PARTE 2
CAPÍTULO 9
El Relevo del Mártir.
El descanso fue reparador, pero el aire en la habitación todavía conservaba el peso del periplo que nos trajo hasta aquí. Una vez instalados en el hotel, un aire de entusiasmo se instaló en el grupo, pero era un entusiasmo mezclado con el agotamiento. Solo daba lugar para decir: mañana será otro día. Maceió y la calidez de los lugareños nos hacían sentir como si estuviéramos en casa. Sin embargo, en la puerta del hotel, descansaba el testimonio mudo de nuestra travesía. Aquel vehículo no solo nos había transportado; nos había custodiado con una estirpe protectora que superaba cualquier lógica mecánica. Murió en combate cuando el riesgo aumentó, sacrificando su integridad para manifestar un temple de metal que nos protegió como una coraza sobre ruedas. Fue un compañero vivo, un cómplice silencioso que se sobreexigió, yendo mucho más allá de sus propios límites con el solo propósito de salvaguardar a sus compañeros de aventura. Y fue ahí, en la seguridad del estacionamiento, donde su misión se dio por cumplida. Se apagó lentamente, como si su luz protectora se fuese extinguiendo hasta desaparecer, habiendo entregado hasta su última gota de energía para dejarnos a salvo. Me desperté, como siempre, temprano. Luego de una ducha, me preparaba para ir a desayunar cuando Adrián se despertó. —¿A dónde vas, Matías? —me preguntó. —Me voy a desayunar, ¿querés venir? —Sí, ¿me esperás? Tengo que ducharme. —Sí, dale, te espero. Juntos nos fuimos al salón y nos preparamos un abundante desayuno a base de frutas. Al poco tiempo se sumaron Alejandro, Diego y Tony. Fue Tony quien puso el punto importante sobre la mesa: —¿Alguien llamó a la arrendadora? —Preguntale a Diego, él se encarga de eso —respondió Alejandro. —Diego, ¿tenés novedades con respecto al auto? —Sí, muchachos —respondió Diego—. La grúa del seguro está por venir a retirar el auto averiado. Una vez que tengamos el comprobante, me comunico con la arrendadora; a partir de ese momento nos envían el auto nuevo. —¿Y mientras qué hacemos? —preguntó Matías. —Hagamos algo —propuso Tony—. Diego, ¿te quedás conmigo a esperar el auto nuevo? —¿Yo? —preguntó Diego. —Sí, vos, si querés —respondió Tony. —Diego, no te preocupes —intervine—, me quedo yo con Tony. Ustedes vayan tranquilos. —¿Y dónde los esperamos? —Quedémonos en esta playa —sugirió Alejandro—, así no nos dispersamos. Es lo mejor que podemos hacer para no perder el día. Adrián se puso de pie, decidido: —Yo voy a cambiarme para ir a la playa. ¿Quién viene? Alejandro y Diego lo acompañaron. El tiempo parecía estirarse en horas interminables hasta que, finalmente, llegó el nuevo integrante. Era el relevo del casi mártir que fue herido de muerte cumpliendo su deber. Todo estaba listo para continuar con este periplo que se tornó trepidante.