Aleksander terminó la reunión en menos de cinco minutos.
El gerente seguía hablando cuando él simplemente se puso de pie y salió de la oficina sin despedirse.
No le interesaban más sus excusas, ni sus negocios mediocres, ni sus pequeñas traiciones humanas.
Tenía algo mucho más importante ocupándole la mente.
O más precisamente… Alguien.
El aroma seguía ahí.
Algodon de azúcar jengibre y ahora... sangre.
Aleksander avanzó por los pasillos silenciosos del hotel siguiendo aquel rastro con una facilidad casi insultante.
Sus sentidos antiguos vibraban despiertos por primera vez en décadas.
Tal vez siglos.
Terminó llegando a uno de los balcones privados del casino.
Vacío.
O eso parecía.
Porque unos metros más allá, oculto entre sombras y luces lejanas de la ciudad, estaba él.
Pink Halo.
Sentado en el suelo con una botella de whisky en la mano.
La frente apoyada sobre una de sus rodillas lastimadas.
El cabello rosa caía desordenado sobre su rostro húmedo de sudor.
Parecía agotado.
Y furioso.
Una combinación peligrosamente hermosa.
Aleksander apoyó una mano en el marco de la puerta y habló con calma:
—Sabes cómo montar un espectáculo.
Pink se sobresaltó apenas al escuchar la voz y se movió instintivamente hacia atrás, todo lo que su cuerpo golpeado le permitió.
—¿Pero qué mierda…?
Aleksander sonrió apenas.
Ahí estaba otra vez.
Esa boca tan impertinente.
—Tu lenguaje contrasta ridículamente con tu belleza.
Pink levantó la cabeza lentamente.
Mala decisión.
Porque de cerca, incluso lastimado, seguía siendo devastador.
La mirada ámbar brillante.
La respiración agitada por la rabia.
Hermoso de una forma problemática.
Aleksander se inclinó apenas hacia él, divertido.
—Es fascinante, realmente.
Pink se puso de pie de golpe.
O intentó hacerlo con dignidad, al menos.
La rodilla lastimada casi le falló, pero aun así avanzó directo hacia Aleksander como un animal dispuesto a morder incluso estando herido.
—¿También quieres una golpiza, imbécil?
La furia en su voz era completamente real.
Y Aleksander, absurdamente, sintió deseos de reír.
Porque el chico realmente hablaba en serio.
No entendía quién tenía enfrente.
O quizás sí… y simplemente no le importaba.
Ambas opciones eran deliciosamente interesantes.
Aleksander dio un paso más hacia él.
Y otro.
Hasta quedar prácticamente encima.
Entonces lo observó desde arriba.
Porque era enorme.
Su sombra cubría casi por completo al muchacho.
Aleksander siempre había sido alto, pero al lado de Pink la diferencia resultaba todavía más evidente.
Cualquier otra criatura habría retrocedido.
Habría bajado la mirada.
Habría temblado aunque fuera un poco.
Pink no.
Alzó el rostro lentamente para sostenerle la mirada con un odio tan puro que rozaba lo artístico.
No había miedo ahí.
Ni una gota.
Eso… maravilló a Aleksander.
Porque las criaturas inteligentes le temían.
Las antiguas, también.
Los monstruos, especialmente.
Y sin embargo ese chico roto, sangrando y claramente exhausto seguía mirándolo como si estuviera decidiendo cuál sería la mejor manera de patearlo por el balcón.
Aleksander sintió algo oscuro moverse dentro de él.
Interés. Diversión. Hambre.
Qué criatura tan problemática acababa de encontrar.
Y entonces ocurrió.
Un pequeño tambaleo.
Casi imperceptible.
Pero Aleksander lo notó enseguida.
El fuego en los ojos de Pink vaciló apenas un segundo.
Su respiración se volvió irregular.
El cuerpo tenso que hasta hacía un instante parecía dispuesto a arrancarle la cara comenzó a perder estabilidad.
Demasiados golpes.
Demasiada adrenalina.
Demasiada furia sosteniendo un cuerpo agotado.
O quizás…
Simplemente demasiado cansancio acumulado.
Pink intentó mantenerse firme igual.
Qué criatura absurdamente orgullosa.
Pero el mareo llegó de golpe.
Su rodilla falló primero.
Aleksander lo sujetó del brazo antes de que se desplomara contra el suelo del balcón.
Y aun así…
El pequeño insolente intentó golpearlo.
Aleksander alcanzó a ver el puño venir hacia él con una lentitud casi insultante.
Lo esquivó apenas y, antes de que Pink pudiera seguir forcejeando, le agarró el cuello con una sola mano.
No apretó realmente.
Ni siquiera usó una fracción de su fuerza.
Solo necesitaba mantener quieta a esa criatura salvaje el tiempo suficiente para que dejara de intentar atacarlo.
Pero Pink siguió retorciéndose bajo su mano igual.
Furioso y desesperado.
Los dedos aferrándose a la muñeca de Aleksander mientras trataba inútilmente de liberarse.
Sus ojos ámbar brillaban con odio puro.
Y Aleksander… no podía dejar de mirarlo.
Qué fascinante.
Incluso medio inconsciente seguía luchando.
—Qué temperamento horrible tienes —murmuró casi divertido.
Pink intentó decir algo.
Probablemente otro insulto.
Pero el cuerpo finalmente decidió rendirse antes que su orgullo.
La tensión desapareció de golpe. Sus párpados cayeron lentamente y el muchacho quedó completamente inconsciente entre las manos de Aleksander.
El silencio calló de golpe en esa terraza en penumbras.
El viento nocturno movió apenas el cabello rosa desordenado sobre su rostro.
Aleksander soltó lentamente su cuello.
Por un instante observó al chico inmóvil frente a él.
Tan pequeño comparado con él.
Tan frágil físicamente.
Y aun así capaz de llenar una habitación entera solo con su presencia.
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Editado: 24.07.2026