Son casi las cinco de la mañana y me quedo ahogada en mi respiración asmática, parece que se sufro algo genético de mis abuelos o eso dicen los doctores que me llevan con una cinta marcada en el cuello, al parecer intentan descubrir un síntoma nuevo en mi corazón, así es hablo desde el hospital 28 y porque se llama así, pues no importa ¿cierto? Estando en la sala de espera pienso en dejar de consumir comida basura, es un habito muy común en los jóvenes de ahora, el mundo se siente acelerado y necesitan saciar sus deseos mundanos. Es algo complicado para los mas “limpios” de la sociedad, por eso nos miran con desagrado a las personas que se ven distintas en algún rasgo físico. Después de un rato en la sala del doctor y con una cara demacrada pasan al siguiente en el monitor, creo que no me veo bien, pero las marcas de arena en mi cuerpo son un síntoma de algo mejor, algo que no olvido desde el primer temblor.