El enorme baño de mármol brillaba como si jamás hubiera conocido una sola mancha en su vida.
Pink Halo estaba arrodillado en el piso, refregando con demasiada violencia una baldosa perfectamente limpia.
—Malditos demonios… maldito hotel… malditos ricos enfermos… maldito universo… —murmuraba entre dientes mientras estrujaba el trapo.
Cada movimiento le dolía.
Tenía vendas rodeándole las costillas, el cuello lleno de marcas oscuras y un corte en el labio que volvía a abrirse cada vez que fruncía la boca.
Lo peor era que no entendía nada.
Recordaba la suite.
El miedo.
Los golpes.
Discutir con el encargado.
Y después… nada.
Solo despertar horas más tarde en una habitación del hotel, limpio, vendado y completamente solo.
Pink apretó los dientes mientras apoyaba una mano contra sus costillas.
—Ese demonio hijo de puta…
—¡Pink!!!
Una voz dulce atravesó el baño.
Pink levantó apenas la cabeza justo cuando un chico cruzaba la puerta corriendo y se arrojaba sobre él para abrazarlo.
—¡Ah! ¡Junn! —Pink soltó una queja ahogada—. ¡Mis costillas, idiota!
El chico se separó de inmediato, horrorizado.
—¡Perdón, perdón! —dijo rápido, agachándose frente a él—. Estaba muy preocupado... ¿Estás bien?
Pink suspiró cansado y volvió a apoyar el trapo en el balde.
—Estoy bien, Junn…
Junno no parecía convencido.
Lo observó lentamente de arriba abajo.
Las vendas.
Los moretones.
Los nudillos destruidos.
Y entonces su expresión cambió.
—¿Él te dejó así…?
Pink desvió la mirada unos segundos.
—Sí… —murmuró—. Ese bastardo de Jinnx me encontró.
Junno levantó una mano con cuidado y tocó la mejilla lastimada de Pink.
—Auch— ¡Junn, me duele! —reclamó Pink apartándose.
—¡Tienes que controlarte! —lo regañó el otro enseguida—. ¡Los de seguridad te golpearon muchísimo!
Pink bajó la mirada hacia sus propios puños.
Los nudillos hinchados.
Recordaba eso.
Recordaba haber golpeado a alguien hasta que lo arrastraron entre varios.
Sus ojos rosados se endurecieron lentamente.
—Deberían agradecer que siguen vivos… —murmuró.
Junno suspiró y se sentó a su lado en el suelo frío del baño.
—Pink…
El chico de pelo rosa apoyó la cabeza contra la pared.
Por primera vez desde que despertó, su enojo se quebró apenas un segundo.
—Pensé que me iba a matar… —admitió en voz baja.
Junno giró la cabeza hacia él, sorprendido.
Porque Pink Halo nunca admitía tener miedo.
Nunca.
Y eso hizo que el silencio después de esas palabras se sintiera muchísimo más pesado.
× × ×
Horas más tarde en otra ala de SweetParck...
La suite privada era absurdamente grande.
Luces cálidas.
Música suave.
Alcohol carísimo servido como si fuera agua.
Personas hermosas alineadas casi como mercancía de lujo.
El gerente sonreía demasiado.
—Todas nuestras opciones más exclusivas para usted, señor Aleksander.
Frente a él, chicas y chicos recorrían lentamente la habitación.
Sonrisas ensayadas.
Miradas seductoras.
Ropa demasiado elegante o demasiado poca.
Aleksander permanecía sentado en el sillón principal, una pierna cruzada sobre la otra.
Aburrido.
Completamente aburrido.
Sus ojos apenas recorrían a las personas delante suyo.
No había interés.
Tampoco deseo.
Ni siquiera una pizca de curiosidad.
Solo vacío.
El desfile seguía.
Y seguía.
Cada vez más insoportable.
Hasta que otra cosa llamó su atención.
—¡Maldito viejo! ¡Te dije que ya limpié!
Los gritos atravesaron la sala como una explosión.
Aleksander giró apenas la cabeza.
—¿¡Eso te parece limpio mocoso!? —rugió el encargado —. ¡Por eso abrirte de piernas es lo único que te sale bien!
Varios en la habitación se tensaron incómodos.
Entonces apareció él.
Pink Halo.
Salió por una puerta lateral todavía forcejeando con un carro de limpieza.
Tenía el uniforme mal puesto, vendas asomando bajo la ropa negra y el cabello rosa completamente desordenado.
Seguía maldiciendo mientras intentaba sacar una escoba atascada.
—¡ Juro que voy a prender fuego este carro de mierda…!
La escoba finalmente salió de golpe y casi le pega en la cara.
Aleksander lo observó en silencio.
Interesante.
Mucho más interesante que todas las personas perfectamente arregladas frente a él.
El gerente volvió rápidamente junto al sillón, nervioso por la interrupción.
—Señor, ¿qué le parecen? ¿Ya eligió?
Aleksander ni siquiera miró a las “opciones”.
Sus ojos seguían puestos en Pink.
—Sí.
La respuesta fue precisa y segura.
Toda la sala quedó en silencio.
Aleksander levantó una mano.
Señaló directamente hacia el pasillo.
—Lo quiero a él.
Todos giraron al mismo tiempo.
Pink seguía peleando con el carro de limpieza sin darse cuenta de nada.
—Perfecto, señor, voy a— …¿qué?
El gerente pestañeó confundido.
Miró a Pink.
Todo sucio. Despeinado. Lastimado. Claramente de mal humor.
Después volvió a mirar a Aleksander.
—Señor… no creo que…
Aleksander se puso de pie lentamente y acomodó su chaqueta negra.
El ambiente entero pareció enfriarse.
—¿No escuchó? —preguntó con calma peligrosa—. Lo quiero a él. Ahora. En mi penthause .
Y se fue.
Sin mirar atrás.
Sin esperar respuesta.
El silencio duró apenas dos segundos.
—¡ME LLEVA EL DIABLO! —gritó el gerente de repente.
Las paredes resonaron.
—¡¡PINK!!
Al otro lado del pasillo, Pink levantó la cabeza sobresaltado justo cuando intentaba sacar otra cosa del carro.
#670 en Fantasía
#390 en Personajes sobrenaturales
boylove, comedia humor enredos aventuras romance, fantasía boy love
Editado: 24.07.2026