Perfecto a tu manera

Capítulo 32

Capítulo 32| La última despedida
 


*DREW*

 

—Drew... abre la puerta —ignoro las voces, y vuelvo a comer de la rebanada de pizza—. No puedes vivir dentro por el resto de tu vida.

No respondo, y sé que eso les molesta.

—Drew, por favor, sal un momento —Dejo de masticar, la pizza no es lo más sano, pero no quiero salir para encontrarme fotografías de papá y las personas vestidas de negro. Yo no quiero despedirme.

—Es inútil, no saldrá —Eva ha logrado sobrellevarlo mejor que yo, lo esconde demasiado bien de día, pero durante las noches, la oigo sollozar en su habitación. Mamá ha estado muy callada y distante, pocas veces viene a llamarme. Yo solo me escondo y me hundo en la miseria. Llevo tres días encerrado, y es horrible no poder sacarse este dolor del pecho, quisiera arrancármelo de una maldita vez—. ¿Te vas a quedar? —pregunta mi hermana, y sé a quién se refiere.

—Sí, me quedaré con él —Las pisadas disminuyen en el corredor y veo como una sombra se proyecta bajo mi puerta—. No diré nada, si eso prefieres.

Lo único que he hecho es dormir, ver películas y comer pizza. Muchas veces escucho las voces de Hank, Ashley y su casi gemelo discutiendo frente a mi puerta. Una vez, la señora Mei vino y me pidió que saliera, casi lo hago, pero no quise escucharla hablar que todo estará bien porque no es así. No puedo estar bien después de haber leído esa carta. Me siento miserable. Sin embargo, mis piernas parecen moverse contra mi propia voluntad porque ahora estoy sentado de espaldas a la puerta, justo como está ella al otro lado.

Ya cuando me quiero dar cuenta, estoy hablándole.

—¿Por qué no fuiste? —pregunto, y por poco no lograba reconocer mi propia voz.

—Cuando mi madre murió, yo tampoco quise salir —comienza despacio—. No quería verla en una madera donde el sol ya no podría alcanzarla. Me dolía saber que en mi vida ya no podría verla y escucharla.

—Lo siento.

—Yo también lo siento, mango.

Suspiro sin comprender cómo la muerte de una persona puede quitar una gran parte de ti. En cómo acabarían acostumbrándose a su ausencia y que no lo volverían a ver más que en una fotografía. Que ya no tendrían más recuerdos juntos. Alexander estuvo presente en mi vida por muchos años, pero pocas veces conmigo. Y ese poco se volvió un todo.

—Al final, si fui —penetra mis pensamientos como un taladro—. Si fui a despedirme.

Vuelvo a suspirar, esta vez con más fuerza. Fijo mi vista en aquella carta que encontré debajo de su portátil con mi nombre escrita en mayúscula. Me levanto y la busco. La releo: 

 

Para Drew.

Tengo mucho que contarte, pero no se me da bien hablar.

Hoy dimos un paso, juntos. Me alegra saber que no hayas insistido en preguntar porque no sabría cómo explicártelo. Lo haré aquí, y espero algún día entregarte esto. Si es que llego a hacerlo.

Soy consciente de que no me queda mucho tiempo. El doctor me sugirió un descanso temporal hasta que las cosas mejoraran. No se los conté y lo lamento.

Puedes enojarte todo lo que necesites, fui un mal padre y me lo merezco. Pero después de eso, quiero que releas esto las veces que quieras, intentaré expresarme lo más alegre posible porque eso es lo que siento justo ahora.

Pero antes de eso, quiero revelarte todo. Te mereces saberlo todo.

Te va a parecer demasiado egoísta, pero yo también soy un cobarde y un descarado al escribirte y no decírtelo en nuestro comedor, pero ella tiene razón: papel y tinta pueden plasmarse sentimientos y, especialmente honestidad. Voy a ser sincero contigo. A partir del siguiente párrafo será toda la verdad, si te la tragas completa, está bien, y si no vuelve a leerla hasta que te la creas.

Fui víctima de ese sentimiento que llaman amor, y no creo que nadie pueda escapar de ella, pero sí creo en la diversidad. Solo que la nuestra fue de las peores.

Se llama Wendy, Wendy Redeon. Nos conocimos en la panadería de tu abuelo, ella era tan hermosa, humilde y mortalmente inteligente. Cuando descubrí que seríamos nuevos vecinos, le pedí a tu abuelo su colonia favorita mientras le llevaba una torta como bienvenida. Llame a su puerta y fue una sorpresa descubrir que ella también llevaba en mano dulces para sus vecinos, para mí.

Poco tiempo después, ella empezó a ayudar a tu abuelo, y era fantástica haciendo galletas. Pero se volvía bastante torpe si tenía que estudiar y yo la ayudaba solo para estar con ella.

Un día cuando estábamos en la biblioteca de la ciudad, le di un beso en la mejilla. Recuerdo que estaba sudando hasta los pies por cómo iría a reaccionar, pero fue una maravilla cuando me había devuelto el beso. Todavía recuerdo la alegría que brotaba de sus ojos, me sentí el hombre más feliz del mundo. Y como sabrás, esa felicidad no duró como yo esperaba. Ella empezó a disculparse por todo lo que hacía, ya no me miraba, no sonreía para mí y empezó a utilizar monosílabos. Me enojé con ella por no contarme lo que ocurría y poco tiempo después tu abuelo falleció. La panadería ya no tenía brillo. Ya no había nada ahí. Perdí a las dos personas más importantes de mi vida. A su funeral no asistió. Ella solo desapareció y me dejó una carta diciendo todo lo que sentía. No debí leerlo, quizás así no hubiese decidido construir mi propia armadura porque ella me utilizó, y dejé que me cortara las alas. Me deje hundir. Y decidí que ese sería la última vez que alguien me controlaba. La última vez que mis sentimientos me dominaran y le entregaba todo mi corazón a alguien. No sabes que tan equivocado estaba. Tú me trajiste todos esos sentimientos de vuelta. Eras tan parecido a ese Alexander. Y automáticamente te odie. Pero ahora me odio más a mí. No sabía el daño que estaba causando a mi familia y a ti. Ya cuando me quise dar cuenta, era demasiado tarde. Ya no sabía cómo arreglarlo.




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