Periplo Trepidante

CAPITULO 22

Capítulo 22

EL ECO DEL SILENCIO

El sol ya se estaba ocultando, tiñendo el cielo de un naranja ceniciento, y Alejandro y Diego aún no habían regresado. La inquietud, que Matías había sembrado horas antes, terminó por germinar en el resto.

—¿Y si los vamos a buscar? —preguntó Adrián, rompiendo el círculo de espera—. ¿Ustedes nos llevarían a la casa de Carolina?

—Sí, vamos caminando. Son diez cuadras, no es lejos —respondió Florencia.

Tomaron sus pertenencias y abandonaron la seguridad de la costanera. A medida que se alejaban del mar, el paisaje urbano se volvía más cerrado y la inquietud crecía. Al llegar, vieron el auto estacionado a lo lejos, como un centinela mudo. Florencia ingresó directamente a la vivienda, seguida por Yanina, quien se dio vuelta para invitar a los tres amigos.

—Vengan, pasen… es seguro. Sí, pasen.

Al cruzar el umbral, un silencio inhóspito los envolvió. Florencia miraba a Yanina y se reía entre dientes, una complicidad que los ponía a ellos en una situación de inferioridad. Tony, Adrián y Matías aguardaban en la sala, buscando algún vestigio, alguna señal de lo que estaba sucediendo en el interior de esa casa que no les pertenecía.

De golpe, la puerta de una de las habitaciones se abrió. Julieta salió con el cabello algo revuelto y una expresión de sorpresa.

—¿Qué hacen acá? ¿Hace mucho que llegaron?

—Recién —respondió Matías, analizando la escena—. ¿Y Carolina dónde anda?

—No sé… seguro que mal no la está pasando —retrucó Julieta con una sonrisa mordaz.

—¿Y vos cómo la estás pasando? —preguntó Florencia con malicia.

—Mejor no te cuento —respondió Julieta antes de volver a la habitación y cerrar la puerta tras de sí.

El ambiente estaba cargado. Carolina seguía encerrada con Diego; Julieta había vuelto con Alejandro. Las miradas entre los que quedaban en la sala se cruzaban, cargadas de intenciones y preguntas no formuladas. Fue entonces cuando Matías, movido por una curiosidad que rozaba el desafío, preguntó:

—¿Hay alguna habitación disponible?

—¿Y para qué querés una habitación disponible? —lo apuró Yanina, arqueando una ceja.

—No, pregunto por curiosidad…

Florencia tomó la palabra, mirando fijamente a Adrián.

—Sí, hay otra habitación. Adrián, ¿querés venir?

Adrián, sorprendido por la franqueza, apenas pudo articular:

—Como quieras…

—Vení, quiero hablar con vos —sentenció Florencia. Lo tomó de la mano y lo arrastró hacia el último cuarto libre.

Tony, apoyado contra una pared, suspiró con resignación.

—De acá no nos vamos más hoy…

—Déjalos que disfruten —acotó Matías, aunque sus ojos seguían recorriendo el lugar con desconfianza.

—¿Y por qué no disfrutamos nosotros? —intervino Yanina, acercándose a Matías hasta invadir su espacio personal.

—¿A quién te referís? —preguntó él, manteniendo la distancia física.

—A vos… ¿por qué no disfrutamos también nosotros?

Matías la miró. Yanina era una mujer hermosa, el clima era el ideal y la oportunidad estaba servida. En otro tiempo, no habría dudado. Pero sintió ese latido familiar en el pecho que ya no era miedo, sino respeto por un sentimiento que estaba en otra parte.

—Mi corazón tiene dueño —respondió Matías con una voz suave pero firme—. Me encantaría, de verdad, pero no puedo.




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