CAP 1
COMIENZO
En la antigüedad, los aztecas tenían un calendario de dieciocho meses donde sobraban cinco días. Aquellas eran jornadas de mala suerte; todos permanecían en sus casas y las actividades se suspendían, lo que las tornaba peligrosas y respetadas. Nuestro calendario, el gregoriano, cuenta con un detalle particular: cada cuatro años se le agrega un día, y ese cuarto año recibe el nombre de bisiesto. Febrero es el que recibe ese impacto. Fue precisamente en un febrero de año bisiesto cuando nos embarcamos en una aventura; un viaje que, al día de hoy, permanece latente. Cinco amigos viajamos a San Salvador de Bahía, en Brasil. Después de pasar una noche allí, alquilamos un auto y nos dirigimos hacia el nordeste, con destino al estado de Alagoas, específicamente a la ciudad de Maceió. El viaje estuvo cargado de anécdotas, de momentos que no se planearon, sino que simplemente se presentaron; y nosotros supimos sacarles provecho. En el auto apretábamos los cinco cuerpos junto al equipaje. No había lugar ni siquiera para una botella de gaseosa o de agua mineral. Sin embargo, esa situación no nos condicionaba; al contrario, le aportaba un toque humorístico y la sensación de que, en cualquier momento, cualquier cosa podía pasar. Un vehículo con capacidad justa para cinco personas y un recorrido de más de mil kilómetros por delante. La ruta, la llamada “Carretera Línea Verde”, iba bordeando el continente: de un lado la selva, del otro el mar. Un paisaje pintado a mano, soñado, con playas literalmente vírgenes y caminos sinuosos que atravesaban mesetas. Era el principio de un viaje cargado de emociones y situaciones que a continuación vamos a compartir.