CAP 13
SIN TAPUJOS
Matías estaba sentado sobre la arena húmeda, justo donde el mar agota sus fuerzas.
Contemplaba el movimiento rítmico de las olas y los rayos del sol, que al reflejarse en las aguas cristalinas, provocaban destellos de todos los colores imaginables.
Estaba inmerso en una tranquilidad absoluta, un estado de gracia provocado por lo acontecido horas atrás.
Aunque su cuerpo sentía la brisa marina, su mente todavía habitaba las cuatro paredes de aquella habitación de hotel junto a Jimena. Podía sentir el rastro de su perfume y la calma de ese despertar compartido. Esa burbuja de paz, sin embargo, estaba a punto de romperse.
Adrián se acercó caminando por la orilla y se sentó a su lado, rompiendo el silencio con una palmada en el hombro.
—Y… ¿vas a decir algo o te vas a quedar ahí mirando el horizonte como si hubieras visto a Dios? —
soltó Adrián con una sonrisa de oreja a oreja.
—Estoy tranquilo, disfrutando el día —respondió Matías, intentando mantener su refugio mental un segundo más.
—Dale, no me vengas con esa.
Pasaste de desaparecido en acción a poeta del mar.
Contá algo,
¿cómo te fue?
¿La pasaste bien?
En ese momento, Tony se sumó al grupo, sentándose del otro lado de Matías, completando el cerco.
La interpelación había comenzado formalmente.
—A ver, Mati, largá todo —presionó Tony con curiosidad evidente.
No te guardes nada, que estuvimos toda la noche haciendo teorías sobre dónde te habías metido.
—Fue… diferente —dijo Matías, buscando las palabras para no romper la magia de lo vivido—.
Una conexión que no esperaba.
—¿Diferente nada más? —interrumpió Adrián, buscando más “saña” en el relato—.
Dale, contá. ¿Cómo cómo se dio todo?
¿Qué tal ella?.
A esa edad, y con la adrenalina de las vacaciones, no te podés quedar con un “fue diferente”.
Queremos el lujo de detalle. No hay detalles de lujo, Tampoco esperaba esos detalles, solo nos dejamos llevar eso es todo.
— Cómo pondrías en palabras algo que aún se siente vivo.—replicó Matías, aunque sabía que sus amigos no se conformarían con eso—.
Pero les puedo decir que valió cada segundo de la incertidumbre que les causé.
—¡Miralo al ganador! —exclamó Tony riendo—.
Está como en las nubes.
Pero en serio, Mati,
¿qué onda Jimena?
¿Hay algo más ahí o fue solo el momento?
—Hay más —sentenció Matías, volviendo a mirar el mar con una seguridad que dejó a sus amigos en silencio por un instante—.
Mucho más.
Adrián y Tony se miraron entre sí.
Sabían que, aunque querían los detalles puntuales y la anécdota rápida, lo que estaban viendo era a un amigo que acababa de encontrar algo que iba más allá de una simple aventura de verano.
Sin embargo, la picardía no se iba a retirar tan fácil.
—Está bien, te felicito amigo —dijo Adrián—.
Por qué no vamos a tomar algo a la barra
—Qué le parece? dijo Tony
—Una buena idea vayamos por unas cervezas. Yo invito dijo Matías.—
No puedo creer que invites vos dijo Adrián
—Yo no tengo esperanza de que alguna vez vos lo hagas— respondió Matías
—Yo pienso lo mismo— agregó Tony
Vamos a brindar por el romance del verano.
Y así los tres se dirigieron hacia la barra entre risas y abrazos que dejaban bien definidas la amistad que a ellos los unía.
—Adrián Me olvidé de decirte algo muy importante—
—Dale decime —
Dice Adrián
—Hay alguien que preguntó por
vos—
—Quién? decime—
—La recepcionista del hotel dijo que no te lleves las toallas de la habitación a la playa—.
—Qué te comiste payaso?—
Se doblaban de la risa por la broma que Matías le hizo a su amigo.
Nada cambió tampoco tendría por qué, aunque algo está por suceder…