Piel De Aurora

CAPÍTULO 1

LUMERIA, NARA

Las clases de la secundaria habían terminado y Elara caminaba sobre el pavimento mojado con la vista al frente sin inmutarse por la posibilidad de que la lluvia se convierta en aguacero.

Sentía miedo, pero también alegría, su corazón latía de forma direfente, estaba enamorada por primera vez.

Se preguntaba como se acercaria a ese chico, compitiendo con tantas chicas, ella era introvertida, relegada por sus condicipulos, ¡pero solo varias veces con ese chico! Lo imaginó y dibujo en su mente con tan obstinada reiteración antes de conocerlo... No podía permanecer oculta entre las sombras viendo como otra chicas iban tras el.

…cuando escuchó una voz detrás de ella.

—¡Elara! —Melisa casi la empuja—. Oye, ¿qué te pasa?

—Estoy pensando —respondió ella sin voltearse del todo.

Sofía apareció por el otro lado, abriéndose paso entre los estudiantes mojados.

—¿Pensando o enamorada? —preguntó con una sonrisa maliciosa.

Elara respiró hondo, tratando de volver a la tierra.

- Estoy normal.

Melisa rió.

—Normal mis polainas. Desde que salimos del colegio tu cara es de “me atropelló un pensamiento”.

Sofía la observó con ojo clínico, cruzándose de brazos.

—A ver, confesá. ¿Quien es?
Elara se atragantó con saliva, no sabía que decir.

—Es el bajito, ¿verdad? —insistió, acercándose aún más—

Elara abrió los ojos como si la hubieran descubierto robando en una tienda.

—¡Callate! —susurró nerviosa—

Sofía se echó a reír.

—Ay, Dios mío. Esta ya cayó.

Melisa la tomó del brazo y empezaron a caminar fuera del colegio, esquivando charcos.

—Bueno, contá —pidió—. ¿Cuándo empezó todo?

—Hoy —respondió Elara bajito—. Hoy… lo vi diferente.

Sofía hizo un sonido exagerado de novela.

—El flechazo matutino, qué bello.

Apenas cruzaron el portón, se encontraron con Lucas y Samuel que estaban jugando a empujarse sin sentido.

Lucas levantó la mano.

—¡Eh! Miren quiénes vienen. Las filósofas del amor.

—¿Y vos qué sabés? —le dijo Sofía.

—Sofía, por favor —respondió Lucas con tono solemne—. A kilómetros se nota cuando Melisa sabe un chisme nuevo.

Melisa puso cara ofendida.

—No es chisme. Es… observación científica

Sebastián, que estaba sentado sobre un muro, se inclinó hacia ellos.

— ¿quién le gusta a Elara?

—¡Nadie! —respondió ella demasiado rápido.

Todos se quedaron en silencio… y luego estallaron de risa.

Támara llegó justo en ese momento, con la mochila colgando de un solo hombro.

—¿Qué me perdí?

Samuel la señaló como si fuera detective

—Adivina: ¿a quién vio Elara que la dejo muda?

Támara sonrió de inmediato.

—¿Al serio?

Elara alzó las manos.

—¡¿Qué les pasa?! ¡Yo nunca dije nada!... Y ustedes como saben

Lucas dio un paso al frente y la miró con los ojos entrecerrados.

—Tu cara lo dijo todo, amiga.

—Y tu silencio lo confirmó —agregó Támara.

Sebastián hizo una trompetilla burlona.

—Ja, la Elara enamorada. No lo puedo creer.

—No estoy enamorada —respondió ella arrastrando las palabras.

—No todavía —dijo Sofía guiñándole un ojo.

Todos siguieron avanzando, hablando, molestándose entre ellos como siempre.
Pero Elara, aunque sonreía, tenía la cabeza en otro lugar.

En el

En ese instante mínimo, casi invisible, en el que sus miradas se cruzaron aunque fuera por accidente.

Y mientras sus amigos se reían, Elara solo pensaba una cosa:

Si esa mínima mirada había sido capaz de alterarla así…
¿qué pasaría si algún día él llegaba a mirarla de verdad?



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En el texto hay: poesia, escritos, novela juveil

Editado: 30.11.2025

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