Permanente

4. Podría caer

Fuimos - Julio 2010.

Después del beso…

Zion

¿Tenía los ojos cerrados o abiertos?

Fue rápido, se lanzó a mi boca sin avisar. Apenas tuve tiempo de plantar bien los pies para no caer de la bicicleta. Nuestros dientes chocaron, torpes, mal coordinados. No fue bonito. No fue perfecto. Y aun así, lo único extraño fue que no quise que terminara tan rápido.

Cuando se apartó dio unos pasos hacia atrás, mordiéndose el labio inferior. En la oscuridad apenas la veía, pero supe que se había sonrojado. Yo en cambio me quedé quieto. Sentía el cuerpo alerta, como si acabara de pasar algo que todavía no entendía. Sonreí, sin saber bien por qué.

—Eso fue para que te callaras —dijo.

No me ofendió. Me sorprendió.

Había besado antes; no fue eso lo que me dejó descolocado. Había salido con chicas a las que les gustaba que las escuchara. Era sencillo. Todo lo era, en general. Esa noche no. Esa noche había hablado de más, y no me había molestado hacerlo. Eso sí era nuevo.

No pensé que fuera especial. Tampoco una más. Solo distinta. Y eso me incomodó.

No quise analizarlo. Nunca fui bueno quedándome demasiado tiempo en ese lugar. Así que hice lo único que sabía hacer cuando algo se me iba de las manos.

La tomé de la muñeca, la acerqué, y la besé otra vez. Esta vez con más firmeza. No para confirmarle nada a ella. Para comprobar si podía volver a sentir el control.

Podía caer. Todavía no sabía cuánto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.