Somos - Diciembre 2024.
Zion
¿Por qué todavía me tiembla el pecho?
Miro al techo aunque no vea nada con la habitación oscura. No he podido taparme ni siquiera con el ventilador fijo soplando al máximo. Giro hacia un lado, hacia el otro. No encuentro la posición. Vuelvo a apoyar mi cabeza en la almohada y mirar arriba.
Salí de su casa sin mirar la velocidad de la moto, ni siquiera sé bien qué camino tomé. Sudaba tanto que la goma del casco estaba un poco pegada a mi cara cuando me lo quité. Aún me duelen las manos, aunque no recuerdo haber apretado tanto el manubrio. La tarde pasó sin darme cuenta, y eso que me esfuerzo en estar presente cada minuto. Pero hoy mi mente no me hizo caso.
La vi. Parecía una alucinación después de cinco años. Su pelo ya no es rojo, ni desordenado, ahora es calmado y castaño, su color natural. Sus pecas se han borrado un poco, pero siguen allí. Ya no vi en sus ojos a la Sabela llena de sueños que se marchó. Pero no la culpo, yo tampoco soy el chico aterrado que se quedó.
Cierro los ojos y por un momento está cálido alrededor de mi cuello. La temperatura de sus brazos es la misma. ¿Cómo puede mantener la intensidad perfecta para lanzarse a mi pecho y que parezca un empujón tierno?
No esperaba que mi cuerpo la recordara así.
Vibra el móvil en la mesilla de noche. Me apresuro a cogerlo. Suena demasiado alto contra la madera.
Enciendo la pantalla. Entrecierro los ojos por la luz. Bajo el brillo al mínimo.
Es un mensaje de Sabela.
—Me dio mucho gusto verte, disculpa a mi mami que está loquita.
Leo el mensaje varias veces.
Sonrío. Su madre es mi cómplice, aunque no sé cómo llegué a ese punto.
Escribo.
—Fue un placer…
Lo borro. Demasiado formal para lo que somos.
—Estás hermosa…
Eliminado. Ni de coña le envio eso.
Quiero responder, pero no sé cómo.
Apago la pantalla. Dejo el teléfono al lado de la almohada. Su respiración pesada me hace mirar hacia el lado.
Gabi se destapa un poco. Le acomodo la manta justo debajo de su cuello. Lo miro por unos segundos. Duerme como si el mundo no fuera problema suyo.
Enciendo el teléfono otra vez. Solo tengo que ser honesto.
—Yo salí sudando de ahí, nervioso...pero que bien se sintió verte de verdad.
Lo envio.
Apoyo la pantalla contra mi abdomen para evitar tanta luz.
Enseguida vuelve a vibrar.
—No seas bobo cómo te vas a poner nervioso conmigo.
Respondo sin pensar.
—Aun me pasa.
Gabi se mueve. Gira la cara hacia el otro lado. Remolonea en la manta hasta que se tapa casi completo.
Vuelvo a la pantalla. Veo los tres puntos brincar en el chat. Desaparecen, aparecen, se van una y otra vez.
Llega su mensaje.
—¿Sabes que hueles igual?
Mi estómago se comprime, se revuelve, se afloja.
Sonrío. Cierro los ojos. Casi siento su nariz en mi cuello.
Gabi vuelve a girarse hacia mí. Estira su manita hasta que toca mi hombro. Se queda quieto.
Mis dedos escriben.
—Hoy me dieron ganas de…
Lo borro enseguida.
Escribo más despacio.
—Quiero que conozcas a Gabi.
Su respuesta llega de inmediato.
—Me encantaría.
Suelto el aire.
No sabía que lo estaba conteniendo.
—En estos días cuando se quede conmigo otra vez lo llevo para que lo veas. Está enorme.
Demora unos segundos.
—Dale, pero esta vez ven con tiempo que tenemos que ponernos al día.
Respondo rápido.
—Si si si.
Miro el chat por unos segundos más hasta que su avatar pierde el círculo verde de “online”.
Apago la pantalla y regreso el teléfono a la mesilla, justo al lado del peluche de Spiderman.
Me acuesto esta vez mirando a Gabi.
Tiene un pie fuera de la manta, no consigo que duerma con el cuerpo entero tapado. Casi no se ve el pijama de dinosaurios, ya le queda a media pierna.
Cuando ella se fue apenas ocupaba el espacio en mis brazos y ahora casi se lleva la mitad de la cama. O mejor dicho se lo roba.
Le acaricio el rostro despacio, aun me duele tocar esas marcas lisas que no acaban de coger su color. Lo beso en la frente con cuidado de no despertarlo.
Su mano agarra la mia y la pone sobre su almohada, cerca de su cara. Vuelve a quedarse quieto.
Cierro los ojos. Intento dormir.
Me va a costar.
No puedo soltar las ganas que tuve de levantarla del suelo y hacerla flotar otra vez.
Y esta vez no sé qué pasaría si lo intento.
Editado: 28.02.2026