CAP 4
ARACAYÚ
Varios kilómetros después, todavía se escuchaban las risas por el efecto de las frutas, aunque el cansancio ya empezaba a ganarnos la pulseada. El volante había pasado de Matías a manos de Diego, quien llevaba a Tony como copiloto y asistente. Al llegar a la localidad de Aracaju, nos esperaba nuestra primera parada; la primera noche ya estaba resuelta, reserva mediante, en un hotel que aguardaba por sus huéspedes. En el asiento trasero, Matías, Alejandro y Adrián intentaban estirar las piernas. Al ingresar al hotel, nos topamos con una piscina imponente, una barra necesaria y un menú más que sugerente. Como si todo hubiese sido minuciosamente planificado, después de una ducha reparadora, nos encontramos disfrutando del agua y de unos tragos típicos. Ordenamos la cena; todo era distensión después del arduo viaje. —¿Qué les parece si salimos a conocer la noche? —propuso Tony. —Es una buena idea —respondió Alejandro. —Yo me sumo, pero si volvemos temprano —acotó Adrián. Matías, buscando poner un poco de coherencia a la propuesta, intervino: —Mañana tenemos que salir temprano. Desayunar, armar los bolsos y a las diez dejar el hotel. Yo elijo quedarme a descansar. Diego apoyó la iniciativa y también se dispuso a dormir. —De acuerdo, ustedes descansen. Nosotros salimos un rato y volvemos temprano — insistieron los otros tres. —Aprovechen, salgan y disfruten —les dijimos—. Pero cuídense y no vuelvan tarde, que mañana el día es largo. Así fue como los tres amigos se adentraron en la noche de la ciudad. Aracaju estaba marcada por lo que pronto iba a acontecer a nivel regional: el comienzo del Carnaval. Los preparativos le daban color e intensidad a la jornada; la gente, expectante, ya parecía estar viviendo la fiesta. Los tres viajeros no se quedaron atrás: compartieron con las lugareñas tragos, cervezas, bailes y algún que otro beso embaucado en promesas de retorno. Obligados por el compromiso de volver temprano, retornaron al hotel. Estaban motivados por lo vivido; era exactamente lo que esperaban de un viaje entre amigos. La noche estaba impecable y la piscina, serena, los llamó. Ellos acudieron al llamado: se sumergieron en las aguas templadas y cristalinas, pero no pasó mucho tiempo hasta que los invitaron a retirarse por los ruidos molestos que ocasionaban. Ya era suficiente por hoy. A descansar. Mañana el viaje sigue, la aventura continúa y lo desconocido aguarda para ser descubierto.