Pink Halo

7. Sombras luminosas

Aleksander sintió el sabor apenas la sangre tocó su lengua.

Y el mundo entero pareció detenerse.

Sus ojos se abrieron apenas, sorprendido por primera vez en muchísimo tiempo.

No se parecía a nada.

Ni humano.

Ni demonio.

Ni brujo.

Ni hada.

Había algo brillante debajo del sabor metálico.

Algo cálido, antiguo y muy adictivo.

Como beber luz envuelta en pecado.

Ese chico…

¿Qué clase de criatura era?

Pink seguía forcejeando entre sus brazos hasta que finalmente logró empujarlo.

Cayó al suelo de rodillas, respirando agitado.

Una mano temblorosa subió hasta su cuello.

Cuando vio la sangre en sus dedos, el horror se transformó instantáneamente en furia.

—¡¡Eres un maldito vampiro!! —gritó.

Aleksander se quedó observándolo en silencio.

Después limpió lentamente la sangre que corría por la comisura de su labio.

Y lamió la mancha roja de su dedo.

Pink hizo una expresión de absoluto asco.

—¡Maldito inbecil!

Intentó ponerse de pie para correr hacia la puerta, pero las piernas apenas le respondían.

El mareo golpeaba fuerte.

Su visión temblaba.

—¿Qué carajo me hiciste…?

Dio apenas dos pasos torpes.

Entonces Aleksander apareció detrás de él.

Demasiado rápido.

Una mano firme le sostuvo la cintura antes de que cayera.

Pink intentó golpearlo otra vez.

Intentó apartarlo y escapar.

Aleksander solo observaba los intentos fallidos del chico.

Entonces lo agarro más fuerte y volvió a morderlo.

Pink soltó un insulto tan violento que habría hecho llorar a un asesino serial .

—¡Hijo de puta enfermo! ¡Maldito cadáver chupasangre! ¡Te voy a arrancar los colmillos y— ah—! ¡Suéltame!

Pataleó.

Golpeó.

Arañó.

Aleksander sentía cada intento desesperado de escapar.

Y aun así seguía bebiendo.

Porque no podía detenerse.

La sangre de Pink era una maldita droga.

Caliente y absurdamente dulce.

Viva de una manera inimaginable.

Pink siguió maldiciéndolo entre jadeos hasta que su fuerza empezó a desaparecer lentamente.

Sus movimientos se volvieron débiles.

La respiración pesada.

Las manos aferradas a la ropa de Aleksander terminaron resbalando.

Y finalmente dejó de luchar.

Su cuerpo quedó completamente flojo entre los brazos del vampiro.

Desmayado.

Aleksander lo sostuvo unos segundos más antes de separarse despacio.

Miró al chico inconsciente con algo muy parecido a la sorpresa.

Porque incluso debilitado… incluso herido… Pink había peleado como una criatura salvaje.

Y eso no coincidía en absoluto con esa apariencia frágil y hermosa.

Aleksander apartó un mechón rosa del rostro del chico mientras observaba las marcas de mordida en su cuello.

Después sonrió apenas.

—Ahora tengo todavía más curiosidad sobre ti, Pink Halo… —murmuró.

Observó al chico inconsciente recostado sobre la enorme cama negra.

El silencio del penthause era pesado ahora.

Solo se escuchaba la lluvia golpeando suavemente contra los ventanales y la respiración débil de Pink Halo.

El vampiro seguía sintiendo el sabor de su sangre en la boca.

Y seguía sin entenderlo.

Había conocido demasiadas criaturas a lo largo de los siglos.

Demonios.

Cambiaformas.

Brujos.

Sirenas.

Incluso monstruos tan antiguos que ya nadie recordaba sus nombres.

Pero eso…

Eso era diferente.

La presencia debajo de la piel de Pink se sentía familiar de una manera incómoda.

Luz.

Una luz rota.

Aleksander entrecerró los ojos.

—¿Un ángel…? —murmuró apenas.

La idea sonaba absurda.

Y aun así…

Se sentó al borde de la cama mientras observaba el cuerpo del chico.

Las vendas asomaban bajo la camisa abierta a medias.

Moretones violetas marcaban su piel clara.

Un ángel caído.

La idea empezó a tomar forma lentamente en su mente.

Entonces lo entendería.

El sabor.

La energía.

La sensación extraña que había recorrido su cuerpo al beber de él.

Aleksander deslizó lentamente la camisa negra fuera de los hombros de Pink.

Su mirada recorrió la espalda desnuda del chico.

Buscando.

Porque los ángeles caídos siempre cargaban las marcas.

Las heridas donde les arrancaban las alas jamás desaparecían realmente.

Pero no había nada.

Ni cicatrices.

Ni cortes.

Ni rastros de mutilación.

Aleksander frunció el ceño.

—Entonces… ¿qué eres?

Levantó una mano lentamente.

Sus dedos rozaron la zona exacta donde deberían haber nacido las alas.

Y en el instante en que tocó esa piel...Pink se estremeció inconsciente.

Una energía cálida atravesó la mano de Aleksander como una descarga eléctrica.

El vampiro retiró los dedos apenas, sorprendido.

No había heridas.

Pero algo estaba ahí.

Dormido o tal vez escondido.

Sellado quizás.

Aleksander volvió a tocar con más cuidado el lugar.

Y por una fracción de segundo juraría haber visto sombras luminosas bajo la piel de Pink.

Como la silueta fantasmal de enormes alas intentando existir.

Después desaparecieron.

La habitación volvió al silencio.

Aleksander permaneció inmóvil observándolo.

Ahora estaba seguro de una sola cosa.

Pink Halo definitivamente no era humano.




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