Periplo Trepidante

CAPITULO 21

CAPÍTULO 21:

Voracidad sin límites.

Cuando las dos parejas finalmente alcanzaron la sombrilla, el aire en el campamento base era completamente distinto al que habían dejado. Diego y Alejandro estaban sumergidos en una charla animada con otras dos chicas, Carolina y Julieta. La escena era distendida, sin rastros de la timidez inicial; incluso Tony participaba del intercambio con una soltura que contrastaba con la agitación que Adrián y Florencia traían en el cuerpo.

—Era hora… ¿Hasta dónde se fueron? Estábamos preocupados —soltó Alejandro apenas los vio llegar.

—Sí, estábamos preocupadas —agregó Carolina, barriendo con la mirada el estado de los recién llegados.

Yanina, tratando de recuperar la normalidad, respondió con rapidez:

—Fuimos hasta el acantilado, caminamos un poco y acá estamos.

—Sí, volvieron, pero no como se fueron —retrucó Julieta, con una chispa de picardía en los ojos—. Hay algo que me estás ocultando, Yanina.

—Yo no tengo nada que ocultar —se defendió ella, lanzando una mirada cómplice—. A lo mejor Florencia es la que tiene que responderte sobre ese tema.

Florencia no dijo nada. Con un movimiento esquivo y una sonrisa que apenas asomaba, se recostó en la reposera buscando refugio en el sol.

—Yo no tengo nada que contar —aludió, cerrando el tema.

Tony, que conocía bien los silencios de sus amigos, miró fijo a Adrián.

—Dale, amigo, ¿qué está pasando?

—No pasa nada, está todo tranquilo —respondió Adrián, aunque su respiración todavía no era del todo regular.

Matías, detectando que la tensión del rescate podía desmoronar el clima del grupo, decidió girar el rumbo de la conversación.

—¿Pidieron algo para almorzar? Tengo hambre, ¿qué vamos a comer?

—Vamos y encargamos algo —propuso Alejandro—. ¿Están de acuerdo?

—Sí, me parece bárbaro —asintió Tony—. Pero esperen, yo también los acompaño.

El triunvirato salió en busca de provisiones, pero al regresar, el plan original se fragmentó. Diego, que se había apartado apenas unos minutos para caminar con Carolina, volvió con una decisión tomada que cayó como un balde de agua fría.

—Yo me voy con Carolina —anunció, mientras empezaba a juntar sus cosas.

—¿A dónde? —preguntó Matías, frunciendo el ceño.

—Me invitó a su casa. Nos vemos después.

Julieta, que no pensaba quedarse atrás, intervino de inmediato:

—Yo también me voy. Vamos, Ale, ¿querés venir?

Alejandro, sorprendido pero arrastrado por la inercia del momento, no lo dudó:

—Y sí, ¿por qué no? Vamos los cuatro.

Sin más explicaciones, se subieron al auto y ganaron la ruta hacia los suburbios, alejándose de la zona turística conocida. Matías vio cómo el auto se perdía de vista y se acercó a Tony, apartándose un poco del resto. Su rostro ya no era el del carismático líder de la mañana.

—No me parece bien lo que hicieron —le susurró Matías, con la voz cargada de una preocupación genuina—. Es un riesgo irse a un lugar que no conocen, alejarse de la zona segura. Estas cosas pueden traer consecuencias.

—Dejalos, ellos saben cuidarse —intervino Adrián, tratando de minimizar el peso de la situación—. No va a pasar nada.

Tony, buscando una respuesta que le devolviera la calma, se dirigió a Yanina y Florencia, que observaban la escena en silencio.

—¿Viven muy lejos de acá?

—No, a unas diez cuadras de la playa —respondió Florencia—. Quédense tranquilos, no va a pasar nada.

—¿Ves? Tienen razón —insistió Adrián—. No va a pasar nada.

Pero las palabras ya no alcanzaban para disipar el ambiente. La incertidumbre se había apoderado del momento y las caras habían cambiado drásticamente.




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