CAP 12
INDISCRESION
El despertar fue una extensión de la noche anterior, pero bajo una luz diferente. Con la claridad de la mañana, Matías y Jimena se descubrieron de nuevo. Fue ese instante de timidez y fascinación que solo pertenece a una primera vez; un reconocimiento silencioso mientras compartían el desayuno, prolongando lo más posible el refugio de esa habitación. Finalmente, el mundo exterior reclamó su espacio. Matías la acompañó hasta su hotel, donde la hermana y la amiga de Jimena ya la esperaban. Se despidieron con la promesa tácita de lo que acababa de nacer y él emprendió el regreso hacia su grupo. Al llegar, el ambiente no era el de siempre. La preocupación se palpaba en el aire. Sus amigos estaban allí, y aunque la sospecha de con quién había pasado la noche era evidente, la falta de noticias había hecho mella en el humor general. El enojo se puso de manifiesto apenas cruzó la puerta; no era un reproche por su aventura, sino por el vacío de información. Matías leyó la situación al instante. No buscó excusas ni intentó minimizar el hecho. —Tienen razón —dijo Matías, adelantándose a cualquier reclamo—. Asumo el error. Me fui, no avisé y sé que instalé una preocupación innecesaria. Les pido disculpas, no estuvo bien de mi parte desaparecer así. El grupo guardó silencio un momento, procesando la sinceridad de sus palabras. Fue Tony quien, asumiendo la voz de los cuatro, dio un paso adelante para marcar la postura del grupo. Su tono era serio, pero cargado de ese afecto fraternal que solo los años de confianza otorgan. —Mirá, Mati —comenzó Tony—, el mensaje es uno solo y queremos que te quede claro: disfrutá. Hacé lo que sientas, viví lo que tengas que vivir con ella porque te lo merecés. Pero cuidate y, sobre todo, no desaparezcas.
Tony hizo una pausa para asegurarse de que Matías comprendía la importancia de lo que venía después. —Mantené al tanto al grupo de lo que vas a hacer. No queremos controlar tu vida, queremos poder disfrutar nosotros también. Para que estemos tranquilos necesitamos saber que estás bien. Si sabemos que estás bien, nosotros podemos seguir con lo nuestro sin estar con la cabeza en cualquier lado. Matías asintió, valorando el código que acababan de reafirmar. Las disculpas fueron aceptadas y la tensión se disolvió en el aire salado de la costa. La historia continuaba, pero ahora con las cartas sobre la mesa y los lazos más fuertes que nunca.