Perfectos Desconocidos

24 de abril del 2022

Amaury

La partida de Renata duele más de lo que debería, cada que mi mente trata de no pensar en ella, fracaso, porque cada recuerdo se hace presente como maldición, intento mantenerme ocupado, pero su sonrisa, sus locuras, toda ella la tengo dentro, pero no solo de la cabeza, si no tambien del corazón.

Como me hubiera gustado que las cosas no terminaran así.

Aún recuerdo que las primeras semanas siempre la imaginaba diciendo aquella frase que le dijo a su hermana, esa frase que no fue capaz de decirme a la cara por cobarde.

-Lo quiero, pero no lo suficiente como para estar con él.

Si soy honesto, pensar en eso antes de dormir, era un poco masoquista de mi parte, porque nada ganaba imaginándome aquello, con eso solo conseguía perder el sueño y cuestionarme muchas cosas de las cuales solo Renata tenía la respuesta.

Cierro la puerta de mi auto y observo detenidamente las letras grandes de color morado <Marjaf> es el nombre del establecimiento, no estaba en mis planes salir hoy, pero siento que es necesario distraerme un poco, a pesar de que no conozco el lugar decidí venir por las buenas reseñas.

Al entrar al bar Karaoke lo primero que veo son las luces azules que están por todo el lugar, algo que me gusta es que a pesar de ser casi media noche, no hay tantas personas.

Me siento en la barra y pido una bebida, un grupo de personas llaman mi atención, a lo lejos los veo cantando en el área del Karaoke, ya están tan ebrios, que ni si quiera se entiende lo que dicen o cantan, si es que se le puede llamar así.

A media que voy bebiendo el grupo que se está adueñando del Karaoke cada vez me resultan más fastidiosos, sus carcajadas me generan un poco de estrés, lo único que quiero es que se se callen, sé que el lugar es público, pero.... en realidad no sé cómo excusarme, solo quiero que cierren la boca.

No sé cuántos tragos he tomado pero los suficientes como para querer apagar la música, en especial porque la letra de la canción me resulta bastante familar.

Carajo.

—Puede quitar esa canción -le pido al barman y al ver su cara me doy cuenta que más que a petición, suena a orden.

—Lo siento joven, pero la chica de allá —señala hacia donde está el grupo de personas que quiero que se callen —la pidió —me giro para poder verla, pero no consigo nada, la veo borrosa por la distancia y por los tragos que traigo encima.

—Entiendo, pero no puede permitir que repitan una canción más de cinco veces.

—Joven...

—Solo le estoy pidiendo que cambie la canción.

-No puedo hacer eso, le sugiero que hable con ella y si se lo permite, puede quitar la canción, pero solo si ella se lo permite.

Bebo de un solo trago todo el líquido de mi vaso, me levanto de mi asiento y camino hacia donde se encuentra.
Me pongo detrás de la chica que tiene el micrófono, está dándome la espalda mientras les canta a su grupo de amigos que se encuentran sentados en los sillones de piel.

Me aclaro la garganta pero no voltea, así que toco un par de veces su hombro, ante mi tacto deja de cantar y voltea.

—¿Te conozco? —pregunta confundida mientras suelta el aire de su cigarrillo en mi cara, toso un par de veces y la miro con desagrado.

—No.

—¿Y entonces?

—¿Puedes quitar la canción?

Sus amigos le empiezan a decir cosas que no logro entender, los mira y ellos de inmediato guardan silencio.

—¿En qué estábamos?

Suelto un suspiro.

Esto va a ser más complicado de lo que pensé.

Luego de explicarle que esa canción me recuerda a alguien, ella bebe un poco de su bebida.

¿Es todo lo que va a hacer?

¿No piensa solidarizarse conmigo?

—A mí también me recuerda a alguien —comenta después de unos segundos en silencio.

—Entonces quitala.

—Pero prefiero cantar con sentimiento a ponerme a llorar por algo que no funcionó.

—No estás hablando en serio, ¿verdad?

—Suele decirse que escuchar música ayuda a regular las emociones, crea felicidad y relajación en la vida cotidiana, también puede llevarnos a un estado de ánimo mucho más positivo, ya que recordamos momentos felices, ponte a pensar que eso sucede sí la escuchamos, ahora imagínate si la cantamos.

Me quedo callado cuando termina de hablar, no me puede importar menos lo que acaba de decir.

—Ay, ven —me toma de la mano —vamos a cantar —niego, no estoy de humor —cantemos, disfrutemos de este instante.

—Gracias, pero no —me suelto de su agarre y retrocedo.

—Supongo que prefieres tener esa cara de amargado a disfrutar un buen momento, ¿no es así?

—Mira, no estoy de humor, yo solo venía a decirte que quitaras la canción, pero como no piensas hacerlo, no tengo nada que hacer aquí. Fue un error venir a pedirte algo.

​Ella pone los ojos en blanco.

—¿Por qué no te relajas un poco?

—Adiós —me despido con disgusto y me doy la vuelta.

—Posiblemente ella está pasándola bien con otro.

​Esa frase me detiene en seco. Es un impacto limpio y certero. Me volteo con tanta rapidez que la cabeza me da vueltas.

—Posiblemente a ti nunca te eligen por insoportable, ¿verdad?

​Al escucharme, su rostro se descompone. La euforia desaparece, reemplazada por una rabia oscura. Me quedo estático cuando me tira el trago en la cara. El líquido frío es menos impactante que la cachetada que viene después.

—Aquello que dije te molesta, porque es verdad, ¿no? —Se acerca a mí y antes de que pueda hacer algo uno de sus amigos se pone en medio.

Los de seguridad aparecen y para evitar que nos saquen del lugar, su amigo se inventa que fue una discusión de "hermanos" no se como pero terminan creyendole y yo termino tomando dos botellas con ellos.

Tomo mi vaso y sonrío secamente al escuchar de nuevo esa canción, al voltear a verla levanta su vaso y brinda a lo lejos, niego pero le devuelvo el gesto.


La melodía comienza a sonar y con ella los recuerdos.




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