Perfume de venganza (cinco sentidos)

Capítulo 16

La luz matinal se filtraba por las ventanas de estilo hanok del laboratorio en Bukchon Hanok Village, proyectando sombras suaves sobre las mesas de trabajo llenas de frascos, morteros y documentos desordenados. En el aire flotaba una mezcla de aromas sutiles: lavanda, bergamota y una pizca de ámbar, como un preludio a la creación que estaba a punto de surgir.

Hye-Jin se encontraba de pie junto a una estantería, examinando con cuidado las notas del diario de su madre. Su cabello estaba recogido en un moño desordenado, dejando al descubierto su expresión de concentración. Min-Jae, por su parte, estaba en el lado opuesto de la sala, manipulando un destilador con movimientos meticulosos. Su camisa estaba ligeramente arrugada, reflejo de noches de trabajo continuo.

El ambiente entre ellos era tenso, pero cooperativo. Habían decidido dejar a un lado sus disputas personales para concentrarse en el concurso. La fragancia que estaban creando era diferente a todo lo que habían hecho antes, en un intento por capturar la esencia más compleja de todas: las emociones humanas.

—¿Crees que esta combinación funcionará? —preguntó él para romper el silencio mientras sostenía una pequeña pipeta con un líquido dorado.

Ella levantó la vista, con sus ojos oscuros analizando al chico con cautela.

—No lo sé, pero es un riesgo que vale la pena tomar —respondió con un tono calculado. A pesar de sus dudas, algo en su interior reconocía la habilidad del joven para encontrar la armonía en los ingredientes.

Él asintió y dejó caer unas gotas del líquido en un vial transparente. Luego añadió una esencia floral que ella había preparado esa mañana. El resultado fue un aroma intenso, que llenó el laboratorio con una mezcla de dulzura y melancolía. Ambos se miraron, sorprendidos por la profundidad del aroma.

—Es… diferente —admitió la chica al acercarse para inhalar el perfume más de cerca. El aroma le evocaba recuerdos vagos de días felices y momentos de pérdida, como si cada emoción estuviera atrapada en esas notas.

Él esbozó una sonrisa fugaz y respondió:

—Diferente es bueno.

Decidieron probar la fragancia en un grupo reducido de voluntarios. Al mediodía, un par de empleados de la empresa y un par de amigos de la muchacha se reunieron en la sala de reuniones contigua al laboratorio.

La sala estaba decorada con muebles minimalistas y grandes ventanales que ofrecían vistas del barrio tradicional. Sobre una mesa central había pequeños frascos etiquetados con el nombre provisional de la fragancia: “Nostalgia”.

El primero en probarla fue un hombre de mediana edad que trabajaba en marketing. Al inhalar el aroma, sus ojos se humedecieron, y dejó escapar un suspiro largo.

—Esto me recuerda… al primer verano que pasé con mi esposa. El olor de las flores en el parque donde la conocí —dijo, con su voz quebrada ligeramente.

Soo-Ah, quien había asistido para apoyar a su amiga, probó el perfume a continuación. Cerró los ojos y su expresión cambió de relajación a inquietud.

—Es como si reviviera el momento en que me mudé a Seúl. La emoción y el miedo al mismo tiempo… Es extraño, pero poderoso —murmuró.

A medida que más personas probaban la fragancia, las reacciones eran similares. Cada uno experimentaba un torbellino de emociones personales, desde alegría hasta tristeza, como si el perfume tuviera la capacidad de acceder a los rincones más profundos del alma.

Hye-Jin observaba en silencio, con su mente trabajando frenéticamente para entender cómo un perfume podía tener tal efecto. Min-Jae, parado junto a ella, parecía satisfecho, mas no triunfal.

—Esto es más que un perfume —dijo ella para romper el silencio—. Es… una ventana a las emociones.

Él asintió, pero su mirada estaba fija en la chica.

—Por eso debemos usarlo con cuidado —respondió. Había algo en su tono que la hizo darse cuenta de que él entendía el impacto de esta creación tanto como ella.

Esa noche, después de que los voluntarios se marcharon, Hye-Jin permaneció en el laboratorio. El lugar estaba en penumbra, iluminado solo por la luz cálida de una lámpara de escritorio. Sentada en una silla junto a la ventana, sostenía un pequeño frasco de “Nostalgia” en sus manos.

Inhaló en profundidad, dejando que el aroma la envolviera. Al instante, imágenes de su infancia llenaron su mente: los días soleados en la perfumería con su madre, el sonido de las risas mientras experimentaban con nuevas esencias. Pero también surgieron recuerdos más recientes, más dolorosos: la noche en que descubrió la traición de Min-Jae, la decepción que la había consumido desde entonces.

El aroma no solo evocaba recuerdos, sino también emociones que había enterrado. Sintió un nudo en el estómago al darse cuenta de que su odio hacia él no era tan puro como había creído. Había rabia, sí, mas también algo más: dolor, y quizás, una pizca de esperanza.

«¿Es posible que todavía me importe?», pensó al llevar una mano a su pecho como si intentara calmar el tumulto en su interior.

Mientras Hye-Jin lidiaba con sus propios sentimientos, Min-Jae llegó al laboratorio. Al verla perdida en sus pensamientos, dudó por un momento antes de entrar.

—No podía dejar de pensar en esto —dijo, señalando el frasco que ella tenía en sus manos—. ¿Qué sientes cuando lo hueles?




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