Pink Halo

2. Intuición angelical

Pink Halo caminaba por el pasillo con los tacos resonando contra el mármol brillante.

Furioso.

Absolutamente furioso.

Lo habían mandado ahí “por un cliente importante”.

VIP, dijeron.

Solo compañía, dijeron.

Un poco de alcohol, algunas sonrisas, perfume caro, luces bajas… y sus pequeños trucos.

Lo suficiente para que los hombres ricos sintieran que habían vivido algo prohibido, salvaje, inolvidable.

Aunque la mayoría de las veces no hubiera pasado nada realmente.

Solo pequeñas ilusiones.

Deseos manipulados con precisión y un toque de magia.

De eso vivía Pink Halo.

Y no estaba para nada orgulloso.

Pero pagaba demasiado bien como para hacerse el moralista.

Se acomodó el saco de plumas rosa mientras avanzaba por el corredor silencioso del hotel.

Todo era exageradamente elegante. Alfombras gruesas, paredes doradas, lámparas de cristal. Un lugar donde hasta respirar parecía costar dinero.

Entonces lo sintió.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

No era miedo exactamente.

Era algo peor.

Algo antiguo.

Sus instintos angelicales reaccionaron antes que su mente.

Una advertencia afilada bajo la piel.

Una presión incómoda en el pecho.

Como dedos invisibles intentando detenerlo.

Pink apretó la mandíbula.

Le molestaba profundamente eso.

Odiaba cualquier cosa relacionada con los ángeles. Con el cielo o con su pasado.

Todo eso estaba muerto y enterrado.

Siguió caminando.

Llegó a la suite y abrió la puerta con fastidio.

El lujo lo golpeó de inmediato. La habitación era enorme. Botellas carísimas descansaban sobre una mesa de vidrio. Había frutas, postres, bandejas de comida intacta.

Pink se acercó a la comida , agarró una frutilla y antes de probarla un aroma extraño lo desconcentró.

Esa fruta y esa comida no eran frescas .

Música suave sonando desde algún rincón invisible. Cortinas negras cubriendo completamente las ventanas.

Pero no había nadie.

Pink frunció el ceño.

—¿Hola? —preguntó, avanzando despacio.

Nada.

La puerta se cerró sola detrás de él con un clic pesado.

El mal presentimiento empeoró.

Se movió lentamente por la habitación hasta que algo extraño llamó su atención en la cama principal.

Una forma irregular bajo una sábana de seda oscura.

Pink se acercó.

La tela resbaló entre sus dedos cuando la levantó.

Y se quedó asqueado.

Látigos y juguetes sexuales de todo tipo perfectamente acomodados sobre las sábanas.

-Ah , ¿qué mierda?...-Pink miro a su al rededor -otro enfermo pervertido.

Su mano se deslizó un poco más Ahí si se sintió incómodo.

Una cuerda perfectamente enrollada en una esquina.

Pink la observó apenas un segundo.

Y sintió que el estómago se le hundía.

Conocía esos nudos.

Odiaba conocer esos nudos.

Todo era demasiado preparado.

Demasiado personal.

Esto no era una fantasía improvisada de un millonario aburrido.

Esto era una trampa.

La presión en su pecho empeoró. Pink dio un paso atrás.

—La curiosidad siempre fue tu peor defecto …

La voz detrás de él le congeló la sangre.

Pink giró apenas la cabeza.

Y el mundo pareció detenerse.

No.

No podía ser él.

Había cruzado más de media ciudad y aún así...

—¿Creíste que no iba a poder encontrarte gatito?

Pink reaccionó al instante y corrió hacia la puerta, pero una mano se hundió brutalmente en su cabello.

El golpe lo arrancó hacia atrás.

—¡Ah!

El hombre lo atrapó contra su cuerpo con una facilidad aterradora.

Pink forcejeó, intentando usar magia, intentando pensar, respirar, escapar.

Pero el agarre era demasiado fuerte.

Demasiado conocido.

El ser inclinó la cabeza hasta rozarle el oído.

Su voz salió baja.

Casi cariñosa.

—Tenía ganas de volver a ver sangrar ese rostro tan hermoso…

Y Pink sintió otra vez en años, ese miedo que lo dejaba inmóvil.




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