Pinceladas de Sentimientos

VII

Desde la terraza, el jardín parecía un cuadro impresionista, pero yo no soy un hombre de pinceladas suaves; soy un hombre de ángulos rectos y cimientos sólidos. Y lo que estaba viendo abajo, cerca del estanque de los nenúfares, no tenía ninguna estabilidad.

​Valeria, mi hermana, estaba tumbada en el césped, riendo con esa estridencia suya que siempre parece desafiar las leyes de la gravedad. A su lado, Julián se inclinaba sobre el caballete de Lucía con una familiaridad que me revolvía el estómago.

​Lucía. Lulú.

​ La niña que había visto crecer entre silencios y óleos. , La amiga "pequeña" de mi hermana o al menos eso me decía a mí mismo cada vez que el pulso se me aceleraba al verla.

​—¡Ay, Mateo, deja de poner esa cara de inspector de obras y baja a tomarnos una foto! —gritó Valeria desde abajo, agitándome la mano.
​Bajé los escalones de piedra con una lentitud calculada. Doña Sofía estaba en un rincón de la pérgola, observando todo con esa mirada de águila que me hacía sentir como si mis pensamientos estuvieran proyectados en una pantalla gigante. Dulce María pasaba con una bandeja de limonada, sonriéndole a Lucía como si fuera su propia hija. Todo parecía normal. Todo, menos la mano de Julián rozando el hombro de Lucía.

​—...lo que te digo, Lucía, es que este trazo es demasiado rígido —decía Julián, ignorando mi llegada—. Es casi defensivo. Si quieres que tu arte evolucione, tienes que dejar de construir muros en el lienzo. Parece que tienes miedo de que alguien vea lo que hay debajo.

​Vi cómo Lucía bajaba la mirada. Ese pequeño gesto, esa mínima capitulación, encendió algo en mí. No era celos, por supuesto que no. Era indignación. Como hermano de Valeria, yo era parte del ecosistema de Lucía; era mi deber protegerla de los charlatanes que usaban la psicología barata para ligar.

​—A veces los muros no son miedo, Julián. Son estructuras de contención —dije, situándome a su lado.

​Era más alto que él, y me aseguré de que mi sombra cubriera parte del lienzo y a la propia Lucía.

​—Mateo, solo estamos analizando... —empezó Lucía, con esa voz que todavía conservaba la suavidad de quien ha guardado mucho silencio.

​—No, Lulú. Él está analizando. Tú estás trabajando —la interrumpí. Sin pedir permiso, le quité el pincel de la mano. Mis dedos envolvieron los suyos un segundo más de lo necesario. Estaban fríos.

​Miré a Julián de arriba abajo.

​—Como amigo de la familia, y alguien que conoce el proceso de Lucía desde que usaba carboncillo, te sugiero que guardes tus teorías deconstructivistas para la facultad.

​—¡Vaya, el Gran Protector ha hablado! —se burló Valeria desde el suelo, rodando los ojos—. Mateo, relájate. Julián solo está siendo honesto. Lucía no es de cristal.

​—No es de cristal, Valeria, pero nadie debería querer cambiar su estilo —repliqué con una dureza.

​Me coloqué justo detrás de Lucía. Puse mi mano sobre su hombro, apretando ligeramente. Un mensaje claro para Julián de que el territorio de Lucía estaba bajo mi vigilancia.

​Lucía se tensó bajo mi mano, pero no se apartó. Me miró de reojo, y por un instante, vi una chispa de confusión en sus ojos oscuros.

​—Mateo tiene razón en una cosa —dijo ella, volviéndose hacia Julián con una dignidad que me llenó de un orgullo posesivo—. Mi técnica es mía. Gracias por el consejo, pero prefiero seguir mi "miedo", si es que así quieres llamarlo.

​Julián murmuró algo sobre la subjetividad del arte y se alejó hacia donde estaba Valeria, claramente incómodo.

​—Deberías entrar —le dije a Lucía, sin soltar su hombro—. Yo recogeré esto.

​Ella asintió, aunque se quedó mirándome un momento más antes de caminar hacia la casa.

​Me quedé solo ante el caballete. No eran celos, me repetía mientras observaba a Julián reír con mi hermana a lo lejos. Era simplemente que nadie sabía lo frágil y poderosa que era Lucía al mismo tiempo.

​Era protección. Pura y simple protección.

Lucía
El olor a café y el murmullo de las chicas en la terraza solían ser mi refugio, pero hoy mi mente estaba atrapada en el rastro de calor que la mano de Mateo había dejado en mi hombro.

​—...y entonces, Julián me mandó un mensaje de tres párrafos explicando por qué el "posestructuralismo" es la clave para entender mi última serie —dije, removiendo el azúcar en mi taza con desgana—. Es buen chico, de verdad. Es inteligente, sabe de lo que habla y me trata como si fuera una pieza de museo... pero cuando habla, solo escucho ruido.

​Valeria, que estaba pintándose las uñas de un verde neón que me hacía doler los ojos, soltó una carcajada y dejó el pincel sobre la mesa.

​—¡Es que Julián es un muermo, Lulú! —exclamó mi mejor amiga, mirándome con esa intensidad traviesa que solo ella tenía—. Tiene la personalidad de un manual de instrucciones. Mi hermano tiene razón en algo, aunque me cueste admitirlo: ese tipo es un error de cálculo en tu vida.

​—Mateo no fue precisamente sutil ayer —suspiré, recordando su tono de voz, esa autoridad silenciosa que había dejado a Julián mudo.

​—Mateo es un cavernícola con título de arquitecto cuando está en modo protector—intervino Martina, mientras ojeaba una revista—. Pero en algo tiene razón, Julián no despierta nada. Es como mirar una pared blanca: está ahí, es limpia, pero no te dan ganas de pintarla.

​Me quedé callada. Julián era el "candidato ideal", pero mi corazón no se aceleraba cuando él entraba en la habitación. Con él, mis manos no temblaban. Con Mateo, en cambio, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, sentía que estaba a punto de descubrir un color nuevo, uno que no existía en ningún catálogo.

​—Lo que tú necesitas —dijo Valeria, levantándose y caminando hacia mí con aire de general planeando una batalla— es variedad. Perspectiva. Aire fresco.

​—¿A qué te refieres, Vale? —pregunté con recelo. Conocía esa mirada.

​—Mi cumpleaños es en dos semanas. Y ya he hablado con mamá. Vamos a hacer una fiesta de las de verdad. Nada de cenas aburridas que aprueba Mateo —Valeria se sentó en el brazo de mi silla y me rodeó los hombros—. He hecho una lista de invitados "estratégica". Chicos de la facultad, amigos de mis primos... Muchos candidatos!




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