempre han sido su prioridad. Me cuesta creer que ahora se le ha escapado de las manos tan fácil.

Sus largas horas de práctica, las constantes idas al hospital por sus pies entumecidos y las pocas horas de sueño. ¿Todo ese sacrificio fue en vano? ¿De verdad?

Quisiera no creerle, pero ella no miente con cosas como estas.

—Kelly, yo...

—No digas nada —Tira de la manga de mi camiseta, siempre lo hace como muestra de querer ir a casa. El problema es que ella no regresó a la suya.

—¿Por qué no regresas a tú casa? —indago sin sonar grosero, y dejo la taza de té en la mesa.

—Tú lo sabes, mi madre me lo echaría en cara.

—Quizás si hablas con ella...

—Desde que me fui, quise demostrarle que bailar no era tan malo como ella cree. Que uno puede ganar haciendo lo que le gusta —Sus ojos se deslizan desde mi rostro hacia el líquido chocolatoso. Se pierde ahí y luego añade derrotada—. Resulto que ella tenía razón.

No quiero meter más del tema de su madre porque sé que es un asunto delicado. Ahora sus sueños también. De solo verla me parte el alma.

Por más que me haya lastimado, ella no merecía esto.

Ahora, lo que necesita es apoyo. Y creo que ha venido al lugar indicado. Los Gastrell siempre la recibirán con los brazos abiertos.

—He escuchado a muchos decir que siempre habrá luz en la oscuridad, pero ¿y si nunca aparece? —manifiesta con una voz de queda.

—Quizás si la hay, solo debes seguir caminando.

Le regalo una débil sonrisa y ella solo lo recibe.

—¿Por qué tenía que ser así? —Su voz se empieza a quebrar—. He aprovechado al máximo cada escenario. He pasado años en esto como para que me lo arruinen en unos minutos. Yo solo quería bailar, Drew, pero ellas... no reconocen que no nacemos con talento. Eso viene de un largo camino lleno de rocas y espinas. ¿Cómo pudieron hacerme esto?

Dibujo círculos en la palma de su mano para que se tranquilice y deje de llorar. Siempre funciona cuando pelea con su madre.

—Kelly, ¿ya estás mejor? —Eva aparece desde la cocina con un pote de helado de vainilla y la empieza a servir en un pequeño plato—. Cuando estoy de malas, como helado. Inténtalo.

Lena hace lo mismo, y eso me recuerda, ¿por qué se fue? Tampoco me ha devuelto la llamada.

Dejo a las chicas hablar. Iré a ver a Lena.

Cuando mis nudillos están a punto de golpear su puerta, esta se abre de repente y revela a una señora de edad avanzada con el "arruina citas" en brazos.

—Tardaste en llegar, pasa.

—Ah, no es necesario, solo quiero hablar con Lena.

—Y yo quiero hablarte sobre ella, así que pasa —No discuto más porque suena enojada y dispuesta a lanzarme su gato si me opongo—. Ella está arriba, y no ha salido de ahí desde que llegó.

—¿Le paso algo? He estado llamándola varias veces, pero...

—No te contestará.

—¿Por qué? ¿Es muy grave?

—Deja de preocuparte por su salud que no es eso, jovencito.

—Iré a verla —Me detiene de inmediato y hace que me siente en el sofá.

—Antes de hacerte unas preguntas necesito decirte algo —La observo caminar de un lado a otro con las manos detrás de la espalda—. Fui campeona en lanzamiento de martillo y de jabalí. Así que no pensaría dos veces alcanzar una escoba y darle en la cabeza a quién sea que le rompa el corazón a mi nieta, ¡Y no me importa si tiene buen trasero! Inconsciente es más alcanzable.

—No comprendo... ¿Yo soy el culpable?

—Dime, ¿cuáles son tus intenciones?

—No creo tener una, solo quiero... estar con ella —Mi respuesta parece suavizarle la mirada, que termina bajando la guardia y se sienta a mi lado.

—La última relación que tuvo no fue muy buena. El zopenco la utilizó para olvidarse de su exnovia, y tal parece que ella piensa lo mismo de ti.

—Yo no la utilizo, señora Kross —Hago que mis palabras salgan lo más cordial posible. No puedo creer que Lena haya tenido que pasar por eso. Aprieto mis manos hasta formar un puño. Ese chico vive en este mismo barrio, cuando lo vuelva a ver, tendremos una charla.




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