Capítulo 17:
VÍSPERA INDEFENDIBLE
La habitación se tornó nostálgica, se volvió silenciosa... como si se hubiese apagado.
En cambio, ellos se encendieron y le dieron una oportunidad a la necesidad de sentir y de confiar.
Volver a confiar el corazón herido y comenzar a sanarlo.
Al salir, tomaron rumbos diferentes con la promesa de encontrarse y disfrutar de su último día juntos.
Matías se dirigió al encuentro con sus amigos.
Y ahí estaban: Adrián y Tony, parados en el hall.
—¿Volviste? —
le dijo Adrián
—. ¿Te dejaron venir... o te echaron?—
—Así que te volvés a Buenos Aires,
¿no?—
agregó Tony con ese tono irónico que lo caracteriza.
—Esto parece un interrogatorio.—
—¿Qué pasa, están enojados? —
respondió Matías.
—Al contrario —
le respondió Tony, suavizando el gesto
—. Nos pone felices que estés bien, loco. ¿Por qué no te vas a cambiar y venís con nosotros a la playa? —
—¿Dónde están Alejandro y Diego? —
preguntó Matías.
—Ellos ya están allá —
respondió Adrián.
Matías subió las escaleras raudamente, se dirigió a la habitación, se cambió y se unió a sus amigos para disfrutar del mar.
Se lo notaba más aliviado después de haber vuelto con el grupo; comenzó a ocupar el lugar que había dejado antes del flechazo de Cupido.
Al entrar al sector de sombrillas, se toparon con las tres amigas, que al ritmo de la música del lugar comenzaron a bailar lambada, con una energía distinta, como si en cada paso intentaran atrapar un poco de esa arena para llevársela a Buenos Aires.
En ese momento se acercó una camarera;
Tony la tomó de la mano y la invitó a sumarse al baile, a lo que ella accedió entre risas, generando un clima festivo y vibrante.
—Falta algo importante —
dijo Alejandro.
—¿Qué falta? —
respondió Matías.
—Una cerveza bien helada. —
—¿Nos traés las cervezas de siempre? —
le dijo Diego a la camarera, siguiendo el compás de la música.
—Esperá a que termine de bailar —
respondió ella con una sonrisa.
Cuando las botellas finalmente llegaron, transpirando frío bajo el sol, los amigos chocaron los vidrios en un brindis silencioso pero cargado de sentido.
Mientras tanto, Matías y Jimena se fundían en un abrazo y un beso apasionado, ajenos por un instante al bullicio.
Sintieron el contraste: el sol quemaba afuera, pero ellos todavía guardaba en la memoria el silencio fresco de la habitación que acababan de dejar.
Era como vivir en dos mundos al mismo tiempo.
Así se iniciaba el último día... la previa de la despedida.